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CRÓNICA DE MÚSICA

El Flórez más variado brilla en Palau 100

El tenor peruano entusiasma con un repertorio de arias de Mozart, Gluck, Donizetti, Massenet y Verdi

César López Rosell

Juan Diego Flórez, en el Palau de la Música.

Juan Diego Flórez, en el Palau de la Música. / ANTONI BOFILL

Nueva cita con Juan Diego Flórez en Palau 100 y pocos cambios en la estructura de sus siempre aclamados recitales. El carismático cantante peruano elige el programa y lo sirve envuelto con la estructura sonora que considera más conveniente. Este año ha venido acompañado por la Orquestra de València, dirigida por Riccardo Minassi, el maestro que se ha responsabilizado al frente de La Scintilla del nuevo disco del astro con arias de Mozart. Pero el cantante, que todavía no ha debutado en escena con una ópera del genio de Salzburgo, solo incluyó dos piezas de la grabación entre las 10 elegidas en el concierto para salvaguardar la variedad que exige una oferta de estas características.

Flórez regresará la próxima temporada y, tal como sucedió la noche del martes, volveremos a asistir al mismo ritual: el de la presencia de un público 'fan' que espera que el tenor de elegante e inmaculado fraseo luzca las florituras en sus 'hits' belcantistas, registro en el que sigue siendo imbatible, y acuda a  algunos clásicos populares que no ofrecen mayores riesgos para él. Pero su voz ha ganado en cuerpo y por ello está asumiendo paulatinamente retos que le llevan a interpretar óperas, por ejemplo, de Verdi. Lo ha hecho ya con el rol del Duque de Mantua de 'Rigoletto' o Fenton de 'Falstaaff', y en diciembre debutará en el Met con Alfredo de 'La traviata'.

Amor de juventud

De Mozart dice que es un amor de juventud, de los tiempos en los que se sentía fascinado cantando en la coral en Perú 'La flauta mágica'. Precisamente interpretó en el inicio la cándida y luminosa aria de Tamino 'Dies Bildnis…', de gran belleza aunque no llegara a deslumbrar con ella. En 'Si spande el sole in faccia',  de 'Il re pastore', pudo exhibir su genial virtuosismo. Está claro que Flórez se esfuerza en controlar la tesitura central para que su vocalidad no se desborde en el repertorio mozartiano. Muy espectacular resultó la interpretación de las dos arias de 'Orphée et Eurydice' de Christoph W. Gluck, con la brillante coloratura de 'L’espoir renair dans mon âme' y la emotiva 'J’ai perdu mon Eurydice'.

Con 'Tombe degli avi miei…' de 'Lucia di Lammermoor', aria de despedida de Edgardo a su amada fallecida en un ataque de locura, Flórez lució todo el poderío expresivo de su línea de canto provocando un tsunami de emociones. En las dos piezas de Jules Massenet exhibió su lirismo romántico poniendo especial énfasis en el cromatismo de la arrebatadora 'Pourquoi me réveiller' de 'Werther', de la que ofreció una cálida versión propia. 'Questa o quella' y 'Parmi veder le lagrime' de 'Rigoletto' mostraron que ya tiene asumida esta ópera de Verdi en su repertorio, y con 'Lunge da lei…' de 'La traviata' brilló la musicalidad de su registro coronada con un impactante agudo final.

Entre gritos de "guapo" o "eres el mejor" ofreció como propinas, acompañándose a la guitarra, una canción de Chabuca Granda y la explosiva 'Granada'. La Orquestra de València, dirigida con nervio por Minassi, interpretó ocho piezas instrumentales y sobrepasó en ocasiones el volumen en las piezas de acompañamiento. Pero nada alteró la felicidad de los seguidores de un comunicativo Flórez que llenaron el Palau. El año que viene, más.

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