02 dic 2020

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LA SEDE DE LA 'GAUCHE DIVINE'

Un libro y una exposición entronizan la mítica sala Bocaccio

El periodista cultural Toni Vall publica 'Bocaccio, on passava tot' y comisaría la muestra en el Palau Robert

Mauricio Bernal

Toni Vall posa en la exposición del Palau Robert junto a los espejos del baño de Bocaccio.

Toni Vall posa en la exposición del Palau Robert junto a los espejos del baño de Bocaccio. / ROBERT RAMOS

Ha de tener una aureola muy mítica un local de fiestas para que acaben en una sala de exposiciones los espejos de sus baños. Pero así es: han pasado 35 años desde que bajó la persiana la sala Bocaccio y el Palau Robert acoge una exposición que entroniza el mito, y que entre todo lo que expone, expone los espejos del baño. No es moco de pavo. Por muy magníficos que sean, son unos espejos de baño. Pero ese es el tamaño del asunto. Parece un guiño de los dioses del tiempo que este mismo año el Brooklyn Museum tenga previsto abrir al público 'Studio 54, Night Magic', sobre la mítica discoteca neoyorquina. Hay que ser una sala legendaria para acabar ungida en un museo. Bocaccio, a su barcelonesa manera, lo fue.

"Bocaccio debía tener su propio libro", dice el autor, atraído desde hace años por el magnetismo de la antigua sala barcelonesa

Está detrás de esta entronización el periodista cultural Toni Vall, que ha escrito un libro sobre el antiguo local de Muntaner animado por la certeza sencilla de que "Bocaccio debía tener su propio libro", según dijo este miércoles en la presentación que tuvo lugar en el centro cultural del paseo de Gràcia. Lo atrajo, precisamente, el mito: la perenne presencia de Bocaccio en la memoria barcelonesa. Que siempre saltaba su nombre en alguna charla, que siempre aparecía algo en la prensa. Coleccionista irreductible –alguien diría que compulsivo–, empezó a acumular objetos de una sala profusamente productora de objetos: fotos, tarjetas de invitación, copas, vasos, ceniceros… A alguien rodeado así de Bocaccio, y periodista, algún día se le tenía que ocurrir ponerlo todo en un libro. La exposición fue la consecuencia natural.

El taburete de Bocaccio propiedad de Guillermina Motta, la foto de Serrat en concierto junto a su propio taburete y la famosa foto que Oriol Maspons le hizo a Teresa Gimpera para un cartel de promoción de la sala. / ROBERT RAMOS

De modo que la entronización es por partida doble: por un lado la exposición, 'Bocaccio, templo de la Gauche Divine', en el Palau Robert hasta mediados de abril. Por otro, 'Bocaccio, on passava tot' (Columna, Destino en castellano), el libro de Vall. Todo está relacionado. El periodista barcelonés es el comisario de la exposición. El 70% de los objetos expuestos son los de su colección particular, y también son parte sustancial del libro: recorren las páginas centrales del volumen como un apéndice imprescindible. Algunos los llevaba a las entrevistas con los personajes que vivieron la época dorada de la sala barcelonesa, para espolear su memoria. Esta foto, señor Herralde, ¿se acuerda de esta foto? En la que Carlos Barral, Josep Maria Castellet, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo y Antoni de Senillosa celebraban sus cumpleaños. El 11 de mayo del 78.

Objetos fetiches

En la muestra, los viejos objetos de la sala se vuelven fetiches, que es probablemente lo mejor a lo que puede aspirar un viejo objeto. Los espejos del baño, ya está dicho. Pero no es menos sorprendente ver en una urna de cristal el taburete que Oriol Regàs, el fundador de la sala, le regaló a Guillermina Motta, etiquetado como si fuera una obra de arte: "El taburete de Bocaccio que Oriol Regàs regaló a Guillermina Motta. Colección Guillermina Motta". Regaló tres taburetes el dueño: uno a Motta, uno a Colita –que al parecer extravió–, y uno a Serrat, que el cantante aún usa de aposento en todos sus conciertos. La entrada a la exposición es la misma entrada de madera que daba la bienvenida a la antigua sala, y en otra urna de cristal hay una butaca forrada de terciopelo rojo etiquetada así: "Butaca de Bocaccio. Colección Domingo Arimany". Hubo gente con visión que ya intuyó en su día que los objetos de Bocaccio tenían un valor que trascendía lo material. Tenían el valor de la memoria.

Tanto el libro como la muestra han sido confeccionados bajo el convencimiento de que Bocaccio fue mucho más que una discoteca

Tanto el libro como la muestra han sido confeccionados bajo el convencimiento de que Bocaccio fue mucho más que una discoteca, mucho más que una sala de fiestas, mucho más que un local de la parte alta de Barcelona donde se reunían privilegiados liberales de la zona alta de Barcelona; mucho más que un foco de antifranquismo y mucho más que el lugar asociado para siempre a la 'Gauche Divine'. "Bocaccio era una marca", defiende Vall, antes de recordar que también fue un sello discográfico, y una empresa editorial, y hasta una productora audiovisual. Todo eso recoge la muestra y de todo eso hablan los más de 20 personajes que entrevistó para el volumen: Oriol Bohigas, Juan Marsé, Teresa Gimpera, Rosa Regàs, Enrique Vila-Matas, Joan Manuel Serrat, Colita… Todos pasaron por allí. Qué suerte.