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crónica

Apoteosis con Rattle y la Filarmónica de Berlín

La mítica formación cerró con un programa clásico y contemporáneo la temporada de BCN Classics en el Palau

César López Rosell

Simon Rattle, dirigiendo la Filarmónica de Berlín en el Palau. 

Simon Rattle, dirigiendo la Filarmónica de Berlín en el Palau. 

Ahí queda eso, parece decir sir Simon Rattle (Liverpool, 1955) en su gira de despedida al frente de la Filarmónica de Berlín. En el apoteósico concierto de cierre de la temporada de BCN Clàssics de la noche del viernes en el Palau de la Música, no hizo sino mostrar la vigencia de su legado como titular durante 16 años de esta mítica formación con 136 años de existencia. La continuidad de la tradición mantenida por batutas como Hans von Bülow, Arthur Nikisch, Wilhem Furwängler, Herbert von Karajan y Claudio Abbado sigue en pie, con el natural y talentoso relevo de sus músicos. Pero el camino emprendido pero Rattle, sin renunciar a mantener este legado sonoro, ha potenciado la interpretación de las músicas del siglo XX y la más contemporánea con resultados espectaculares que esperamos se mantengan con su sucesor Kirill Petrenko.

A sus 63 años, el maestro mantiene una energía y apasionamiento admirables que conectan de forma mágica con sus extraordinarios instrumentistas. Esta orquesta no es solo una maquinaria bien engrasada sino un torbellino de ideas que se expresa en cada concierto y que es el resultado del trabajo compartido entre músicos y director. Cada uno tiene la oportunidad de expresar su propia voz, pero siempre desde la integración al conjunto. En este ‘tour’ europeo la formación viaja al completo con dos concertinos y sus más destacados solistas, entre ellos los españoles Luis Esnaola (violín) y Joaquín Riquelme (viola). Este hecho les permite desplegar hasta alcanzar una dimensión infinita su contrastada sonoridad.

Propio de seres superiores

No es casual que la primera obra fuera de Jörg Widmann (Múnich, 1973), uno de los más representativas figuras alemanas de la música del siglo XXI, con numerosas obras, entre ellas la exitosa ópera ‘Babylon’ que estrenó en Múnich con dirección escénica de Carlus Padrissa. El compositor recibió el encargo de una obra corta de despedida de Rattle, ‘Danza sobre el volcán’, que se inicia y acaba a ritmo de jazz, con Rattle entrando en escena cuando los músicos han interpretado los primeros compases y despidiéndose antes de terminar. En medio hay una turbulenta explosión con sugerentes timbres sonoros que aluden a los ríos de lava que descienden desde el cráter.

La recreación de la ‘Sinfonía, número 3’, del polaco Witold Lutoslaswki, fue propia de superiores seres extraterrestres. Esta expresiva aventura, basada en la denominada técnica aleatoria controlada, según la cual los instrumentistas tienen mucha libertad de ejecución antes de la confluencia con los momentos de unión, entusiasmó a la sala. El juego sincronía-asincronía de la partitura encontró en los filarmónicos el perfecto diálogo entre lo objetivo y lo subjetivo hasta llegar el máximo de la expresión tímbrica. Un clásico del siglo XX, expuesto con sutil y asombrosa sonoridad.

El cierre con la ‘Sinfonía, número 1’ de Johannes Brahms, expuesta con un equilibrio y unos colores orquestales abrumadores, no hizo sino confirmar la extraordinaria categoría de esta formación y su capacidad para abordar toda clase de repertorios. Un concierto memorable que acabó con el público en pie para aclamar tan descomunal exhibición. Antes, el maestro dirigió en el Petit Palau a las motivadas corales del Orfeó Català con un programa de motetes de Pau Casals y piezas de Antonio Lotti, Henry Purcell y Vaughan Williams, con la colaboración de un conjunto instrumental, encabezado por el organista Juan de la Rubia. Una maravillosa experiencia para completar el ‘día Rattle’.

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