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ENTREVISTA

Andrea Köhler: "La muerte nos hace humanos y solo hay espera si existe la muerte"

La escritora y periodista alemana publica su celebrado ensayo 'El tiempo regalado'

Elena Hevia

La escritora y periodista alemana Andrea Köhler, en Barcelona

La escritora y periodista alemana Andrea Köhler, en Barcelona / FERRAN NADEU

Este es un ensayo literario en el que se muestra el valor de la espera. La espera culmina con el nacimiento, alienta el deseo, provoca la impaciencia y el dolor y es la prueba del algodón para que percibamos el paso de las horas. ‘El tiempo recobrado’ (Asteroide / Angle) de la escritora y periodista alemana Andrea Köhler es un inteligente y muy ameno trayecto sobre esa idea.

En estos tiempos acelerados ¿cómo se le ocurrió escribir un ensayo sobre la espera? Quizá fue cuando pasé de la fotografía analógica a la digital. En un primer momento me deslumbraron las posibilidades de esta última. Ahí es nada, hacer una foto e inmediatamente comprobar el resultado. Pero rápidamente me di cuenta de que faltaba algo: la inquietud por no saber qué imagen iba a aparecer en la cubeta del revelado. Yo solía hacerlo en el cuarto oscuro.

¿Los logros no invalidan un cierto romanticismo poco práctico? Es cierto que ganamos seguridad en muchas cosas, pero esos momentos se perderán irremisiblemente.

Además de convocar a Godot, a Penélope o a Proust y su tiempo perdido, además de la enfermedad o la espera amorosa, introduce sus propias experiencias en primera persona. ¿Por qué? Creo que un ensayo literario te permite probar cosas nuevas. No solo era interesante la reflexión sino también colocar al lector en una situación de espera y los fragmentos, digamos, autobiográficos funcionan para que eso sea así. Quería hacer de ello una experiencia física dentro del libro.

De las diferentes maneras de esperar no se deduce si la espera es, por simplificar, buena o mala. La ambivalencia es enriquecedora. Roland Barthes relata la espera del amante cuya dramaturgia pasa de un primer enfado a la preocupación, para acabar, quizá, con un extremo alivio.

Ahora que menciona a Barthes, da la sensación de que este es un ensayo más francés que alemán.  (Ríe) Eso me lo tomo como un cumplido. Pero no hay que olvidarse de Kafka, que aunque checo escribía en alemán. El acuñó la forma moderna de esperar, la espera en vano ante la burocracia.

¿Se siente en sintonía con la velocidad de estos tiempos? Bueno soy más del siglo XX que del XXI, a toda mi generación le resulta difícil conectar con el ritmo actual, un ritmo que ha cambiado nuestra manera de pensar y de experimentar. Antes había que esperar a la época de las fresas para comerlas, ahora las tenemos todo el año pero no saben igual. Estamos perdiendo sabores y perderemos el olfato, que se relaciona con nuestros recuerdos. Y me pregunto si esto supondrá también una transformación de la manera en que recordamos. 

"A mi generación le resulta difícil conectar con el ritmo actual, un ritmo que ha cambiado nuestra manera de pensar y de experimentar" 

La impaciencia nunca ha hecho buenas migas con la lectura. ¿Cree que se ha abierto una brecha insalvable? El arte en general necesita tiempo, ya sea  para observar una pintura como para leer un libro. Creo que los móviles nos están impidiendo conectar con nosotros mismos, algo fundamental para desarrollar una personalidad. De todas formas  percibo que algunos jóvenes se están cuestionando su relación con la tecnología. Se dan cuenta de que aunque se esperaba que internet nos proporcionase más libertad ha acabado siendo todo lo contrario.

En el epílogo del libro, el filósofo Gregorio Luri, va más allá. Se pregunta por un futuro de inteligencia artificial sin tiempo y sin esperas. Nabokov decía que la cuna se mece sobre el abismo entre dos eternidades, la de antes de nuestro nacimiento y la de después de nuestra muerte. Así que la clave está ahí. Es la muerte lo que nos hace humanos y solo existe la espera si existe la muerte. En el caso de la inteligencia artificial no sé si esa eternidad sin muerte sería un paraíso. Lo dudo. Al fin y al cabo, Adán y Eva se aburrían mucho allí.

Temas: Ensayo Libros

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