ESTRENOS DE CINE

'La candidata perfecta': cómo ser mujer en Arabia Saudí

La directora Haifaa Al-Mansour relata en 'La candidata perfecta' la historia de una joven doctora que desafía al patriarcado y quiere acceder a la alcaldía de su ciudad

Haifaa Al-Mansour, esta semana en Madrid

Haifaa Al-Mansour, esta semana en Madrid / EFE / LUCA PIERGIOVANNI

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En el 2012 se presentó en el Festival de Venecia ‘La bicicleta verde’, una minúscula película que perpetuaba el espíritu del cine iraní a la hora de utilizar metáforas infantiles para hablar de la represión cultural, social y religiosa. Contaba la historia de una niña que quería comprar una bicicleta, pero no podía porque era un divertimento solo permitido para los chicos por atentar contra el decoro femenino.

Lo verdaderamente sorprendente de aquel pequeño hallazgo es que estaba dirigida por una mujer, Haifaa Al-Mansour, nacida en Arabia Saudita y que había sido rodada en un país en el que el cine llevaba prohibido desde 1983. Fue una odisea sacar adelante ese proyecto, conseguir financiación internacional y filmar en la más pura clandestinidad, sin que la directora pudiera hablar en público con los hombres de su equipo.

La película fue un éxito internacional y esto le permitió rodar en Gran Bretaña el biopic ‘Mary Shelley’, con Elle Fanning como protagonista encarnando a otra mujer de convicciones firmes. Podría haberse quedado allí, pero decidió volver a casa para seguir luchando por visibilizar los problemas de la mujer en Oriente Medio y aportar su toque de rebeldía. El resultado es ‘La candidata perfecta’, la historia de una joven médica que quiere acceder a la aAlcaldía de su ciudad para intentar asfaltar el camino que llega hasta el servicio de urgencias, completamente impracticable. ¿Una mujer presentándose a unas elecciones? Toda una osadía que la convertirá en el epicentro de las críticas de todo el sistema patriarcal que la rodea.

“En 2018 se levantó el veto contra el cine y no quise perder la oportunidad de rodar en mi país en mejores condiciones de las que tuve la vez anterior”, cuenta la directora. “Pero está claro que sigue siendo difícil, porque no hay industria, y todo hay que hacerlo desde cero. Es agotador, pero al mismo tiempo satisfactoriosacar algo de la nada”.

Para Al-Mansour resulta fundamental practicar un cine militante feminista para concienciar acerca del estigma del sometimiento de la mujer en la cultura islámica. “Cuando yo era pequeña no se podían ni enseñar los dedos. Ahora hay una postura de apertura por parte del gobierno, pero se trata de un problema muy arraigado en las familias. Por eso es necesario romper con los valores ancestrales, porque cubrirse la cara es lo peor que le puede ocurrir a una mujer, cancela su identidad, la borra”.

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En un momento de la película, la protagonista, se retira el nicab, y a partir de ese momento, no habrá vuelta atrás, nunca volverá a ponérselo ni en público ni en privado. Una pequeña victoria, pero… ¿es suficiente? La directora reconoce que es un proceso muy lento, como el propio itinerario que sigue su personaje, en el que hay triunfos simbólicos, pero también grandes derrotas.

“Siempre me han dicho que, si me quitaba el velo, mi cara sería como una tarta que atraía a las moscas. Y que, si me violaban, sería culpa mía. Es algo que se nos ha inculcado desde niñas, la culpa, la vergüenza. Por eso se necesita una nueva interpretación del Islam para integrar a la mujer dentro de él”.