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CRÓNICA

Mark Knopfler deja entrever que se retira de los directos en un exquisito concierto en Barcelona

El músico sorprendió al anunciar su "adiós" al público catalán en su actuación del Palau Sant Jordi, primera noche de una gira mundial con visos de ser la última

Jordi Bianciotto

Mark Knopfler deja entrever que se retira de los directos en un exquisito concierto en Barcelona. / FRANK VINCENT/ VIDEO EFE

Hay vida todavía en las antípodas del visto y no visto del mercado pop: carreras largas, ajenas al glamur y a los acentos de la modernidad, que conservan un vínculo con el público por peregrinos conductos y que en escena no se reservan pirotecnias sino el sereno espectáculo de la consistencia y de la infinita modulación. Él es Mark Knopfler, y ha seguido siendo hasta hoy un músico capaz de ofrecer delicadezas para grandes audiencias, si bien parece haber llegado a un punto de no retorno en su trayectoria, el umbral de su fundido como artista de gira, o así cabe interpretar las palabras que soltó este jueves en el Palau Sant Jordi.

Vino a presentar ‘Down the road wherever’, una obra que, sin fuegos de artificio, acudiendo a sus fuentes universales, ese cruce de rock y folk con perfumes celtas, bluesísticos, jazzísticos o country en que no sabes cuándo termina un género y comienza otro, ha refrescado el diálogo con el mundo, como explica que su regreso a Barcelona duplicara o triplicara las cifras de convocatoria de las últimas veces. Unas 13.000 personas acudieron al concierto con el que Knopfler comenzó una gira mundial que incluye otros cinco conciertos en España.

"Ya soy un hombre viejo"

El arranque fue pausado, con esa banda de contornos orquestales (diez músicos, entre ellos el teclista-guitarrista Guy Fletcher, habitual desde los días de Dire Straits) desentumeciendo los músculos al suave galope de ‘Whyayeman’, enmienda al capitalismo con cita a la ‘granja de Maggie’ dylaniana, tras la cual Knopfler agradeció al público barcelonés su seguimiento de tantos años y dejó un rastro de palabras que causó honda sorpresa: un “hola, Barcelona” que “es también un adiós”,­ dado que estamos, dijo, ante “un hombre viejo”. Si bien la mayoría de artistas anuncian con pompa y anterioridad su gira de despedida, Knopfler (que el 12 de agosto cumplirá 70 años) parece haber elegido un modo más discreto.

El nuevo material salpicó con timidez el repertorio, empezando por ese ‘Nobody does that’ de complexión ‘funky’, con juego de metales y tacto digno de Steely Dan. De ahí a la repesca de ‘Cornedbeef city’, un correoso ‘up tempo’ que contrastó con la introspección de ‘Saling to Philadelphia’, portadora de un señor solo de Fender Stratocaster. Y con el sensual balanceo de una canción que haría arquear las cejas a los fans de Dire Straits, nada menos que ‘Once upon a time in the west’, que nunca había interpretado en sus conciertos en solitario y que adquirió nuevos colores con metales y flautas. Tiempo para la melancolía: una introducción de teclado condujo a ‘Romeo and Juliet’.

El penetrante ‘groove’ de ‘Bacon roll’ le trajo de nuevo al presente, y cuando se sentó para abordar un tramo acústico volvió a aludir al crepúsculo, apuntando que era “una bonita noche para despedirse de Barcelona”. Knopfler, con refinados tejidos de banjo y violín en ‘Match stickman’ y ‘Done with Bonaparte’, y tratando de abrazar el conjunto de su obra en esta última noche, incluyendo sus páginas con Dire Straits: ‘Your latest trick’, ‘On every street’, la majestuosa ‘Telegraph road’, el ‘riff’ rockero de ‘Money for nothing’ y un épico 'Going home' que vino seguido de una imagen para el recuerdo con el Sant Jordi el pie y en posición de devota ovación.  Tramo final envuelto ahora en el aura de las últimas veces, rubricando un adiós que cogió a sus seguidores desprevenidos, agarrados hasta el final a los fetiches de sus vidas.