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CRÓNICA

Salvador Sobral, reír para no hacerse daño

El músico portugués desplegó todo su encanto en el Festival Jardins de Pedralbes

Roger Roca

Salvador Sobral, durante el concierto del jueves en el Festival Jardins de Pedralbes. 

Salvador Sobral, durante el concierto del jueves en el Festival Jardins de Pedralbes.  / JORDI CALVERA

A la entrada de los jardines de Pedralbes, un grupo de chicos y chicas se partían de risa haciéndose fotos con la figura de cartón tamaño natural de Salvador Sobral que daba la bienvenida al festival. No era para menos. Venían de pasar tres días encerrados con el Sobral de verdad grabando un disco. Eran Noko Woi, un grupo de músicos venezolanos con sede en Barcelona del que Sobral es vocalista. La cosa se remonta a cuando el músico portugués vivía en la ciudad. Antes de Eurovisión, antes del ‘boom’. Debe de ser extraño ver cómo de la noche a la mañana tu amigo se convierte en una estrella. Debe de ser más extraño aún si el que se convierte en una estrella de la noche a la mañana eres tú.

Era su vuelta triunfal a Barcelona, pero sobre el escenario Salvador Sobral lo llevaba como si no pasara nada. Hacía bromas sobre la liturgia de los grandes conciertos, bromas sobre la autobiografía que escribirá cuando ya no pueda cantar, bromas sobre lo caro que es verle ahora en concierto. Y ante todo, bromas sobre sí mismo. Le quitaba tanto hierro al asunto que parecía que estaba allí por accidente. O que en el fondo no tenga intención de ser una estrella por mucho tiempo. Quizá ese humor le sirva para protegerse de la fama repentina. Quizá Sobral se ríe cuando habla con el público para luego no hacerse daño cuando canta. Porque cantó como si le fuera la vida esas canciones que hablan de amor, de ternura, de buscar un lugar en el mundo. Quizá solo se protege contra el drama.

Lo más esperado

"A ver, ¿por qué estamos aquí? Hi ha una raó, i aquesta raó és una cançó que va escriure la meva germana", dijo en un catalán encantador que mezclaba con el castellano con mucha soltura. 'Amar pelos dois', aquella canción tan poco eurovisiva con la que ganó el festival en el 2017, era lo más esperado de la noche. Pero también ocurrió algo especial cuando cantó 'Mano a mano' o cuando se sentó al piano para despedirse con 'Paraules d’amor'. Tiene canciones, tiene mucha música en la cabeza, tiene una voz propia -en inglés, menos- y tiene encanto. ¿Tendrá ganas de ser una estrella? “Cuando el barco parezca perdido recuérdame dónde quisimos llegar”, dice la canción 'Cerca del mar'. La escribió uno de sus amigos que, sentado entre el público, lo miraba como si aún no se lo creyese. Debe ser extraño. 

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