29 nov 2020

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ENTREVISTA

Andrés Calamaro: "Me defino como ácrata, liberal, socialista y reaccionario"

El músico argentino actúa por primera vez en el Liceu con el repertorio rockero de su nuevo disco, 'Cargar la suerte'

Jordi Bianciotto

Andrés Calamaro, en una imagen promocional de su nuevo disco.

Andrés Calamaro, en una imagen promocional de su nuevo disco. / THOMAS CANET

Andrés Calamaro puede interesarse por el tango, el folclore o el intimismo a voz y piano, pero siempre vuelve al corazón del rock’n’roll: ahí está este templado ‘Cargar la suerte’, publicado el pasado noviembre y que presenta este miércoles en el Liceu, teatro en el que se estrena (con las entradas agotadas). El cantante y compositor bonaerense da nuevas muestras de su creatividad a través de la florida prosa con la que ha respondido al cuestionario de este diario por correo electrónico.

Las entrevistas por mail tienen un punto de frialdad e impiden la repregunta. ¿Las prefiere para que no se tergiverse ninguna de sus palabras?

No es falta de confianza, me gusta escribir y poder redactar bien. Algo que va a leerse merece escribirse primero. Si usted quiere nos encontramos a tomar un café y conversar. Que soy amigable.

En los últimos años parece que ha alternado periodos de fertilidad desatada con secuencias más contenidas. ¿De qué tipo de estado mental y creativo sale ‘Cargar la suerte’?

Hace dos años que estamos grabando una producción larga con Carlos Narea, un álbum de colaboraciones extraordinarias, empezamos a grabar durante la gira ‘Licencia para cantar’. Tengo la costumbre de escribir todos los días, y de cocinar. Escribí las letras primero, muchas letras. Mentalmente me estaba acomodando a la soledad virtuosa, como estado “total” (completo) con mucho tiempo para escribir. Estaba escribiendo entonces, terminamos las canciones con Germán (Wiedemer) y grabamos buena maquetas, sencillas pero presentables. Gustavo (Borner) propuso grabar en Los Ángeles, entonces escribimos arreglos para bronces y cuerdas.

"La tauromaquia es sinónimo de verdad y entrega"

‘Cargar la suerte’ es una expresión del lenguaje de la tauromaquia que, por lo visto, consiste en “cambiar la trayectoria de la embestida del toro asumiendo un riesgo”, aunque hay diversas teorías sobre su significado. ¿En qué sentido se acoge a ella para titular el disco?

Para un disco es un título “estético”, para la tauromaquia es un concepto más profundo que la estética: es sinónimo de verdad y entrega. Valoro la tauromaquia como un tesoro cultural blindado. Prefiero pensar que el título sirve para mostrarme al mundo como aficionado comprometido. La lámpara maravillosa, la música callada.

Se habla del rock como un mundo en regresión frente al auge de las músicas urbanas y latinas. Usted ha tenido siempre una gran curiosidad por los géneros tanto populares como vanguardistas, pero, ¿necesita volver a una formalidad rock porque ese es su centro anímico?

Escucho mucha música, soy estudioso. Grabar un disco es elegir entre cincuenta discos posibles, otra cosa es ensayar. El rock como “centro anímico” es el del local de ensayo. En los ensayos continuamos todo lo que aprendimos, lo que somos, todos los años juntos. Ensayando soy el proyecto de todos mis maestros, los que creyeron en mi, el futuro que ellos imaginaron. La música ajena al rock me encanta, es un tesoro inabarcable.

"Grabar con la crema de los músicos de Los Ángeles es un idioma. Eficacia, inspiración, generosidad, un credo"

¿Ha grabado el disco en Los Ángeles porque le apetecía hacerlo en un lugar con pedigrí e historia en el imaginario del rock? ¿Qué representa para usted musicalmente esa ciudad?

Los Ángeles es la Meca del boxeo y del rock. En los años 90 funcionaban 400 estudios de grabación el mismo tiempo. Grabar con la “crema de los músicos de Los Ángeles” es un idioma. Eficacia, inspiración, generosidad, un credo. Hace 40 años escuchaba -con delicia- las grabaciones californianas de Jackson Browne, David Lindley, Danny K, David Crosby y Neil Young. Además de los teclados de Hugo Fattoruso, Joe Zawinul y Herbie Hancock. Grabar en Los Ángeles es lo que mis mentores soñaban para nosotros.

Algunos compositores de larga trayectoria coinciden en que componer una canción, cuando ya has hecho muchas, se va haciendo más difícil. ¿Puede ocurrirle algo así o más bien todo lo contrario?

Son momentos. Hay que enchufarse en el estudio, el local de ensayo, escribiendo letras, es gustarse para gustar. Yo aproveché las triadas al máximo, escribí mil canciones casi con los mismos acordes, un Donald Fagen con acordes vulgares. A veces pensamos que ya estamos secos, pero el anhelo refluye.

En ‘Diego Armando Canciones’ hay un estribillo con unos cambios armónicos que introducen emotividad en un contexto de medio tiempo rock. ¿Litto Nebbia es un referente para este tipo de contrastes? ¿O quizá ese punto más sensible te viene de alguna forma de canción popular anterior al rock?

Son acordes de Germán que me sorprendieron un poco, está escrita con medidas criollas. Litto es un genio, un ejemplo de muchas cosas. Con armonías especiales, muy buenos textos, es productor de miles de discos, incluyendo los últimos discos de Roberto Goyeneche y los versos de Enrique Cadícamo.

‘Las rimas’ tiene una gran intensidad, a juego con declaraciones poderosas, alternando la primera persona del singular y la del plural. ¿Quién es ese aquí “nosotros”, “somos la rabia, somos la gente”?

Nosotros somos nosotros: los que estamos juntos ya sabemos quiénes somos. Los demás, que sigan sin enterarse. “Somos la rabia” es un grafiti con historia en Argentina. Es la respuesta a “muerto el perro se acabó la rabia”. Me gusta esa letra, ahora estoy escribiendo con más respeto por las reglas académicas del verso, pero me gusta como “bajan línea” estas rimas…  Siempre “somos nosotros”, mi gente.

"Me estoy entrenando fuerte para escribir mejor; las próximas letras van a ser buenas"

Bob Dylan es Nobel de Literatura. ¿Es partidario de separar las letras de la música y darles un trato de obra poética? ¿Qué le parece que se haga eso con sus canciones?

Me estoy expandiendo en el texto. Escribo para cine, proyectos más comprometidos, versos y textos breves. Tenemos una página de culturas y delito, nerviodigital.com. Me estoy entrenando fuerte para escribir mejor; las próximas letras van a ser buenas. Mis canciones ya las pienso como música, la letra es mi partitura, confío en lo que escribí y me aplico en escribir mejor.

‘Honestidad brutal’ cumple 20 años en el 2019. ¿Discrepa o le contraria que esté colocado en una vitrina como su obra más alta?

Fue una grabación tan salvaje que merece considerarse mi “obra mas alta”. Grabamos en estudios grandes, escribiendo las canciones allí mismo, días y noches durante nueve meses. 63 canciones permanecen inéditas y están bien descartadas. Este año vamos a reeditar el álbum con los créditos en las canciones, las letras y más música. Como disco es muy bueno, pero la grabación fue una aventura severa, hedonista y degenerada. Le pusimos la intensidad de muchos discos, quebrantamos leyes todos los días.

También hace 20 años que salió de gira con Dylan. ¿Ha sido la experiencia de su vida en la que ha tenido que rebajar más el ego?

El ego es otra cosa, está afuera de nosotros y se presenta en diferentes envases, el auge del ego es internet. Y el amor, tener celos, sufrir por amor. La peor manifestación del ego según Sigmund Freud. Practico la gratitud, el respeto y la amistad. Con los músicos y con las personas en general. El destino del canto nos elige para nuestro sacrificio, no para nuestra vanidad. Nos espera una tremenda responsabilidad. La música es un cuadro que se pinta y se incendia, se desvanece en el aire… No hay tiempo para ensancharse, somos como soldados o taxistas, no tenemos ego, ni alma ni espíritu. No somos autocontemplativos, pensamos música. Cuando giramos con Bob Dylan estaba ciego, con la vanidad completamente diluida.

"Que tiren mis discos a la basura es un honor"

Sabrá que confundió a muchos de sus seguidores con el comentario político de días atrás, que se encajó como muestra de simpatía hacia Vox. En las redes hubo gente que dijo haber tirado sus discos al contenedor. ¿Entiende que se pueda renegar de un artista por un comentario político?

Si me siguen, entonces me conocen; no tengo que explicar mi cuerpo ideológico. Nuestra raza tiene los mismos enemigos: en la policía, la moral cristiana, el poder judicial, las autoridades, la iglesia, la opinión pública… Venimos de los sótanos. Me defino como ácrata, liberal, socialista y reaccionario. En mi territorio. Que tiren mis discos a la basura es un honor. Nuestro mandato generacional es gustar y ofender. Presumir de principios elevados -o valores más puros- es un delirio. Prefiero una conversación política seria, escuchar y aprender. Si fuera un “fascista italiano” lo sabrían en Barcelona, esta es mi temporada 29º en Catalunya y las regiones de España. Mis ripios: los reyes son más aptos y contemporáneos que los políticos profesionales, la tauromaquia es sagrado reducto de la sublimación de las especies, y el amor es para los vulnerables y los marginales. Son cuestiones que escapan a la ilusión de “la izquierda y la derecha”. Entre el blanco y el negro, hay miles de grises. Este cuchillo corta transversal.

¿Tiene la sensación de que el artista puede declararse públicamente de izquierdas, porque es lo que se espera de él, pero no de derechas o conservador, salvo que no le importe ser objeto de un linchamiento?

Los cantantes populares estamos condenados a ser transversales y cosmopolitas. No podemos pedir el voto para un candidato, tenemos que explicar las cosas de otra manera. El linchamiento virtual dura quince minutos, hace 500 años nos hubieran prendido fuego. Mis argumentos están contrastados: para la derecha soy un “referente válido de la izquierda”, tampoco un cliente. Los lugares se ocupan. Gustar en internet es demasiado fácil, es ridículo casi, una invitación a la demagogia. Puedo escribir arengas progresistas también. Tengo texto para invocar el espíritu de Patrice Lumumba y Frantz Fanon. Estudio la guerrilla revolucionaria y las teorías que redimen a Judas.

"La educación pública es un enigma para mí, tengo una hija en edad escolar pero va a un colegio privado"

Se alerta de las amenazas a la libertad de expresión (raperos condenados, etcétera). Al mismo tiempo, hace unos días, en Barcelona, saltó la noticia de que una escuela pública había retirado ‘La caperucita roja’ por sexista. Desde la izquierda, ¿se ponen límites también?

La censura de textos infantiles, o de cantantes, no es una cuestión partidaria. Los límites de la “libertad de expresión” se están reinterpretando. Hay distintas maneras de perseguir a un cantante, retirar un libro de los programas escolares no es un drama ‘per se’, pero estamos advertidos por la regla de tres o cuatro: si caen los cuentos infantiles, cae el teatro, el cine profano, la mitad de las canciones, se caen los cuadros de los museos. La educación pública es un enigma para mí, tengo una hija en edad escolar pero va a un colegio privado.

Actúa en el Liceu con un quinteto que incluye dos teclistas. ¿Hacia qué tipo de sonido y repertorio desea decantarse?

Somos un nuevo quinteto, con dos teclados y una guitarra. Cinco músicos cantando y tocando, con piano eléctrico, genuino órgano con altavoz Leslie y un Ampeg para el bajo. Es el sonido que cuajamos nosotros, ojalá pudiera comparar este quinteto con otros grupos legendarios. Si las cosas se dan bien, podemos presumir un poco. Creemos en el repertorio que elegimos, nos apoyamos en los compañeros. Ahora queremos un público como el del Liverpool, entregados al milagro y la victoria. La gira recién empieza y Barcelona siempre impone mucho respeto. El escenario del Liceu es de mucha categoría.