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ENTREVISTA

Pere Portabella: "El cine de las multinacionales nos trata como idiotas"

El director y productor recibe en el Festival de Sevilla un premio a sus 60 años de carrera

Nando Salvà

Pere Portabella, en Sevilla, este viernes.

Pere Portabella, en Sevilla, este viernes. / EFE / RAÚL CARO

"Un autor fundamental y una figura imprescindible para la democracia en este país. Un artista que ha abierto nuevos caminos a la cultura, huyendo de los lugares comunes y las industrias acomodaticias, y logrando que el cine sea un foco de reflexión para una ciudadanía más comprometida, rebelde y crítica". Así ha definido este viernes a Pere Portabella el director del Festival de Sevilla, José Luis Cienfuegos, horas antes de hacerle entrega del Giraldillo de Oro en honor a sus 60 años de carrera.

¿Se toma usted los aniversarios y los premios honoríficos como una oportunidad para reflexionar sobre su trayectoria artística?

No. Uno nunca debe moverse del presente. Ir al pasado implica caer en la nostalgia y, francamente, la nostalgia es lo peor. La memoria es muy sabia, y solo recuerda con claridad las cosas que nos afectan de verdad. A excepción de ellas, lo único que me importa de verdad es el presente en el que estamos y el futuro que nos espera. Teniendo en cuenta la cantidad de cosas que están pasando, lo contrario sería una insensatez.

Su figura ha sido descrita a través de conceptos como la vanguardia y la resistencia. ¿Se sigue reconociendo en ellos?

Me considero un resiliente, sí. Yo empecé a hacer cine con la intención de romper sus estructuras y buscar nuevas formas de crearlo, y ahí sigo. Del cine que depende de las instituciones, y que se genera bajo condicionantes económicos o políticos, no quiero saber nada. En la periferia, después de todo, hay una fuerza creativa mucho mayor que bajo el poder de las subvenciones y el de las multinacionales, que hacen un cine que trata al espectador como un idiota.

¿Cuál es su relación con el espectador?

Para mí, los verdaderos autores de mis películas son quienes las miran y entran en el juego que proponen, que hacen un recorrido personal a través de lo que yo les muestro a partir de sus experiencias personales y su sensibilidad. Recuerdo que, cuando estaba en la cárcel durante la dictadura, conocí a un joven que me dijo que había visto una de mis películas, 'Nocturno 29', y que no podía dejar de pensar en ella a pesar de que no había entendido nada. De eso se trata.

¿Diría que su faceta artística y su actividad política forman parte del mismo proyecto vital?

Totalmente. Nunca he separado mi actividad como cineasta de la política. Inicialmente fue mi afán reflexivo sobre lo que significaba la transgresión de los códigos artísticos lo que afianzó mi conciencia política; en todo caso, todos los seres humanos hacemos política. Los políticos quieren que creamos que solo la hacen ellos, pero en realidad la política la hace la gente. Los ocho años que yo pasé en la Comisión Constitucional del Senado me resultaron apasionantes. En lugar de pasar ese tiempo construyendo películas, lo pasé construyendo un país.

¿Considera que hay similitudes entre el clima político que existe en la actualidad y los años de la transición del franquismo, durante los que usted fue instrumental en el regreso de Tarradellas a Catalunya?

Entonces salíamos de una dictadura y conseguimos un Estado democrático de derecho. En la actualidad los partidos políticos españoles se han olvidado del carácter democrático de las instituciones, y por lo que respecta a Catalunya se limitan a aplicar mecanismos coactivos que alimentan el conflicto. Y hay una degradación sin precedentes del debate político, por lo que respecta a retórica y a relato. Se está dejando de lado a los ciudadanos.

¿Y qué hay de la política catalana? ¿Cree que el movimiento ciudadano independentista se merece a los políticos que tiene?

No debemos olvidarnos de que Torra y Puigdemont son meros personajes secundarios y coyunturales en el independentismo. La verdadera fuerza la tiene la gente cuando se moviliza, y eso es algo que debemos tener muy en cuenta no solo cuando hablamos de Catalunya, también de la crisis sistémica que estamos viviendo a nivel global. Las soluciones a la agonía que atraviesa la Unión Europea requieren que pensemos a largo plazo, y los políticos son incapaces. La solución está en la gente.