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CINE

José Luis Garci: "He hecho una película para ver en un sillón de orejas y en penumbra"

El director madrileño estrena 'El crack Cero', la primera precuela del cine español

Beatriz Martínez

Garci, en su despacho de Madrid.

Garci, en su despacho de Madrid. / DAVID CASTRO

José Luis Garci (Madrid, 1944) regresa al cine después de seis años alejado de los focos y lo hace recuperando a uno de los personajes más icónicos de su carrera, el detective Germán Areta, al que dio vida Alfredo Landa en dos películas de cine negro que marcaron un hito dentro del género. 'El crack Cero' es una precuela ambientada en los estertores de la dictadura franquista que reivindica un modelo de cine pretérito que sabe a Dry Martini y que huele a tabaco mezclado con Varón Dandy.

-'El crack' es una película que le ha acompañado a lo largo del tiempo, ¿qué ha significado para usted?

-Siempre he tenido cariño al personaje porque me gusta el cine negro. Pero nunca pensé en hacer este 'Crack'. Durante un tiempo estuvo en el aire hacer un 'Crack 3' con Alfredo Landa interpretando al detective Areta que se jubilaba, cerraba la agencia y se encargaba de un último caso. Pero no se pudo llevar a cabo porque Alfredo ya estaba malito, así que la única manera de recuperar ese universo era retrotraernos al pasado, eso tan horrible que ahora llaman precuela. Que, por cierto, resulta que hemos hecho la primera precuela del cine español. Yo lo que he intentado es recuperar el espíritu de las anteriores, la atmósfera, el tono.

-¿Cuáles fueron los mayores retos a los que se enfrentó?

-El primero fue encontrar a la persona que sustituyera a Alfredo en su juventud. Al principio lo iba a hacer Víctor Clavijo, pero no pudo ser por cuestión de fechas. Menos mal que en España hay buenos actores y yo buscaba una característica que lo hermanara con Alfredo Landa, que fuera un buen cómico y que supiera adaptarse a cualquier registro. Y esa capacidad para transmutarse la encontré en Carlos Santos.

-¿Cómo fue la reconstrucción de la época?

-Me di cuenta de que no podía rodar en la Gran Vía. ¿Qué es la Gran Vía ahora? Una manta enorme llena de bolsos falsos de Loewe, miles de personas en 'shorts' que van hablando por el teléfono o mandando mensajes. Hasta que me di cuenta de que toda mi vida había filmado la Gran Vía, así que reciclé las imágenes, no utilicé ningún plano de archivo, todos habían estado antes en mis películas.

-¿Está al tanto de la actualidad cinematográfica y televisiva?

-En mi oficio es una obligación ir al teatro, al cine… aunque ahora ya voy menos. Ahora el cine es Netflix, está en casa.

-¿Y eso cómo lo valora, le da pena?

-La vida va evolucionando, quién se podría imaginar que tendrías todo el cine a tu disposición con un clic a la hora que tú quisieras. Poco a poco ese espacio virtual se convertirá en una gran biblioteca donde acceder a cualquier película, ya sea clásica o moderna.

-Eso repercute en las salas de cine.

-Es que el panorama social ha cambiado mucho, cuando yo era niño ir al cine suponía asistir a un espectáculo, era lo único que había, me abrió la mente y para mí ha sido como una religión, y los cines, auténticas catedrales. Pero ahora hay millones de distracciones y si puedes tener el cine en casa es todo mucho más cómodo, además, con esas pantallas estupendas que venden ahora puedes ver esas series de las que habla todo el mundo. Yo estoy de parte del futuro. Y el futuro ya está aquí.

-¿Y no siente nostalgia?

-Yo es que he tenido nostalgia siempre. Creo que me la ha dado lo que ahora conocemos como cine clásico de Hollywood. Las películas de aventuras, de amores… Cuando terminaban tenía la sensación de salir del cine con una indefinible tristeza, como si hubiera dejado una vida y entrara en otra, y ambas me parecían igual de reales. Pero mi nostalgia es jubilosa. Creo que el cine acabará en los museos. Es mi predicción, aunque será equivocada, como todas. Se pondrán ciclos de Hitchcock como si fueran Van Gogh o Vermeer.

-¿Y qué espacio cree que se le da ahora a la cultura?

-¿Por qué yo no voto? Porque me he estudiado todos los programas y los candidatos y jamás escuché hablar a ninguno de cultura. Yo he tenido dos suertes en mi vida. La primera, tener desde pequeño una educación cultural, ya que mi padre me llevaba al Prado, me compraba libros de Baroja y también tebeos. Y la segunda fue estudiar en un colegio mixto, que era muy raro en la época. Así que todo esto que se habla del feminismo y del reconocimiento de la mujer, a mí me pilla muy lejano. Pues claro que somos iguales.

-¿Le molesta que le pregunten por su ideología?

-Yo siempre digo que miren mis películas. Ahí se ve cómo soy. Qué más da lo que yo diga, hay que demostrarlo con hechos. La gente se apunta a cualquier moda y en ningún bando está la verdad absoluta. Yo lo que te puedo decir es que nunca he sido ni seré 'progre', porque no estoy obsesionado con lo que se lleva para poder presumir ante los demás.

-¿Y por su modelo de cine, le preocupa el qué dirán?

-A mi edad, sería raro que me dijeran que mis encuadres no son otoñales. Yo soy un hombre del pleistoceno. Pero sí creo que, al trabajar con un material como el cine negro, te puedes tomar ciertas licencias, como hacer un tipo de diálogos que se salen de lo habitual y que a la gente le pueden despertar una sonrisa porque ya no se llevan.

-¿Qué espera de la recepción de ‘El crack Cero’?

-Yo he querido hacer una película que acoja al espectador, que no tenga aristas. Para ver en un sillón de orejas y en penumbra. Al fin y al cabo, es una película de otro tiempo. Aquí no hay drones, no hay movimientos de grúa. Esto es una película B. Un B-noir. No hay grandes presupuestos, no pasan grandes cosas. Su cometido perfecto dentro de unos años será verla de madrugada, cuando haya pasado el camión de la basura. Es a lo máximo que puedo aspirar.

Temas: Cine