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GALARDÓN

Conociendo a la inquietante Olga Torkarczuk, Nobel de Literatura 2018

La autora polaca ha trasladado a la narrativa su vocación de psicoterapeuta

Elena Hevia

Olga Tokarczuk, en Bielefeld, Alemania, este jueves.

Olga Tokarczuk, en Bielefeld, Alemania, este jueves. / AFP / FRISO GENTSCH

Si en 1996 el Premio Nobel de Literatura nos regaló el descubrimiento de la grandísima poeta polaca Wislawa Szymborska, ahora ha vuelto a hacerlo presentándonos a Olga Tokarczuk, novelista y cuentista polaca, psicoterapeuta de formación, que se ha declarado fan de los escritos de Karl Jung, el más literario de los discípulos de Freud y el más adorado por los escritores. Junto con el austriaco Peter Handke, un autor al que la autora admira mucho, Tokarczuk representa una nueva manera de entender la literatura.

La autora estaba viajando en coche por Alemania cuando recibió el anuncio de la Academia Sueca, que la dejó absolutamente "atónita" y con ganas de digerir la noticia en un lugar tranquilo para recibir las muchísimas felicitaciones que llegaban a su móvil. La escritora se mostró muy satisfecha de que el Nobel se hubiera fijado en dos autores de Europa Central, una zona que en la actualidad "tiene problemas con la democracia" y que está intentando encontrar su propio camino para "lidiar con esos problemas".  

Lo cierto es que tanto Handke como Tokarczuk quedaron marcados por la historia. Aunque no sufrieron personalmente la opresión nazi, sí se formaron en función a la herencia de la segunda guerra mundial que, en el caso de ella, obligó a tantos polacos a reubicarse en otras zonas mientras su país era zarandeado en virtud de los intereses de los vencedores, a derecha y a izquierda. En concreto, la autora es hija de polacos que fueron trasladados a Silesia, donde nació ella en 1962. Siempre ha sido muy consciente de que tenía que hacer suya emocionalmente aquella tierra, que no era la de sus antepasados. Tokarczuk suele definir esa identidad nacional como la de un "país con ruedas" y así se lo contó a su traductora al castellano Agata Orzeszek Sujak , que acaba de terminar la versión de 'Los errantes', la novela que Anagrama publicará el próximo mes y que Rata ha editado ya en catalán bajo el título de 'Cos' y que fue la responsable de su proyección internacional. De hecho, esa encrucijada de  identidades fronterizas es uno de los aspectos destacados por la Academia Sueca que ha visto en ella la concreción del "cruce de fronteras como una forma de vida".

El amor a la naturaleza y a los animales impregna toda su literatura, marcada por el activismo medioambiental, no en balde milita en el partido de los Verdes desde el 2004. Ese es un ingrediente importante en sus novelas al que también hay que añadir el primordial tema de la movilidad, muy presente en 'Los errantes', que publicada originalmente en el 2008 le dio a descubrir internacionalmente al recibir una década más tarde el Booker Internacional. "Es una novela que habla del viaje en varios conceptos -explica la traductora-, el físico y el temporal, así como un descenso a las profundidades del alma, aunque la suya no sea exactamente una prosa poética. Se vale de una gran imaginación y recoge muchas de las inquietudes que mueven el siglo XXI, como la preocupación medioambiental, la eutanasia y los refugiados". Y si hubiera que definirla con un sola palabra, Orzeszek acepta el adjetivo "inquietante", que es lo que provoca en el lector su desbordante fantasía.

La autora polaca, que suele peinar rastas, es adorada en su país tanto por los críticos como por los lectores, mayoritariamente jóvenes. "Si subes a un tranvía en Varsovia y ves a un muchacho o a una muchacha sumido en la lectura profunda de un libro, seguro que es un libro de Tokarczuk. Los lectores, tengan la edad que tengan, la aman porque tiene una prosa muy específica que no se parece a nada, solamente a ella", asegura su traductora.

Aunque el libro de Anagrama y Rata sea el más bien recibido de la autora no será la primera vez que se traduzca. El primer intento de presentarla en España vino de la mano de Lumen con 'Un lugar llamando antaño', una hermosa fábula que pasó desapercibida; algo más de ruido tuvo 'Sobre los huesos de los muertos', casi una novela negra metafísica, que se inspira en un verso de William Blake y que fue llevada al cine por su compatriota Agnieska Holland.