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FESTIVAL DE TORONTO

Judy Garland salva a Renée Zellweger

La actriz apunta al Oscar por su convincente interpretación de la estrella caída de Hollywood en la película biográfica 'Judy', estrenada en el festival de Toronto

Nando Salvà

Renée Zellweger, en un fotograma de ’Judy’

Renée Zellweger, en un fotograma de ’Judy’

La de Judy Garland es una de las tragedias más infames de la historia del cine. Era solo una adolescente llamada Frances Ethel Gumm cuando Hollywood la transformó en una estrella y en símbolo de la inocencia de toda una época, y con ese fin no solo le robó la juventud sino que la dejó traumatizada de por vida. El suyo es un caso paradigmático de los efectos destructivos de la celebridad, y por eso tiene sentido que Renée Zellweger sea la encargada de darle vida en la película sobre su vida que acaba de ver la luz en el Festival de Cine de Toronto (TIFF).

Después de todo, Zellweger sabe perfectamente lo que significa vivir sometida al escrutinio público. A sus 50 años, ha pasado la mitad de su vida en el punto de mira, viendo cómo la prensa del corazón publicaba historias sobre su peso, sus cirugías plásticas y sus relaciones con hombres como Jim Carrey, o sobre supuestos favores sexuales prestados a Harvey Weinstein. Por eso, 'Judy' es un retrato biográfico en el que la artista retratada y la que la retrata se encuentran a mitad de camino, para arrojarse luz la una a la otra y reflejarse mutuamente en sus vaivenes profesionales.

Para ello se sitúa en 1968, en los meses previos a la muerte de la que en mucho tiempo atrás había sido estrella de 'El mago de Oz' (1939). Endeudada hasta las cejas, Garland se ve obligada a alejarse de sus hijos para trasladarse a Londres, el único lugar donde logra encontrar a alguien que la pague por cantar. Una vez allí el consumo excesivo de alcohol y la adicción a las pastillas a la que Hollywood la abocó en el pasado no tardan en dañar su relación con el público. Mientras la acompaña durante ese ocaso, asimismo la película nos ofrece sucesivos 'flashbacks' que la muestran de niña y dejan claro hasta qué punto los estudios fueron tomando el control de su tiempo, su cuerpo y su mente y en qué medida ese abuso ha marcado fatalmente su adultez. La vemos ser víctima de tiránicas dietas y jornadas de trabajo de 18 horas a manos de Louis B. Mayer, el ejecutivo de Metro Goldwin Mayer que la descubrió y que empezó a abusar sexualmente de ella cuando tenía 16 años.

“Fui muy cuidadosa a la hora de seleccionar las fuentes a través de las que documentarme”, ha explicado Zellweger acerca del proceso de preparación para el papel. “Después de todo, yo misma he podido comprobar en primera persona qué inexactos que pueden llegar a ser aquellos cronistas que aseguran contar la verdad sobre un personaje famoso”. La actriz intentó sin éxito contactar con la hija mayor de Garland, Liza Minnelli, que recientemente hizo público su malestar a propósito de la existencia de la película.

Más empatía que imitación

Zellweger tiene una relación razonablemente estable con el Oscar. En el 2004 se llevó a casa la estatuilla que la certificaba como mejor actriz de reparto gracias a 'Cold mountain', y por entonces ya había sido nominada en por 'El diario de Bridget Jones' (2001) y 'Chicago' (2004). Y en Hollywood ya se da por hecho que 'Judy' volverá a situarla en la carrera por el premio. En primer lugar porque la Academia, no lo olvidemos, tiene inclinación a reconocer a los actores que interpretan a cantantes alcohólicos y drogadictos:el año pasado Rami Malek triunfó gracias a su interpretación de Freddie Mercury en 'Bohemian rhapsody' (2018), y en el pasado reciente vimos ganar a Jamie Foxx por 'Ray' (2004), a Jeff Bridges por 'Corazón rebelde' (2009) y a Marion Cotillard por 'La vida en rosa' (2007). Y en segundo lugar porque ofrece una interpretación incontestable, sin necesidad de echar mano de los recursos más obvios.

En efecto, con la ayuda del maquillaje y el vestuario y poniendo su propia voz a canciones como 'Happy' o 'Somewhere over the rainbow' -no haría falta especificar que no está a la altura de la de Garland pero, por otra parte, tampoco la de Garland en sus últimos años lo estaba-, Zellweger ofrece una aproximación que logra la autenticidad más a través de la empatía que de la imitación; y que resulta del todo convincente a la hora de dejar claro hasta qué punto la identidad individual de Garland era imposible de disociar de su personalidad pública. Ahora bien, ¿qué habría pensado la propia Garland de ella? "Sé siempre una versión original de ti misma en lugar de una versión reciclada de otra persona", dijo una vez. Pues eso.