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CRÓNICA DE CONCIERTO

Kiefer Sutherland, de agente federal a trovador vaquero

El protagonista de '24' mostró en Bikini su todavía poco conocida cara de cantautor country-rock

Juan Manuel Freire

Kiefer Sutherland en la Sala Bikini.

Kiefer Sutherland en la Sala Bikini. / FERRAN SENDRA

"No soy nadie para dar consejos, pero si lo fuera, daría uno: la vida es demasiado corta para no hacer algo que amas", dijo Kiefer Sutherland poco después de empezar su concierto en Bikini del pasado domingo, antes de atacar 'Something you love', una de las canciones que incluirá en su próximo disco.

Así es, disco, no película ni serie. Y si es el próximo porque antes hubo al menos uno: 'Down in the hole', publicado en el 2016. La faceta country-rock del actor todavía es poco conocida, pero su amor por el cuarto arte viene de lejos y en el 2002 llegó a cofundar un sello, Ironworks, distribuidora en Estados Unidos de algún disco del gran Ron Sexsmith.

Fue solo hace cinco años, poco antes de dejar atrás al Jack Bauer de '24', cuando Sutherland se puso en serio con la música. Era consciente de la clase de reacciones incrédulas y jocosas que iba a generar. También es inseguro, se detecta en entrevistas, sobre sus cualidades como compositor e intérprete. Pero nada de esto le ha impedido grabar y girar. Repetimos: la vida es demasiado corta para no hacer algo que amas.

Dignidad y compostura 

Lo que se vio en Bikini el domingo, en honor a la verdad, no tuvo carácter de epifanía. Tampoco fue un delirio al estilo del paso de David Duchovny por la sala Barts. Era un hombre de voz justa pero nunca desafinada, y guitarras que daban el pego, al mando de una banda sólida e incluso podríamos decir robusta, en la que destacó la labor guitarrística de Michael Gurley, antiguo miembro de dada, grupo con cierta fama a finales de los 90 que publicó varios discos en el respetado sello I.R.S.

Kiefer y banda calentaron el ambiente con 'Run to him', pero sacaron verdadero músculo rockero con 'Something you love'. Antes de cada canción, Sutherland daba las gracias por nuestra presencia allí (lo hizo infinitas veces, casi sorprendido) o contaba alguna historia relacionada con el tema a punto de sonar.

'Reckless & me' iba a tratar sobre el caballo (Reckless, 'Temerario') que montó en sus días de exitoso jinete de rodeo, a finales de los 90, pero poco a poco descubrió que en realidad estaba escribiendo sobre él mismo. Sea como sea, su temática favorita es la bebida: 'Going home' trata sobre cerrar bares, mientras que el objeto amoroso de 'Can't stay away' no es ninguna mujer, sino una barra. 

Las relaciones interpersonales parecen importarle menos como trovador. Sus pocas canciones sobre amor generan dudas. La balada 'I’ll do anything' no es el mejor momento de la actuación, como tampoco 'Faded pair of blue jeans', con esa metáfora mejorable para apuntalar la longevidad de una relación: "Tú y yo somos como un par de tejanos desgastados".

Para compensar estos deslices, Sutherland recuperó canciones indudablemente buenas, como 'Blame it on your heart' (Patty Loveless), 'The bottle let me down' (Merle Haggard), 'Honey bee' (Tom Petty) y la más obvia 'Knockin' on heaven's door' (Bob Dylan). Esta última elección nos sirvió para saber, a través de la intro de Kiefer, que su padre Donald no sacó una cinta de Dylan del coche durante diez años.

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