18 sep 2020

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CRÓNICA DE CONCIERTO

Los Planetas cambian la tensión eléctrica por suaves violines

Los granadinos recorrieron con fortuna desigual en el Auditori, de la mano de un quinteto de cuerda, el clásico 'Una semana en el motor de un autobús' en su 20º aniversario

Jordi Bianciotto

Jota, en un momento de la actuación de Los Planetas en el Auditori.

Jota, en un momento de la actuación de Los Planetas en el Auditori. / MAITE CRUZ

El rock y los tratamientos orquestales: el eterno problema. Los Planetas han querido celebrar el 20º aniversario de su disco más celebrado, ‘Una semana en el motor de un autobús’, alejándolo de su textura original y envolviéndolo de violines: los de la Orquesta Ciudad de Granada, hace unas semanas en su ciudad, y un quinteto con piano este sábado en Auditori (Festival del Mil·lenni). ¿Es la mejor manera de rendir homenaje y explotar las propiedades del disco rompió los contornos inocentes del ‘indie-pop’ de los 90?

Hablamos de una obra concebida en una época en que el grupo se caía a pedazos por el efecto de las drogas y el desánimo (salida de la bajista May incluida), y que capturó a través de la electricidad una sucesión intrincada de estados de ánimo, con brotes hiperactivos, ensoñaciones mortecinas y desvíos crípticos con imágenes de delirante psicodelia. Relieves que Jota y Florent (aquí, Los Planetas se reducen al tándem nuclear) tendieron a alisar en ese formato sin un instrumento tan troncal en su sonido como es la batería de Eric Jiménez y en que las guitarras quedaban soterradas bajo las suaves oleadas de las cuerdas.

Belleza lánguida

La apaciguada adaptación de ‘Segundo premio’, proa del disco y apertura de la noche, marcó la medida de lo que nos esperaba. Un recorrido por versiones desiguales, de enfoque sesgado, con un ‘Desaparecer’ sin su alma pop y una revisión bella aunque algo lánguida de ‘La playa’. El contexto suave no sirvió para que a Jota (que este sábado cumplía 49 años) se le entendiera más al cantar, y aunque sumara su guitarra a piezas como ‘Ciencia ficción’ el conjunto siguió moviéndose en una pulcritud lineal. En ‘Cumpleaños total’, el contraste con la tensión de la grabación era obvio, aunque Jota aportó un poco más de vivacidad alzando la voz (y agitando una maraca).

Los mejores momentos, en el tramo final. Primero, entrando en el laberinto de ‘Toxicosmos’ y siguiendo su camino por “colinas de cebollas y metal”, viaje alucinógeno entre marejadas cósmicas y con ‘crescendo’ final. Y como clímax, ‘La copa de Europa’, que ya en su toma grabada tenía violines y que revivió su dolorosa majestuosidad natural.

Consumado el repertorio, en el bis, Jota y Florent se quedaron solos con el pianista, David Montañés, en una canción no prevista, ‘Si estaba loco por ti’ (de otro disco referencial, ‘La leyenda del espacio’, 2007), recreando su oscuridad flamenca entre turbias cortinas de guitarra. Y de nuevo con todo el equipo, la sesión caminó hacia el eclipse a través de ‘David y Claudia’ y ‘Los poetas’, volviendo a un enfoque sonoro que, a lo largo de la noche, sirvió para sacar partido de tan solo una parte del perfil de este grupo generalmente indisociable de su poderoso aparato eléctrico.

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