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NOVEDAD EDITORIAL

Sara Mesa, estrella en ascenso

La autora publica la novela 'Cara de pan' con la que corona una interesante trayectoria

Elena Hevia

La escritora Sara Mesa, la pasada semana en Sevilla. 

La escritora Sara Mesa, la pasada semana en Sevilla.  / JAVIER DÍAZ

En tan solo seis años, Sara Mesa ha conseguido situarse en un lugar central de la última narrativa en castellano. Y aunque había vida literaria en su trayectoria antes de que el Premio Herralde se fijara en ella como finalista con la novela ‘Cuatro por cuatro’ en el 2012, la visibilidad que esta autora nacida en Madrid en 1976 pero recriada en Sevilla, como su acento delata, ha ido creciendo exponencialmente en muy poco tiempo.

Inquietante, ‘malrrollera’, experta en moverle el suelo al lector que busque los terrenos más cómodos, Mesa alcanzó el máximo aplauso con ‘Cicatriz’, relato de una historia de amor disfuncional que a través de un foro de internet va adquiriendo una creciente turbiedad. Así que ante ‘Cara de pan’ (Anagrama), que sigue la relación entre un hombre que ha superado los 50 (el Viejo) y una niña a la que llama Casi (porque ‘casi’ tiene 14 años) que se desarrolla en un parque donde ambos han recalado como en una isla desierta, las expectativas del lector no pueden ser peores. La sombra del abuso revolotea como pájaro de mal agüero a lo largo de la novela. “Cuando mis amigos me preguntaban qué estaba escribiendo y yo les decía que mi libro iba sobre una relación entre un hombre y una preadolescente, se alteraban un poco. Asumían que era una relación sexual. Y es natural, yo también tendría mis prevenciones si me dijeran que mi hija se está reuniendo cada día a mis espaldas con un adulto”.

Contra las expectativas 

El juego que plantea Mesa es un tanto malicioso porque subrepticiamente y sin apenas aportar pruebas va llevando al lector a adoptar unas conclusiones que se van a ver confirmadas o no al final. Es como en aquella escena en la que Frankenstein se encuentra con la niña en la vieja película, mientras el espectador sufre sintiendo que pese a la ingenuidad del monstruo este puede acabar haciéndole daño a la pequeña. “Yo quería caminar por esa cuerda floja”, asegura. Pero su intención, claro está, va más allá de ese juego. Asume que escribe contra las expectativas y contra nuestros prejuicios. “Mis personajes no entienden por qué es mejor funcionar en grupo o por qué determinados comportamientos más solitarios e individualistas deben ser tratados médicamente”.

Muchos de los grandes debates de nuestro tiempo se filtran en una trama que se niega a ser leída en blanco y negro. “Creo que existe una infantilización enorme de la sociedad, una sobreprotección muy epidérmica porque a la hora de la verdad, los colectivos realmente débiles y necesitados de protección no están siendo protegidos”.

El tema del hombre maduro y la niña remite directamente a ‘Lolita’, aunque ‘Cara de pan’ sea, a diferencia de otras obras de Mesa, mucho más luminosa que sus libros anteriores y por supuesto que la novela de Nabokov, hoy más de actualidad que nunca al resurgir su polémica con fuerza en tiempos del 'MeeToo'. “Nos indignamos ante ese libro -estima la autora-, como si creyéramos que la gente que ha leído 'Lolita' la ha entendido mal. Muchas de las críticas que se han dirigido a esa obra en estos tiempos de linchamiento sin pruebas parecen situar el problema estrictamente en la lectura de Nabokov y la verdad es que dudo mucho que los pederastas vayan a leerla”.

La incomodidad

No considera Mesa que ella sea la autora, hoy por hoy, más incómoda en el tratamiento de sus historias del panorama español. No reclama la exclusiva, pero no puede rechazarla. “Porque hay montones de autores, por lo menos de los que a mí me gustan, que sí incomodan. Yo, además, cuando escribo procuro siempre incomodarme a mí misma”. En esa liga de no temerle a la violencia o la crueldad juegan hoy muchas escritoras españolas y latinoamericanas –Clara Usón, Marta Sanz, Pilar Adón, Samanta Schweblin, Mónica Ojeda- que destacan porque se suele partir del prejuicio, dice, de que las mujeres deberían escribir de asuntos menos conflictivos. “Soy bastante crítica y creo que entre las escritoras se están dando pasos atrás replegándose a los terrenos considerados tradicionalmente femeninos”. Sería el caso del sexo. Mesa considera que las mujeres no suelen escribir sobre ello explícitamente, algo que sí hacen los hombres con total desenvoltura. Ella misma, pese a que todas sus novelas tienen una fuerte carga sexual, se niega a mostrarla explícita. “Creo que ese tipo de cosas funcionan mucho mejor a base de ocultación”.

El viejo y la niña podrían también alimentar algo que a Mesa le haría particular ilusión y que la novela parece estar pidiendo. Y es que algún director escénico la recoja, la traslade a un lenguaje teatral, que la autora asegura no dominar, y la convierta en una obra de teatro. Aviso a navegantes. Queda dicho.

Temas: Libros