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CRÓNICA

Impresionante 'Frankenstein' en Bruselas

Àlex Ollé impone su lenguaje 'furero' en este estreno mundial

Pablo Meléndez-Haddad

 Un momento de la ópera  Frankenstein  en Bruselas.

 Un momento de la ópera  Frankenstein  en Bruselas. / LAMONNAIE DE MUNT- BUHLIG

Con 'Frankenstein', estrenada el viernes en La Monnaie/De Munt de Bruselas, el director de escena Àlex Ollé –La Fura dels Baus–, el compositor Mark Grey y la libretista Júlia Canosa han creado un subgénero, la 'sci-fi-ópera', porque aquí la trama nace de la ficción futurista y no es una adaptación de una ópera de repertorio. La propuesta sorprende y emociona, con un aparato visual impresionante y una dirección de actores de lujo. Se trata de un encargo del coliseo belga que debería haberse estrenado la temporada 2015/16 y que transforma el escenario en un ágora congelada. En dos actos, se basa en 'Frankenstein, o el moderno Prometeo' de Mary Shelley (1818), un referente dentro de una historia que se ambienta en el año en el año 2816, el 354 de una futura glaciación, cuando varios científicos descubren a una criatura congelada a la que devuelven la vida y con ella sus recuerdos que se visualizan en varios ‘flash-backs’. El triste final –la metafórica criatura, desencantada, decide morir– es un drama poéticamente dibujado por Ollé, quien fue recibido con una calurosa ovación que premiaba, además, el sensible libreto y a unos intérpretes entregados.

Las primeras imágenes son tan impactantes como la breve introducción orquestal de Grey, con una música arrebatadora. Si la tensión decae en las últimas escenas del primer acto –para recuperarse en el segundo– es porque la partitura y la vocalidad llegan a ser algo planas ante tanta intensidad mantenida en el 'Sprechgesang', por lo que se echan en falta contrastes, más toques electroacústicos –funcionan muy bien– y clímax más marcados en los momentos clave, como el momento en el que la criatura recupera la vida.

La plástica del montaje –la espléndida escenografía de Alfons Flores, el genial vestuario y caracterizaciones de Lluc Castells, la mágica iluminación de Urs Schönebaum y las inspiradores proyecciones de Franc Aleu– remite al mejor cine de ciencia ficción, desde ‘Metropolis’ a ‘2001’ o ‘Blade runner’, todo enmarcado en una ambientadora banda sonora que, en el apartado vocal, encuentra sus mejores momentos en la intensidad del canto de Scott Hedricks (Victor Frankenstein) y en la impresionante creación de Topi Lehtipuu (Criatura), muy bien apoyados por una compañía entregada y fiel, con Eleonore Marguerre y Andrew Schroeder a la cabeza. La excelente dirección musical del polaco-libanés Bassem Akiki se encargó de ensamblar la compleja partitura ante una eficaz Sinfónica de La Monnaie y un Coro no siempre suficientemente empastado.