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EXPOSICIÓN EN MONT-ROIG

Joan Vilà exhibe 35 esculturas ensambladas creadas con herramientas recicladas

El artista convierte los objetos encontrados, siempre hierro y madera, en figuras humanas y animales

Natàlia Farré

Joan Vilà, junto a una de las esculturas de la exposición con aspecto de león.

Joan Vilà, junto a una de las esculturas de la exposición con aspecto de león. / JOAN REVILLAS

"Sin saberlo fui a buscar objetos a la misma playa pero él se quedo con los mejores". Él es Joan Miró, ni más ni menos, y el que habla, Joan Vilà (Barcelona, 1959). La frase es real y metafórica. Real porque conocido es que el autor de 'Las Constelaciones' paseaba por la Peixerota recogiendo objetos que luego coleccionaba o utilizaba para sus esculturas ensambladas; lo mismo hace ahora Vilà. Y metafórico porqué Miró "era un genio" y quien habla se define como "alguien que justo empieza". 

Mentar el artista internacional ante Vilà es obligado, pues además de compartir playa, afán coleccionista y técnica escultórica, comparten Mont-roig como lugar de veraneo y de trabajo. "No hay ningún otro vínculo con Miró más allá de haber coincidido en alguna misa en Els Masos", apunta Vilá, que este verano, hasta el 11 de septiembre, celebra exposición en el pueblo del Baix Camp, en lo que hasta que se abrió el Mas Miró era, como no, el Centre Miró y ahora es sala expositiva. 

Azadas, llaves y poleas 

Vilà exhibe 35 esculturas. Todas realizadas con material reciclado: hierro y madera, que el artista ha recogido durante años. En la playa y en el campo. Azadas, poleas, bisagras, puertas, cerraduras y llaves antiguas, yugos, cribas, rastrillos y escobones, guadañas, palas, picos y  arados que ensambla y convierte en figuras humanas o animales. 

Así con un higrómetro, un trozo de somier, unos flejes de barril, varillas de hierro y azadas de dos puntas Vilà es capaz de crear un gato; y con el auricular de un teléfono, aisladores de porcelana y más varillas, una hormiga. Para la cabeza de una africana, se apaña con una talla de madera, tres tuercas, cerámica y fibras de un cepillo. "Busco el realismo, empiezo con un objeto al que le veo la forma, por ejemplo, en un bidón de combustible veo un cuerpo, luego busco las piernas, los brazos...". El bidón es de lata, por supuesto, "nunca utilizo el plástico, solo para envolver las esculturas cuando viajan".

La muestra lleva por nombre 'Serafins i altres éssers afins'. El título responde a la primera escultura que hizo Vilà, que bautizó como la calle donde vivía su tía: Pere Serafí. Las siguientes decidió seguir llamándolas serafines, porque le gustó la idea de que fueran ángeles que llevan un don a los humanos. De serafines hay cinco, luego están los Guerreros , los Yoguis; y medio mundo animal; gatos, perros, flamencos, leones... Seguirá con ello, no en vano afirma: "Estoy poseído y abducido por la escultura".