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sombra alargada

Las discípulas de Madonna

Las aspirantes a estrella pop de las últimas décadas no pueden (ni quieren) alejarse de la sombra de su Señora

Beyoncé y Lady Gaga, firmes candidatas a ser sus herederas

Juan Manuel Freire

Una imagen de Beyoncé 

Una imagen de Beyoncé  / KEVIN WINTER

Puestos a señalar discípulas de Madonna entre las aspirantes a estrella pop de las tres últimas décadas, se acaba antes diciendo las no influidas. Y la respuesta es: ninguna.

Ahora un artista debe competir con distracciones infinitas –desde las 'fake news' al infinito pozo de Spotify– para llamar la atención, pero en los 80 y 90 se podía dominar el imaginario colectivo si uno tenía talento, canciones, imagen o ansia por explorar la sexualidad. Madonna tenía todo eso, además de instinto para el márketing. Combinando búsqueda artística con olfato para los negocios supo crear el canon de la gran estrella pop femenina de finales del siglo XX.

Muchas (y muchos) artistas han seguido su modelo, seguramente sin afán de superarlo o mejorarlo. Cuesta luchar con esas ventas acumuladas o ese inquieto legado musical. Beyoncé es la que más en serio se lo está tomando, sobre todo desde que en el 2010 decidió romper los lazos de 'management' con su padre para tomar las riendas de su carrera; una decisión, según contó ella misma, influida por Madonna.

Decía hace poco Nancy Whang, teclista y vocalista de LCD Soundsystem, en 'The Guardian': "No hay muchos ejemplos de una artista femenina en solitaria que sea una figura masiva y ocupe de esa forma el escenario; el escenario musical y el cultural. Y olvidemos el hecho de que sea una mujer; solo una artista, punto".

Pasando el testigo

Madonna ha compartido focos con algunas de sus herederas, no sabemos si por generosidad o en un posible ejercicio de vampirismo. En los MTV Video Music Awards del 2003 se besó en la boca con Britney Spears y Christina Aguilera, firmes amenazas para su reinado en un momento de cierta duda comercial: el single 'Hollywood', que interpretó esa noche combinado con 'Like a virgin', no había llegado a entrar en la lista 'Billboard Hot 100'.

Ese mismo año, Britney compartió con Madge el single 'Me against the music', canción ariete de un disco, 'In the zone', cargado de voces orgásmicas: el particular 'Erotica' de la antigua presentadora Disney. Aguilera, otra veterana del 'Mickey Mouse Club', ya había dado el vuelco erótico un año antes con 'Stripped'. Se veía venir. En 1999 aseguraba en 'Rolling Stone': "Quiero chocar a la gente a través de mi carrera. Como Madonna".

El retrato intergeneracional de aquellos Video Music Awards se repitió en el show del descanso de la Superbowl del 2012, ahora con dos artistas de color, M.I.A. (que se marcó una famosa peineta) y Nicki Minaj. Eran los días de 'MDNA', en el que Madonna se acercaba a la producción EDM propia de otra heredera: Gaga.

Competidora feroz

Stefani Germanotta, alias Lady Gaga, es lo más parecido a Madonna que ha dado el pop reciente: medio italiana, adepta de la moda, amiga de jugar con los géneros musicales e identidades sexuales, etcétera. Tan fan de la Ciccone que no supo resistirse a casi plagiar la melodía de 'Express yourself' para 'Born this way'. Madonna recibió mal el tributo y en directo mezclaba ambos temas incorporando al final unos versos de… 'She's not me' ('Ella no es yo').

En el documental de Netflix 'Gaga: Five Foot Two', Germanotta asegura: "Siempre la he admirado, y todavía la admiro, no importa lo que ella piense de mí". Al parecer, la rivalidad no es seria, pero todavía habrá que esperar para verlas colaborar o compartir editorial de revista, como Madonna ha hecho con Katy Perry.

Curiosamente, Perry, criada en un estricto hogar evangélico, solía protestar fuera de conciertos de Madonna. "Amy Grant era nuestra Madonna", aseguró en una entrevista con 'Vogue' en abril del año pasado. Después, todo cambió, y si una película inspiró el documental 'Katy Perry: Part of me', esa fue 'En la cama con Madonna'.

La diferencia principal es que, mientras la película de Madonna era insinuante, la de Perry era más familiar. Como recordaba la periodista Laura Snapes en un excelente artículo para 'The Guardian', el revuelo alrededor del 'Blurred lines' de Robin Thicke (en particular su letra "sé que lo quieres") "ha cambiado los estándares con los que se mide el pop, y el modo en que el propio pop lidia con el sexo". La parte más explícita de la antigua Madonna es, quizá, la menos influyente en el 2018.

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