13 jul 2020

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PIEZA VITRIÓLICA

Alfonso de Vilallonga satiriza los lamentos de las élites independentistas

El cantante y compositor publica la ácida canción 'La complanta del burgesos oprimits'

Elena Hevia

’La complanta dels burgesos oprimits’, de Alfonso de Vilallonga

Tiene Alfonso de Vilallonga (Barcelona, 1962) una ironía tirando a vitriólica, aunque él asegure con dubitativa guasa que no es para tanto. Sus canciones, que le deben no poco a la música de cabaret de Kurt Weill o a la 'chanson' estilo Jacque Brel, no suelen dejar títere con cabeza. El músico es conocido sobre todo por su participación en las bandas sonoras tanto en cine (es un habitual de las películas de Isabel Coixet y obtuvo un Goya y un Gaudí gracias a ‘Blancanieves’ de Pablo Berger) como en teatro. Entre unas y otras, surgen canciones que a veces se arraciman en trabajos y otras no. 'Hors de saison', el espectáculo con el que está empezando a girar, es uno los primeros. La canción ‘La complanta dels burgesos oprimits’, que acaba de salir, va por libre. Es un proyecto en sí mismo, una "pica en Flandes", como la define el cantautor. Pero también y sobre todo, una crítica sardónica a un independentismo de salón: "Hi ha la terra que tremola / i un allau de refugiats / I aquells pobres que pidolen / a la porta del mercat. / Des dels palestins a Gaza / fins als monjos del Tibet. Hi ha les morses islandeses que atonyinen a internet. / Però company, calla i escolta / Perquè aixó és molt més fotut. Ha esclatat una revolta / a Dinamarca del Sud. / I les nits de lluna plena / que és quan ploren les elits / se sent la cantilena / dels burgesos oprimits".

Hace seis años que Vilallonga publicó una canción, ‘Maldà State (Estat Propi)’, primera piedra musical en su personal contestación independentista, un grito a la vez gamberro y libertario. "I sóc tan català com ells, si no més / I vaig néixer a la Dexeus amb els peus a l’inrevés", decía con su habitual desparpajo. Desde entonces a ahora, dice, las cosas en Catalunya no han hecho más que "enconarse más y más". Admite que no tiene vocación de ermitaño y aun sabiendo que su canción va a irritar se lanza: "Yo para poder sobrevivir aquí necesito decir lo que pienso. Porque si no puedes hacerlo, coges y te vas. Así que lo que he hecho es utilizar la música y la palabra de una forma creativa". Dice zumbón que su canción es "respetuosa" comparada con ‘Maldà State’, donde no respetaba en absoluto símbolos como la 'estelada', rociada allí "con una gotas de pipí".

Aristocracia versus burguesía

No hace tanto que Alfonso de Vilallonga recuperó la conexión aristocrática en su apellido, ese de 'De' que le acredita públicamente como el barón de Maldà que es. ¿Es su sangre azul la que le lleva a criticar a la burguesía? "Conscientemente nunca he jugado ese papel, pero claro a lo mejor por defecto me creo algo diferente y ese contraste entre aristocracia y burguesía ha acabado por fraguar en mi cabeza. No lo sé".  

De lo que sí está seguro es de que no hay cosa más sana que reír, reírse de casi todo, incluido uno mismo. "Creo que la risa es una forma de exorcizar los complejos. Y aunque no hay que perderle el respeto a nadie sí me parece muy bien contemplar la vida y los problemas desde una cierta distancia que ayude a la distensión. A mí no me importa nada que se rían de mí pero sospecho que hoy en día en Catalunya a la gente le gusta reírse de los demás pero, ¡ay!, no aceptan lo contrario".