CRÓNICA
The Waterboys, segunda juventud en Razzmatazz
El grupo de Mike Scott gestionó su veteranía con modos refrescantes en un concierto en el que alternó el material de los 80 y 90 con su inquieta obra reciente

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Mike Scott está en racha, publicando buenos discos a razón bienal y ofreciendo conciertos en los que nunca sabes qué va a pasar. Su banda luce estable, atenta a sus cambiantes necesidades, y no es exagerado afirmar que The Waterboys viven a su discreta manera una segunda juventud, con pases edificantes como el de este lunes en Razzmatazz (Festival Mil·lenni).
Quinta visita en siete años (contando la del 2018 en Sant Cugat) y nueva demostración de cómo gestionar un capital amplio, 36 años de canciones, sin dar la impresión de que el pasado es más grande que tú. Scott da a su catálogo un tratamiento de material vivo, retocando contornos (dos coristas), recomponiendo desarrollos (un poco de ‘síndrome Crazy Horse’) y vulnerando la regla de colocar los ‘hits’ al final. El concierto comenzó a golpe del álbum ‘Fisherman’s blues’, de 1988 (la suave ‘When ye go away’ apuntando al himno céltico que le da título), y la quinta pieza fue la famosa ‘The whole of the moon’, integrada como una canción más.
Rock con negritud
Un pie en el legado clásico y otro en el siglo XXI, casi la mitad del ‘set’, si bien extrañamente solo cayeron tres piezas del nuevo disco, ‘Where the action is’. Pero Scott y los suyos transmitieron intensidad más allá de cuáles fueran las canciones elegidas. Sonido tendente al rock rugiente con flexibilidad negra, de guitarra eléctrica y órgano telúrico, el de Brother Paul Brown, mirando de reojo al sonido de mercurio ‘dylaniano’. Y con otro puntal en el violín de Steve Wickham (el único cómplice de Scott que aguanta desde los 80) realzando la novedosa ‘Ladbroke grove symphony’.
Scott mira sin manías a quienes le precedieron en el oficio, y lanzó dedicatorias a Keith Richards (‘Still a freak’) y al finado Ginger Baker: esa pieza titulada ‘Blues for Baker’ que es, en realidad, un solo de batería. Y basculando entre la delicadeza acústica (‘The pan within’) y la crudeza con ingredientes de ‘jam’ (‘Morning came too soon’), The Waterboys siguieron entregándose a la música sin mirar el reloj, hasta rebasar las dos horas en tiempo de bis, cuando ‘A girl called Johnny’ y ‘How long will I love?’ completaron el retrato de una palpitante banda con una larga historia detrás.
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