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PERFIL

J.A.Bayona: ni discípulo de Spielberg ni niño grande ni cineasta meteórico

El director barcelonés, que este jueves estrena 'Jurassic World: el reino caído', ha tumbado uno a uno los tópìcos que se le han atribuido

Desirée De Fez

J.A. Bayona, en el rodaje de Jurassic World: el reino caído.

J.A. Bayona, en el rodaje de Jurassic World: el reino caído. / GILES KEYTE

2007: J. A. Bayona dirige 'El orfanato', una pequeña película española de terror. 2018: llega 'Jurassic World: el reino caído', su debut en Hollywood. En algo más de una década y cuatro películas, cada vez más grandes pero igual de ambiciosas, el director de La Trinitat Vella (Sant Andreu, Barcelona) ha desmontado los adjetivos que se le han atribuido y aún hoy se le atribuyen. Esa imagen del cineasta joven, devoto de Steven Spielberg y del cine de los 80 y abocado a dirigir algún día un 'blockbuster' se ha desvanecido. No porque ya sea algo menos joven, tampoco porque hoy se estrene su imponente debut en Hollywood. Ese retrato idealizado e ingenuo, ese retrato de Bayona como un niño grande que persiguió su sueño y lo cumplió, se disipó hace tiempo. Es obvio que queda algo de eso, cierta inocencia, cierto candor, cierto espíritu temerario. Pero, en tantos años de trabajo constante y apasionado (no busquen pausas en su trayecto), el director de 'Lo imposible' (2012) y 'Un monstruo viene a verme' (2016) ha tumbado uno a uno los tópicos que todos le hemos atribuido alguna vez. 

Primer tópico: discípulo de Spielberg

Es evidente que, si lo primero que te encuentras al llegar a su estudio es un póster gigante de 'Loca evasión' (1974), rodó un videoclip de Camela como si fuera 'Salvar al soldado Ryan' (1998) y ha esperado a debutar en Hollywood de su mano (descartando otros proyectos, entre ellos la secuela de 'Guerra Mundial Z'), Bayona ama el cine de Spielberg por encima de todas las cosas. La huella del maestro está en su concepción de la narrativa, en su gestión de las emociones, en su caligrafía visual y en su sentido del espectáculo y -como a él le gusta decir- de la maravilla. Pero su cine se alimenta de muchas otras cosas. Al lado del póster de 'Loca evasión' hay uno de 'La piel dura' (1976) de François Truffaut, una película que le conmueve por su reflejo de la infancia, tema clave en su cine. Quizá sea algo anecdótico, pero la convivencia de esos dos afiches (que a su vez revelan su mitomanía) resume a la perfección una visión del cine mucho más amplia y variada que la que se le atribuye por defecto. Se nota en ese detalle, en la cantidad de directores a los que cita en sus entrevistas -Spielberg y Robert Zemeckis, también David Lean, Robert Mulligan, Narciso Ibáñez Serrador o Lynne Ramsay- y, sobre todo, en la madurez que han alcanzado sus películas.

Segundo tópico: niño grande

En sus películas, incluidos dos cortometrajes esenciales para toda una generación de cineastas españoles ('Mis vacaciones' y 'El hombre esponja'), siempre hay niños. Late en ellas, además, el miedo a dejar atrás la infancia, a cerrar del todo la etapa en la que él descubrió el cine, una revelación en la que tuvo mucho que ver su padre, Juan Antonio Bayona, maravilloso pintor de carteles de películas al que debe en parte su sensibilidad artística. Y acaba de dirigir una película en la que, literalmente, juega con dinosaurios (el juego está en casi todos sus filmes, con la soberbia escena del 'Un, dos, tres, ¡toca la pared!' de 'El orfanato' como cumbre). ¿Cómo acabar, pues, con esa etiqueta de niño grande? Es fácil. Basta con detectar la cantidad de temas y emociones adultas que colman sus películas, que se cuelan por las rendijas del entretenimiento. Pocos directores que se mueven en un cine con pretensiones comerciales han explorado con tal arrojo y sensibilidad temas como la infancia, la maternidad, el duelo y la muerte. No es lo habitual.

Tercer tópico: el ascenso meteórico

Cuando se refiere a un cineasta, lo meteórico suele tener una pequeña connotación negativa, como si llevara implícito un demasiado rápido, un demasiado precipitado. El caso de Bayona no es del todo así. Entre 'El orfanato' y 'Jurassic World: El reino caído' han pasado solo once años. Pero su recorrido no es el del director al que le cae la película inmensa tras la revelación independiente. Podría haberse ido a Hollywood antes. De hecho, tiene ofertas desde 'El orfanato', una película pequeña que se revelaría muy influyente, clave para el cine de terror del siglo XXI. Pero prefirió entrenar en casa hasta ver claro el momento. Cada película suya son veinte pasos adelante en ambición y complejidad respecto a la anterior. Pasos firmes que siempre pelea para dar con los suyos, entre ellos el director de fotografía Oscar Faura y la productora Belén Atienza. No lo hace por altruismo, sino por egoísmo: para él son, sencillamente, los mejores. 

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