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Dos cómics denuncian la pobreza en India y la marginación de los gitanos en Europa

'Sonrisas de Bombay' relata la labor de una oenegé catalana en el país asiático

Emmanuel Guibert recupera la fórmula de 'El fotógrafo' para reflejar el trabajo del fotoperiodista Alain Keler

ANNA ABELLA / Barcelona

Mezcla de cómic y fotografía en Un viaje entre gitanos. / EMMANUEL GUIBERT / ALAIN KELER

Mezcla de cómic y fotografía en Un viaje entre gitanos.
Visita a un slum de Jaume Sanllorente, en una viñeta de Sonrisas de Bombay.

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En Bombay, Noor es una preciosa niña a quien las mafias han cortado las piernas para que dé más lástima mientras pide limosna; decenas de niños y niñas son prostituidos en el distrito de las luces rojas, muchos tras ser vendidos por sus propias familias; mujeres e hijos trabajan entre montones de basura buscando plástico para venderlo para reciclaje; las castas más pobres pagan a los mafiosos para poder malvivir en los slums –los miserables barrios de chabolas– o incluso para poder vivir, cubriéndose con plásticos, en los márgenes de las carreteras. Ante este retrato de la ciudad india que revelan las viñetas de 'Sonrisas de Bombay' (Norma) resulta imposible no evocar el oscarizado filme 'Slumdog Millionaire'. «La realidad es esa y mucho más. En India fue muy criticada por la imagen que proyectaba del país pero yo incluso la encuentro suave», opina Jaume Sanllorente, protagonista de carne y hueso de la nueva novela gráfica de Susanna Martín, autora de 'Alicia en un mundo real'. 

En ella, la dibujante catalana relata la experiencia de Sanllorente, que tras ir allí de vacaciones en el 2003 y visitar un orfanato hizo caso de su «instinto e intuición» y abandonó su trabajo y su piso de Barcelona para fundar, con 28 años, la oenegé 'Sonrisas de Bombay', que hoy ayuda a unos 5.000 indios, la mayoría mujeres y niños, y da trabajo a 220. 

Pero no es esta la única novedad que, mezclando elementos de diario de viaje y crónica periodística, se atreve a denunciar en cómic la miseria y la marginación, también la esperanza. La nueva novela gráfica del dibujante francés Emmanuel Guibert, 'Un viaje entre gitanos' (Sins Entido), repite la fórmula de su aclamada 'El fotógrafo' para recorrer Europa entrando en distintas comunidades del pueblo romaní, de París a Eslovaquia, pasando por Kosovo, Belgrado, República Checa, Eslovaquia e Italia. De nuevo formando equipo con el diseñador gráfico Frédéric Lémercier, si en 'El fotógrafo' Guibert alternaba sus dibujos con las fotos tomadas por el precozmente fallecido Didier Lefévre en el Afganistán en guerra de 1986, donde siguió a un grupo de Médicos Sin Fronteras, ahora hace lo mismo con las tomadas durante una década por el también fotoperiodista Alain Keler. 

Ambos cómics se adentran en los barrios marginales para explicar los problemas de sus habitantes, pero sobre todo apuntan soluciones que pasan, esencialmente, por trabajar en la educación.

‘UN VIAJE ENTRE GITANOS’ 

«Aunque empieza a serme familiar, no por ello me acostumbro al impacto de la miseria». Tras recorrer al volante de un viejo Skoda media Europa –donde hay entre 12 y 15 millones de gitanos– visitando «comunidades discriminadas, hostigadas o abandonadas» de romanís, acompañado de trabajadores sociales, miembros de oenegés o líderes gitanos, el veterano y premiado reportero gráfico Alain Keler descubrió, a las puertas de París, «la verdadera dimensión de la inmensa pobreza» concentrada en el campamento gitano de Montreuil-sous-Bois. El dibujante Emmanuel Guibert le acompañó a algunos de esos asentamientos antes de que el Gobierno de Sarkozy ordenara en el 2010 desmantelarlos todos, deportando a decenas de gitanos a Rumanía. «Las expulsiones no son la solución, solo amplifican y perpetúan el problema», advierte Keler en el libro. 

Con 'Un viaje entre gitanos', Guibert comenta desde París, donde vive, que ha querido «difundir una notable pero poco conocida obra fotográfica sobre este tema fundamental». «Los gitanos han sufrido la crisis», escribe Keler, y hoy, los únicos que les dan trabajo, afirma uno de los jefes de un poblado italiano, «son los mafiosos». «La sociedad les recrimina que vivan como parásitos pero tampoco les da más opciones», denuncia el fotoperiodista. 

Este recuerda que en Auschwitz, donde murieron sus propios abuelos, los nazis mataron a más de 200.000 gitanos, y avisa de la pervivencia de la violencia racista. Lo hace documentando fotográficamente las marchas de jóvenes neonazis de la República Checa por el centro de un barrio romaní y las casas incendiadas por fascistas, y hablando con sus víctimas. 

Alerta Keler de que «las crisis económicas, sociales e identitarias son caldos de cultivo para estos comportamientos» y en esos momentos, cita Guibert a una historiadora, «los gitanos son el primer cerrojo democrático que salta». 
«Para sacar a una comunidad de las chabolas es necesaria la escuela», cree, como Keler, Nada, asistente de gitanos expulsados de Kosovo hoy refugiados en Belgrado. 

'SONRISAS DE BOMBAY'  

Jaume Sanllorente, de risa contagiosa, desborda energía. Y toda la vuelca en su oenegé, proyecto magistralmente explicado por Susanna Martín en una novela gráfica solidaria (el 0,7% de beneficios son para la Fundación Sonrisas de Bombay). Ambos recuerdan perfectamente el impacto de entrar por primera vez en un slum. «Era dantesco –evoca Martín de su visita al país para documentarse–. Mucha gente, niños, mujeres... Fue como bajar al infierno de Dante». «Sí, es como el infierno, otra dimensión –añade Sanllorente–. El humo de las fogatas, aquel olor... y aquella mujer... Tenía la pierna podrida y el marido la golpeaba porque ya no podía ir a recoger basura... Y el barrio de la prostitución. Los niños salen a buscar clientes para sus madres y algunos pagan por los dos». 

Sanllorente, que huye de cualquier etiqueta de gurú y de todo misticismo, trabaja en tres frentes: la educación («es clave, tanto de los niños como de las familias»), la salud y el desarrollo socioeconómico. Y afronta multitud de problemas: la burocracia («no hay nada informatizado, muchos niños no tienen ni carnet de identidad»); las mafias (le amenazaron y tuvo que llevar escolta un tiempo, pero ahora, dice «ya no, porque sin mí, la oenegé seguiría funcionando igual»); la corrupción («nos acaban de dar un permiso para recibir donaciones indias, han tardado tres años pero si hubiésemos pagado lo habríamos tenido en dos semanas»); y cómo no, la crisis. «En España ahora es muy difícil lograr donaciones, por eso las busco en Estados Unidos. Pero lo importante es que la oenegé sea autosuficiente económicamente, para ello aplico fórmulas empresariales para no depender tanto de las subvenciones». De ahí que al lado del orfanato Sanllorente fundara una escuela con matrículas para quienes pudieran pagarlas. 

Además, junto con otras oenegés está creando una línea para presionar al Estado indio en favor del pueblo más olvidado. ¿Recompensas? «Sus sonrisas y ver a los que eran niños convertidos hoy en jóvenes que tuitean y van a ir a la universidad». 

Temas: Cómic

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