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CRÓNICA

Kiss, solo para nosotros en Can Zam

El grupo estadounidense brindó un atracón de clásicos rockeros envueltos en llamaradas y gags escénicos para culminar el Rock Fest Barcelona

Jordi Bianciotto

Gene Simmons, en el concierto de Kiss en el parque de Can Zam. 

Gene Simmons, en el concierto de Kiss en el parque de Can Zam.  / FERRAN SENDRA

La afición ibérica tira y Kiss han cruzado el océano para ofrecer cinco conciertos en España y Portugal, los únicos que la banda da este año, con los que mantener engrasada la maquinaria y sentir el aliento de los fans en el cogote. Y el calor de las llamas, como vimos este sábado en Can Zam: Kiss conserva esa afición por la pirotecnia, y por las plataformas móviles, y los vuelos rasantes sobre el público, que hacen de sus conciertos algo más que una sucesión de canciones.

Sin disco nuevo que promocionar, la banda tiró en el  Rock Fest Barcelona de un menú de grandes éxitos con anclaje en los 70 desde la primera pieza, la granítica ‘Deuce’, de su álbum de debut, que vino seguida del estribillo expansivo de ‘Shout it out loud’. Pronto nos dimos cuenta de que la voz de Paul Stanley no está para muchas fiestas, aunque se empeñe en desgastarla aún un poco más en juegos dialécticos a grito pelado con el público: “¡Me han dicho que la ciudad más rock’n’roll de España es Madrid!”, lanzó suponemos que para provocar. Fue curioso que tras preguntarnos ostentosamente, y en castellano, “¿queréis rock?”, la banda procediera a tocar una canción en su día controvertida por su ritmo discotequero, ‘I was made for lovin’ you’. Eso sí, en su versión de directo con guitarras enriquecidas.

Rock de estadios

En contraste con el castigado Stanley, Gene Simmons ejerció de gran señor del trueno tanto manejando las cuatro cuerdas como presumiendo de voz profunda: ese poderoso ‘I love it loud’, que condujo a un ‘Firehouse’ en el que escupió llamaradas. Kiss se sigue beneficiando, en cuestión de dinámicas escénicas, de disponer de dos líderes, a los que hay que sumar el protagonismo del guitarrista Tommy Thayer en ‘Shock me’ y el solo posterior, por fortuna no demasiado largo. Sus números de ‘stadium rock’, eso sí, pueden hacer encallar el espectáculo: ‘Lick it up’ es un funcional ‘hit’ ochentero, de su etapa con la cara lavada, que no gana añadiéndole minutos y tramas pretenciosas de guitarra. En un sentido inverso, ‘Love gun’, condensó la versión más genuina de Kiss, con coros teatrales y su explícita sexualidad.

Pasado el ecuador de la noche, los gags más vistosos: Simmons, elevándose hacia las alturas para abordar su ‘God of thunder’ y Stanley, desplazándose sobre el público en una tirolina rumbo a la canción que anunció como “un himno mundial” y que no era otra que ‘Rock and roll all nite’. Aún hubo tiempo para un bis con vistas a ‘Detroit rock city’, volviendo una vez más a los orígenes y las motivaciones primeras. Cumbre final de un Rock Fest que, sin apenas tomarse un respiro, ya ha puesto a la venta las entradas de su próxima edición. Los fans del metal y el hard rock deberán coger fuerzas: el festival se ampliará a cuatro días: del jueves 4 al domingo 7 de julio del 2019.

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