05 ago 2020

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CRÓNICA

Un patético trío amoroso y un homenaje al teatro en el Temporada Alta

La compañía belga Tg STAN se estrena en el festival de Girona con el clásico de Pinter Traición', y Tiago Rodrigues en 'Sopro' reivindica la figura del apuntador en su ocaso

Manuel Pérez i Muñoz

Una imagen de ’Trahison’.

Una imagen de ’Trahison’. / PAUL DE MALSCHE

El debut en el festival Temporada Alta de la formación flamenca Tg STAN nos llega a través de un Pinter clásico, 'Trahisons' ('Traición'), la historia de un trío amoroso entre un matrimonio acomodado de la élite cultural londinense y el socio y mejor amigo de él. La compañía trabaja desde hace 30 años sin director, uno de sus rasgos definitorios, aunque este aspecto no es en absoluto un obstáculo para encontrar una propuesta estética marcada hasta la esquematización, que huye en todo momento del realismo para centrarse en el trabajo de los actores (Jolente de Keersmaeker, Robby Cleiren y Frank Vercruyssen). Alternando el trazo fino y el grueso, los intérpretes van resaltando matices insospechados, dando oxígeno a la trama para que el espectador complete el sentido de las situaciones y pueda deleitarse con las costuras de unos diálogos que brillan aún más al ser desnudados de afectación.

La historia, que el Nobel británico tejió en orden inverso en un arrebato de genialidad, desciende desde un presente de personajes derrotados, pálido de luz de fluorescente, hacia un pasado idealizado donde la pasión aún tenía un sentido. Aunque existe una cierta tendencia a interpretar la pieza como una comedia socarrona, los pocos restos de humor que han quedado en la lectura que hace la compañía emergen para realzar el patetismo de los personajes, seres vencidos por un conjunto de deseos desgastados. La mentira es el motor de las acciones, pero también el autoengaño es la cuerda que lo mantiene todo bien atado.

Apenas encontramos unos pocos elementos que adornan un escenario desnudo. Las sillas y mesas entran y salen, las cambian los mismos intérpretes con su habitual parsimonia, pausas que como en los diálogos nos transmiten el tedio de ese ambiente satisfecho y autoreferencial. Los vasos vacíos de las diferentes escenas se van acumulando en un rincón del escenario, como un poso de objetos vaciados de sentido, casi como la voluntad de los propios personajes. Solo algunos cortes de música puntuales consiguen resquebrajar la monotonía de una propuesta que descarga sobre el espectador la responsabilidad del juicio final.

La última apuntadora

El festival Temporada Alta completó su programación internacional del fin de semana en El Canal de Salt con 'Sopro', obra del director Tiago Rodrigues, buen conocedor del trabajo de los Tg STAN, con ellos viene colaborando desde 1997. Ahora, el responsable del Teatro Nacional Dona Maria II y sensación internacional de la escena portuguesa, ha querido homenajear a una figura prácticamente extinta, el apuntador.

Tras 40 años de profesión, Cristina Vidal sale por primera vez de detrás de la concha para pasearse por el escenario mientras dicta a los actores, casi siempre desde un discreto segundo plano, un texto creado a partir de sus vivencias y anécdotas. La creación tiene mucho de vanguardia, de metateatro, elementos formales de estructura simple que aportan la coartada a lo que en realidad es un homenaje sentimental y sincero al oficio del teatro, a sus profesionales arquetípicos, a sus rutinas cargadas de exigencia.

Rodrigues idealiza ese personaje situado siempre en las sombras, salvavidas de los actores, guardián último del sentido literal del teatro más literario. La apuntadora es esa figura que pronto desaparecerá, pero antes nos deja un último destello de su importancia como memoria viva, un bien siempre escaso en el mundo de la escena.