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ÓBITO

Muere el escritor británico V.S. Naipaul, el Nobel más odiado

El autor de origen caribeño-indio protagonizó diversas polémicas marcadas por su escasa corrección política

Elena Hevia

El escritor V, S. Naipaul, en el 2001. 

El escritor V, S. Naipaul, en el 2001.  / Chris Ison

“No escribo para me quieran” solía decir el Nobel de Literatura Vidiadhar Surajprasad Naipaul (Chaguanas, Trinidad y Tobago, 1932) en las escasas y refunfuñonas entrevistas a las que accedía a participar. Y era cierto, no escribía para eso y en su vida privada no fue más mucho más simpático. Además disfrutaba mostrándose así. El autor, nacido en el Caribe de padres indios, falleció en su domicilio de Londres este sábado a los 85 años. Huraño por naturaleza, su salud delicada le impidió en los últimos tiempos salir de casa.

Ante todo hay que destacar que V. S. Naipaul era considerado el mejor escritor británico de su tiempo, con una prosa portentosa de una absoluta claridad lectora. Más de uno se puede asombrar ante el adjetivo británico, lo cierto es que él luchó con todas sus fuerzas por desembarazarse de su identidad caribeña e india, aunque inevitablemente eso acabara por formar parte de sus magníficas ficciones, marcadas por su  biografía, como las novelas  ‘Una casa para el señor Biswas’ o la muy sutil ‘El enigma de la llegada’. A los 18 y gracias a una beca llegó a Gran Bretaña para estudiar en Oxford, donde se inició su proceso de anglificación y que culminaría en 1989 cuando Isabel II le nombró sir. Entre uno y otro punto Naipaul salvó todos los obstáculos, étnicos y sociales, hasta llegar a la cumbre.

Periodismo y libros de viajes

A partir de los años 70, este hijo de periodista –su padre malvivió escribiendo en un periódico local de Trinidad- empezó a viajar por un mundo convulso en plena transformación y a verter sus opiniones en crónicas y libros que no siempre fueron muy bien recibidos. Su mirada sobre el Islam, África negra o la tierra de sus ancestros la India, fue todo menos compasiva y por ello fue acusado de haber adoptado actitudes colonialistas, al afirmar por ejemplo que el continente africano no tiene futuro porque no ha sabido crear un modelo propio tras la descolonización. La prensa británica solía recoger estas polémicas y Naipaul solía darle no poco material mientras alimentaba su narcisismo propiciando titulares alejados de la corrección política.

No hay que hablar mal de los muertos. Es la regla de oro. Pero en el caso de Naipaul, a quien popularmente se conocía como Vidia, la aspereza, por decirlo de forma suave, formaba parte de su manera de estar en el mundo. Así que cuando en el 2008 autorizó a Patrick French su biografía definitiva, sus detractores se frotaron las manos. El autor fiel a la verdad no trató de esconder sus mezquindades en ‘El mundo es como es’. Ahí estaban todo tipo de detalles íntimos como sus visitas a prostitutas o el lamentable comportamiento que tuvo con su primera esposa Pat, que actuó en todo momento como secretaria y colaboradora mientras él mantenía una relación sadomasoquista con Margaret Gooding una mujer angloargentina que abandonó a su marido y a sus hijos para vivir un explosivo romance de más de dos décadas con el autor. Y cómo solo dos meses después de que su fiel esposa muriera de cáncer –“Mis crueldades acabaron con su vida”, confesó- le propuso matrimonio a una rica heredera pakistaní, Nadira, 30 años más joven, la que es ahora su viuda. Y a Gooding... la abandonó sencillamente.

Roces con todos 

De ese trato puede deducirse que su opinión sobre la escritura de las mujeres no fuera lo que se dice favorable, ni siquiera Jane Austen se salva de la acusación de sensiblería y tampoco tuvo comentarios favorables para su editora, también autora. No les fue mejor a sus amigos. Fue el caso del respetado escritor de viajes norteamericano Paul Theroux, declarado discípulo, que un mal día descubrió los libros que religiosamente le enviaba dedicados a su maestro en una librería de viejo. Fue motivo de ruptura y tema de un libro de Theroux en el que relataba esa amistad, salvando eso sí muy elegantemente su profunda admiración por el escritor.

Cuando le concedieron el Nobel en el 2001, la Academia sueca destacó su “narrativa incorruptible” y eso es cierto. Jamás se plegó a nada en lo que no creyese. De su origen caribeño se sacudió muy rápidamente y en Trinidad no se lo perdonaron. En 1983 en el aeropuerto de la isla un taxista le reconoció. El conductor le miró compasivamente y le dijo: “Mira, es mejor que viajes conmigo. Porque aquí no le gustas nada a nadie”. A Naipaul le encantaba contar esta anécdota. 

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