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DESAFÍO DE LA VOZ DE 'DESÁTAME'

Mónica Naranjo: "No quise ser una esclava del sistema"

La cantante de Figueres celebra su 25º aniversario de carrera con una gira, 'Renaissance', que la lleva por primera vez al Palau Sant Jordi

Jordi Bianciotto

Mónica Naranjo.

Mónica Naranjo.

Hace 25 años, una pintoresca criatura con la melena de dos colores se abría paso cantando a todo pulmón que "el amor coloca / y transforma lo que toca" a golpe de pop discotequero. Aunque de Figueres, su disco se lanzó desde México, país al que se trasladó de muy joven buscando la aventura. "No sé si fue inconsciencia o valentía. Estar ahí tan lejos de los míos, con solo 18 años, fue muy doloroso, pero si no hubiera tenido esa voluntad, hoy no estaría aquí", reflexiona Mónica Naranjo en vísperas del concierto que ofrecerá este jueves en el Palau Sant Jordi (Festival del Mil·lenni).

Es la primera vez que se atreve con esta sala y lo hace amparada por los fastos de su 25º aniversario de carrera. Es la gira ‘Renaissance’, un título que atribuye a la necesidad de todo artista de "renacer y evolucionar", explica la cantante y compositora en una entrevista por vía telefónica que presenta dos líneas rojas: se ha pedido al periodista que evite las preguntas sobre su vida personal y sobre la actualidad política. "Si lo hace, le colgará el teléfono".

Fan de Freddie Mercury

Mónica Naranjo siempre quiso llamar la atención y aquel pelo bicolor "estuvo muy bien ejecutado en cuanto a marketing", estima, segura de que "la imagen es el 50% de todo". Y ella se veía a sí misma como estrella y diva. "Lo visualicé toda mi vida", asiente. "Es metafísica pura y dura: si tú visualizas las cosas y trabajas por ellas con fe y perseverancia, al final las consigues". ¿Un modelo? Freddie Mercury. "Partía de las mismas bases que yo, de la educación musical y la disciplina".

Puede asombrar su determinación a tirar adelante proyectos contra viento y marea, aunque hagan fruncir el ceño a los ejecutivos de la industria. El primer aviso fue ‘Minage’ (2000), álbum en el que, en lugar de ahondar en la fórmula del muy comercial ‘Palabra de mujer’ (1997), se emperró en homenajear a Mina empezando por la versión de ‘Fiume azzurro’, pieza convertida en ‘Sobreviviré’: casi cinco minutos de melodramático disco-rock y canto delirante. "Era consciente de que el disco iba a provocar un colapso comercial, pero era la manera de evolucionar y hacer una carrera de largo recorrido".

Siete años de destierro

Le complace que aquel disco fuera "un ‘superventas’ y una pieza de culto", ambas cosas a la vez, ejemplo de que "hay que saber imponerse", subraya. "Cuando oigo a un artista diciendo ‘he sido manipulado’, pienso: ‘tú has cedido y no te has enfrentado como hice yo’. Estuve siete años apartada del sistema porque no quise ser una esclava". Se refiere a la etapa que va de ‘Chicas malas’ (2001) a ‘Tarántula’ (2008).

Álbumes en los que fue construyendo un sonido renovado, sumando guitarras metaleras (su director musical es Pepe Herrero, guitarrista de Stravaganzza) y capas electrónicas, marejadas orquestales y estética gótica. "No he sido muy consciente de esa evolución", reflexiona. "Pero al final, te viene alguien y te dice que ha escuchado una canción tuya y que en el primer compás ya sabía que eras tú. Es así".

La gira coincide con un lanzamiento, el epé ‘Mes excentricités vol. 1’, con cuatro temas nuevos y algunos llamamientos épicos: "Líbranos de muros y desiertos", canta en ‘Libre amar’. "Un grito a la fe, a la fe en la vida". Pieza que seguramente sonará en el Sant Jordi, así como su adaptación de ‘Vivir así es morir de amor’, de Camilo Sesto, "un gran maestro que durante muchísimos años ha estado olvidado". Pero el guion de la noche se orientará a sus éxitos. "Es un concierto que he creado pensando solo en el público".