01 jun 2020

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LITERATURA

'Paz, amor y Death Metal' narra en primera persona el atentado de la sala Bataclan

Ramón González, español afincado en París, novela el horror vivido en el escenario en el que el terrorismo acabó con la vida de 90 personas

Beatriz Martínez

Ramón González presenta ’Paz, amor y Death Metal’, la novela que narra en primera persona la experiencia que vivió durante el atentado en la sala Bataclan de París. 

El próximo 15 de noviembre se cumplirán tres años de los atentados de París reivindicados por el Estado Islámico. Tiroteos y explosiones en varios puntos de la ciudad que desataron el terror, uno de ellos, en la sala de conciertos Bataclan, que alcanzaría una macabra fama tras convertirse en un escenario de pesadilla en el que murieron 90 personas.

Ramón González, español afincado en París, estuvo allí esa noche. Había ido con su pareja y unos amigos a ver a la banda de rock Eagles of Death Metal y terminó viviendo la peor experiencia de su vida. Sobrevivir a esa tragedia lo sumió en un bucle de miedo y desconcierto. Su psicóloga le recomendó que escribiera para exorcizar sus fantasmas y esa fue su salvación. En menos de un mes tenía el borrador de un libro, aunque finalmente pasaron dos años hasta que terminó de darle forma, en un proceso que le sirvió para tomar distancia y convertir el trauma en literatura, el testimonio a modo de diario personal, en novela.  El resultado es 'Paz, amor y Death Metal' (Tusquets Editores), una crónica de esa noche, de lo que supuso y también una reflexión en torno a la violencia y al futuro de la sociedad en la que vivimos.

"Comencé a escribir tan solo dos semanas después", nos cuenta Ramón González en una visita a Madrid para presentar el libro. "Por eso los detalles de ese momento están tan vivos". En efecto, la narración en primera persona y en tiempo real nos introduce en un espacio de horror absoluto. Pero el escritor lo aborda a través de un estilo sobrio, en ocasiones incluso seco, porque, como él mismo dice, "no necesitaba lírica". "Forma parte del proceso de enfriamiento frente a lo que me sucedió. No quería escribir algo solemne o demasiado emotivo, aunque haya gente a la que le choque".

Ramón González, autor de 'Paz, amor y Death metal'. 

Sin embargo, la descripción de la vivencia es tan potente, que resulta inevitable que su lectura termine convirtiéndose en algo profundamente visceral. Una vez terminado ese terrible episodio, González da paso a lo que viene después de la catástrofe: ¿Cómo gestionar todo lo que se ha visto y sentido? "Cada uno lo vive de una manera, pero el síndrome postraumático tiene cosas que son iguales para todos, los altibajos emocionales, la incomprensión, la vulnerabilidad, el miedo a los ruidos…".

Polvorín de odio

El autor nos adentra en todo este proceso hasta que su dolor desemboca en una necesidad imperiosa de empezar de cero. Por eso tuvo que abandonar la empresa donde trabajaba como informático y, además de escribir, comenzó a dar clases en un colegio del extrarradio de París. Dice que ha pasado página, pero lo cierto es que percibe que el polvorín de odio solo se encuentra en estado latente y podría estallar en cualquier momento. "Hace unas semanas estaba hablando con mis alumnos de la libertad de prensa y el debate se encendió: muchos pensaban que el atentado de 'Charlie Hebdo' estaba justificado, porque, según decían, no se pueden hacer bromas con la religión. Un alumno tímidamente levantó la mano para decir que estamos en un Estado laico, y todos se le tiraron encima. La gente cada vez tolera menos y se ofende más, hay un problema de radicalización".

El autor piensa que, aunque muchos partidos políticos se hayan aprovechado de los incidentes para practicar el populismo, también ha habido debates públicos interesantes, como el que protagonizaron el escritor Édouard Louis (autor de 'Historia de la violencia') y el exprimer ministro Manuel Valls en el diario 'Libération'. "Louis argumentaba que no se habían tomado las suficientes medidas sociales, que no se había luchado contra la exclusión, el paro. Y Valls le respondió que intentar buscar una causa, era justificar el atentado. Pero el debate dejaba una pregunta en la cabeza: ¿Qué ha hecho Occidente por Oriente?"