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CRÓNICA

Un 'Réquiem' masivo en el Palau

Interkultur y el Orfeó Català reúnen a 1.300 intérpretes en la sala modernista

Pablo Meléndez-Haddad

Simon Halseu, director musical de los coros del Orfeó Català.

Simon Halseu, director musical de los coros del Orfeó Català. / RICARDO RIOS

Con una interpretación realmente impresionante de la ‘Misa de Réquiem’ de Giuseppe Verdi se clausuró el sábado en el Palau de la Música Catalana el Sing Along Concert On Tour, la convención coral anual que organiza Interkultur, la entidad pionera en el mundo en organización de encuentros y de competiciones corales internacionales. Con sede en Alemania, uno de sus proyectos itinerantes recaló en Barcelona entre el 29 de mayo y el domingo 2 de junio, ocasión en el que el ‘Requiem’ verdiano ha contado con la participación de 400 ‘cantaires’ voluntarios. Pero el sábado la función fue toda una experiencia: en el escenario del Palau el Orfeó Català compartió protagonismo con el Rundfunkchor de Berlín y con la OBC, mientras ocupaban la platea, el anfiteatro y los palcos del segundo piso un total de 1.300 miembros de coros de 20 países, algunos venidos desde muy lejos, como el de la Sinfónica de Tasmania (Australia).

Los solistas reclutados cumplieron adecuadamente con sus partes comenzando por la soprano Iwona Sobotka, que una vez hubo temperado su voz introdujo unos pianísimos bien cincelados en los momentos precisos y unos agudos cargados de metal que le permitieron sobresalir ante tanto decibelio; la mezzo Agnieszka Rehlis conquistó por su amplio registro, su fraseo incisivo y profundos graves; el tenor Laszlo Boldizsar, de voz muy timbrada, aportó buena proyección y cuidado fraseo; mientras que al bajo Francisco Crespo solo le faltó mayor rotundidad en graves y agudos extremos.

Dirigir a 1.300 'cantaires' repartidos entre sala y escenario en una obra de extrema complejidad como es la genial Misa de difuntos verdiana es una tarea casi imposible, pero Simon Halsey, titular del Orfeó, la controló sin mayores tropiezos. Solo en el fugado del final hubo desencuentros en la masa coral que la OBC, concentrada y entregada, ayudó puntualmente a corregir con entradas precisas. El público, casi en ‘shock’ después de esta proeza, agradeció una velada que pasará a los anales del auditorio modernista.