ENTREVISTA

Tara Westover: "Mi familia estaba siempre preparada para el apocalipsis"

La autora, que no fue a la escuela y acabó sus estudios en Cambrige, publica sus memorias.

Es hija de una familia de mormones radicales que no creían en los médicos, ni en el colegio

La historiadora y memorialista estadounidense Tara Westover, el pasado viernes en Barcelona. 

La historiadora y memorialista estadounidense Tara Westover, el pasado viernes en Barcelona.  / JORDI COTRINA

5
Se lee en minutos
Elena Hevia
Elena Hevia

Periodista

ver +

La norteamericana Tara Westover (Idaho, 1983) parece una chica bien, delicada y elegante, criada entre algodones. Nada en su aspecto, ni en su perfecto inglés de Cambridge, hace sospechar una infancia en el seno de una familia que llevó la religión mormona hasta unos extremos brutales de radicalidad. Y aquí brutales, quiere decir exactamente brutales. Para el padre, que llevaba un negocio de recogida de chatarra, la escuela y los médicos eran una abominación, y Tara, la menor de siete hermanos, creció sin conocerlos, ignorando, por ejemplo, qué era el Holocausto o quién, alguien llamado Napoleón. De cómo esa muchacha que no recibió clases formales ni fuera ni dentro de su familia, que deseaba huir de aquel entorno y que terminó convirtiéndose en una respetable historiadora en la meca educativa británica, da cuenta 'Una educación' / 'Una educació' (Lumen / Més llibres), unas memorias que cautivan no tanto por su historia de superación heroica, que lo son, sino por la claridad con la que disecciona su propia vida.

¿Qué la impulsó a escribir estas memorias?

Por una parte, quería explicar una historia sobre el poder de la educación, de cómo ésta puede cambiar tu vida y convertirte en una persona distinta. Por otra, mostrando cómo me sentía, una extraña en mi propia familia, pensé en las personas que tienen que tomar una decisión difícil respecto a esa situación, explicar cómo nos podemos sentir aislados en ese entorno.

Imagino que también tuvo la intención de ordenar sus pensamientos. El libro funciona casi como un psicoanálisis.

Yo no lo escribí con esa intención pro supongo que sí tuvo ese efecto. Creo que es sanador hacer que tu propia historia tenga sentido. Eso me ayudó a aferrarme a los buenos recuerdos de mi familia y también a mantener la decisión que tomé.

Que fue separarse de sus padres, que la consideraban endemoniada, y también de los hermanos que decidieron tomar el partido de estos.

Eso es. Decidí distanciarme de una parte de mi familia. Con otros hermanos y tíos sigo manteniendo el contacto.

Al principio usted especifica que este libro no va de mormonismo. Lo cierto es que sus padres exigían mucho más que lo que pide la religión mormona.

Yo establezco la hipótesis de que mi padre es bipolar. Lo que es un tanto irónico porque esa enfermedad provoca una paranoia que jamás le permitirá acudir a un médico, así que nunca tendrá un diagnóstico. Así que yo lo veo más como un problema mental antes que una fe religiosa. En mi ciudad todos los mormones van a la escuela, al médico y tenían certificado de nacimiento, algo que a mí me faltaba.

¿La religión abre o constriñe la mente?

Depende. Hubo momentos en mi vida que yo leía la Biblia y esa lectura me llevaba a abordar ideas filosóficas complejas. Pero en otros momentos, anulaba mi pensamiento crítico, ciñéndome a los dogmas. La religión, como muchas otras cosas, no es blanca o negra. Depende de cómo la practicas.

En Europa el mormonismo no deja de asombrarnos, con sus aspectos controvertidos como la poligamia.

En la práctica ya no existe, pero tampoco han renunciado a ella. Muchas de las políticas de la iglesia y de la doctrina me parecen muy limitantes para una mujer. Por eso no me considero mormona.

Y sin embargo, el mormonismo le posibilitó acudir a la universidad.

Sí, la Brigham Young University, es una de las pocas donde se me permitió acudir sin tener un título oficial de bachillerato [fue la rampa de lanzamiento para que Westover consiguiera una beca en Cambridge]. Cuando llegué a aquella universidad mormona yo creía que todos mis compañeros eran unos libertinos y eso que allí a las mujeres las educaban para ser buenas esposas.

¿Cómo se puede vivir esperando un apocalipsis inminente?

Pues no me estresaba demasiado (sonríe, con delicadeza). Mi familia estaba muy preparada, teníamos tanta comida almacenada que yo pensaba que eran los demás los que debían sentirse preocupados.

El libro expresa muy bien cómo una vida disfuncional se acaba viviendo con normalidad. Y la culminación de ese proceso es la violencia que el mayor de sus hermanos ejercía contra todos, pero especialmente contra usted. ¿Todavía se sigue preguntando por qué sus padres lo negaron?

Sí, ¿por qué se inventaban monstruos en el exterior cuando tenían uno en su propia casa? Yo creo que mis padres tenían miedo de lo que pasaría si intentaban enfrentarse a mi hermano para cambiar las cosas, veían ese cambio como una amenaza para la familia.

 ¿Cree que la posible enfermedad de su padre repercutió en el comportamiento de su hermano?

Probablemente, él había tenido muchas lesiones en la cabeza porque sufrió muchos accidentes pero creo que los niños que crecen en entornos estresantes acaban convirtiéndose en adultos con problemas.

Sorprende que en una empresa familiar, la chatarrería, donde se obviaban todas las medidas de seguridad, hayan sobrevivido todos sus miembros.

De niños aprendimos a caer y proteger nuestros órganos vitales. Somos gente dura, muy difícil de matar.

Que 'Una educación' sea un libro dickensiano no invalida el relato de los momentos de felicidad de su infancia. Y hubo muchos.

Yo sabía que mi historia no podía tener un final feliz, en el sentido de reconciliarte con el pasado. Pero tampoco encajaba con las típicas que incluyen abusos y vejaciones. Yo amaba a mi familia y cortar con ella fue una pérdida real. Mis padre me querían realmente, pero eso no cambiaba el hecho de que en esa relación había muchos aspectos tóxicos y dañinos.

¿Qué está diciendo su libro sobre el poder de la educación?

Dice que el ideal de la educación tiene que ver con el hecho de que una persona se transforme y lo más maravilloso es que el artífice de esa transformación es uno mismo. Sin embargo, a veces confundimos ese ideal con las escuelas y los deberes. Mi experiencia ha sido verdaderamente transformadora, ha cambiado mi forma de vivir y me ha dado la posibilidad de tomar decisiones por mí misma, de defenderme cuando lo necesitaba.  En circunstancias normales, la educación se da por sentado y no siempre se percibe ese otro aspecto que es fundamental.

¿Sabe si la parte de la familia que la ha ‘excomulgado’ ha leído el libro?

No nos hablamos.

Noticias relacionadas

¿Y no tiene curiosidad?

No, todo lo que sé de sus reacciones, encaja con lo que podrías esperar de ellos. 

Temas

Libros