EL LIBRO DE LA SEMANA

'M. El hijo del siglo': Las fuentes del fascismo

El italiano Antonio Scurati narra en clave de ficción documental el ascenso al poder de Benito Mussolini

El escritor italiano Antonio Scurati. 

El escritor italiano Antonio Scurati.  / JOSÉ LUIS ROCA

3
Se lee en minutos
Domingo Ródenas de Moya

La trivialización del fascismo, rebajado a insulto indiscriminado, ha venido muy bien al autentico fascismo: si todo es fascismo, nada lo es y, por lo tanto, quienes lo encarnan hoy en día pueden rechazar impunemente la condición de fascistas. Meses antes de suicidarse, Primo Levi dio la alerta, desde la revista 'New Republic', de que un nuevo fascismo, con su cáncer de intolerancia, desprecio y sometimiento, podía nacer bajo otros nombres y era preciso armarse de valor y oponerle resistencia. Para el historiador Roger Griffin, uno de los máximos expertos en los fascismos europeos, esa resistencia empieza por difundir una información veraz y objetiva sobre la génesis y el crecimiento ominoso de aquel violento monstruo nacionalpopulista en los años 20 y 30.

Como si respondiera a la idea de Griffin, el profesor italiano Antonio Scurati ha afrontado la tarea de contar cómo surgió el fascismo mussoliniano a raíz de la primera guerra mundial, cómo se propagó y arraigó, cómo devoró voluntades políticas y cautivó a millones de italianos, cómo destruyó la democracia y la esperanza. No lo ha hecho con una investigación histórica —aunque esta sea visible en cada página del libro—, sino con las herramientas de la creación literaria, las que proporcionan hondura y complejidad, pero utilizándolas en los estrictos límites de los acontecimientos documentados. El resultado es una novela exenta de ficción que arrastra al lector a las entrañas del monstruo que va creciendo. El copioso acarreo de materiales de archivo con los que Scurati salpica el texto devuelve el tono y la literalidad de los discursos de la época, de la prensa y de los protagonistas sin que por eso se desvirtúe su propia prosa narrativa,sobrada de vigor y nervio. Su eje central es el Benito Mussolini que abandona el socialismo para erigirse, en 1919, en líder mesiánico de una Italia resentida tras la guerra debido a la supuesta humillación sufrida en la Conferencia de París. Desde ahí, el relato se entiende hasta 1925, cuando, tras conquistar el poder y aplastar las primeras disidencia, Mussolini consolida su dominio absoluto sobre el nuevo Estado fascista.

Cómo crece el monstruo 

Es de admirar la habilidad con que Scurati presenta y mueve el coro de los oficiantes en la hipnosis colectiva (o la doma de las masas) dirigida por Mussolini, alguno de ellos digno de una novela propia. Es lo que ocurre con Gabriele D’Annunzio, excesivo y levantisco, autoproclamado 'duce' del Estado libre de Fiume y modelo del dictador. Si bien el enfoque narrativo evita el riesgo de maniqueísmo o de partidismo acusatorio, la novela consigue transmitir el creciente espanto de un totalitarismo racial y nacionalpopulista que se propaga con una alta capacidad de contagio y que acaba por cubrir como un manto de insania todo el país. En esa expansión deja innumerables víctimas, pero alguna cobra una dimensión trágica, como la del líder socialista Giacomo Matteotti, asesinado por los camisas negras en el verano de 1924. Sin necesidad de cargar las tintas, Scurati nos introduce en un proceso histórico que, en su propósito de fundar un orden nuevo, pareció fruto de la modernidad pero que, sin embargo, se sustentó en la aniquilación de los ideales revolucionarios de libertad, igualdad y fraternidad, en el desprecio del liberalismo, la democracia y la justicia, y en el ejercicio del miedo a través de la violencia.

Noticias relacionadas

 'M. El hijo del siglo' funciona como un relato estremecedor acerca sobre la manipulación de la verdad y la subyugación de las masas mediante tóxicos ideológicos, uno de ellos la redención colectiva que subsuma y sublime las frustraciones individuales. Basta la aparición de un líder carismático que identifique tales frustraciones como combustible de movilización social y acierte a canalizar la rabia y el resentimiento hacia oportunos enemigos externos, como hizo Mussolini, el profeta negro de una época de grandeza imperial. Scurati traza con turbadora minuciosidad la ruta que había de conducir a esa utopía siniestra. El éxito de cientos de miles de lectores en Italia certifica que la obra habla también de unas amenazas demasiado presentes.