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Francesc Parcerisas: "La vida tiene imperfecciones y momentos de felicidad"

EFE

Irene Dalmases

El poeta Francesc Parcerisas acaba de publicar el dietario "Un estiu", que escribió durante el verano de 2014, un texto que refleja el desasosiego que sintió en aquellos días de "vida y muerte", cuando fallecieron algunos de sus mejores amigos, según ha explicado en una entrevista con Efe.

El escritor considera que "solemos llenarnos la boca de la parte feliz de la vida, pero tiene muchas grietas, imperfecciones", e ironiza con el hecho de que el ser humano "es una máquina no muy perfecta desde un punto de vista de la eficiencia, cuando nos lleva a comer tres veces al día y a dormir el resto de las horas".

Sin embargo, defiende, desde la perspectiva que da la distancia de los años, ahora que tiene 73, que también hay "momentos de extraordinaria felicidad", que en su caso relaciona con estar junto al mar. "Soy persona de agua, el mar me tranquiliza mucho", confiesa.

Publicado por Quaderns Crema, en "Un estiu" Parcerisas muestra su cotidianeidad durante la canícula, cuando tanto puede bajar a primera hora a darse un baño en una playa vacía del Garraf, como preparar una ensalada.

En aquellos días de 2014, además, visitó a sus amigos enfermos como el helenista y crítico literario Carles Miralles o al editor Jaume Vallcorba, ambos ya fallecidos.

Señala el escritor que, al principio, el libro se integraba en un proyecto literario mayor pero "esta primera parte tenía un cierto sentido y cuando la dejé leer a dos amigos, los dos me acabaron de convencer de que no añadiera nada más y lo publicara".

No es autor de dietarios al uso, porque ni se sienta cada día a escribir ni pone fechas a sus textos, "pero sí que tomo apuntes de lo que me ocurre y sí es verdad que en verano, con más tiempo, intento hacerlo a diario".

Cree que lo que acaba ofreciendo a los lectores es "un libro contenido en el tono, algo que busqué desde el principio, porque me daba miedo que por uno de los hilos de la obra, que es muy dramático, me acabara pasando al melodrama, que no supiera contar esos hechos sobrecogedores".

Parcerisas, que en abril pasado ganó el Premio Jaume Fuster en reconocimiento a la calidad de su obra y a la importancia de su trayectoria como poeta, traductor y ensayista, defiende que el libro cuenta con dos patas que sustentan el texto, una de ellas relacionada con las amistades perdidas, como Miralles, Vallcorba, Josep Miquel Sobrer o Manuel Serrat Crespo, o con la enfermedad de la madre.

Precisamente, cuenta que su madre es la única de las personas citadas en el libro que continúa viva, aunque "ha dejado de ser la persona que conocí, ahora es alguien que ya no reconoce, lo que me lleva a reflexionar sobre la degradación de la vejez".

La otra de las patas son las estancias en la playa, "que representan la placidez, la infinitud, el recuerdo, la memoria de una infancia feliz" y, por encima de estos dos hilos, sobrevuela "la vida de cada día en esta época del año, las lecturas, las comidas con amigos, las opiniones que uno tiene sobre lo que ve y vive".

El lector, por ejemplo, sabrá que Parcerisas no es muy partidario de que se obligue a un niño a estar encerrado unas horas del estío para recuperar una asignatura suspendida durante el día. "Los niños deberían correr con los amigos en esta época", apostilla.

Preguntado por nuevos proyectos literarios, Francesc Parcerisas avanza que quiere editar la correspondencia que durante años mantuvo con Josep Miquel Sobrer, quien fue profesor de Filología Ibérica en la Universidad de Indiana, estableciéndose en Estados Unidos en 1967.