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PENSAMIENTO

Walter Benjamin, nuestro contemporáneo

Un sin fin de novedades rescatan la figura del filósofo alemán que encontró a muerte en Portbou

El escritor Álex Chico viaja hasta el pueblo fronterizo para establecer paralelismos entre el autor y su última geografía

Elena Hevia

El filósofo Walter Benjamin en Ibiza en 1932. 

El filósofo Walter Benjamin en Ibiza en 1932. 

Poco podía imaginar el filósofo berlinés Walter Benjamin en su último reducto, un pueblecito de arisca belleza, fronterizo con Francia, llamado Portbou -donde murió de desesperación un 26 de septiembre de 1940- que a principios del entonces lejano siglo XXI se iba a convertir en uno de los pensadores más influyentes, citados y comentados. El triunfo de Benjamin es amargo. La versión oficial dice que llegó enfermo huyendo del nazismo y que falto del necesario visado no pudo atravesar España hasta Lisboa, enclave fundamental para llegar a Estados Unidos. La versión oficial habla de suicidio con morfina. La otra, apunta al asesinato. El relato de su muerte se ha convertido casi en un género de la literatura. Pero hoy no interesa solo su patético final. Su pensamiento, profético, poético, fragmentario e híbrido, tan moderno y acorde con estos tiempos,  sigue vivo. Frente a otros filósofos de mucha más consideración en su momento, Benjamin sirve como cedazo con el que filtrar nuestras inquietudes más contemporáneas.

Las huellas de esa pervivencia solo hay que buscarla en las librerías. Ahí está 'La maleta de Portbou', revista de pensamiento dirigida por Josep Ramoneda que le rinde homenaje en título e intenciones. Ahí están sus libros: la recuperación de sus aforismos en ‘Calle de sentido único’ (Akal) o la antología ‘Materiales para un autorretrato’ (FCE) que incluye textos inéditos a los que se unirá ‘Iluminaciones’ (Taurus), una selección de sus trabajos fundamentales.

Referencia constante

Además en los últimos años no hay trabajo narrativo en el que su autor no reconozca una deuda con él. Éric Vuillard y su ‘Orden del día’, Fernandez Mallo y su ‘Trilogía de la guerra’ o Jorge Carrión y su ‘Barcelona, libro de pasajes’, escrito este último bajo el modelo del judío alemán, son ejemplos.  “Al igual que Nietzsche y Freud, Benjamin ha sido también un gran escritor. En su caso concreto, su vigencia tiene que ver con su capacidad de seducción, es un autor lírico, dramático y asistemático, creador de una filosofía abierta” explica Carrión, quien cree que su trabajo con la fragmentariedad tan característica del autor alemán prefigura nuestro actual sistema de lectura en tapiz así como el flash, la iluminación o el cambio de canal que son tan propios de esta época.

Tumba de Walter Benjamin en el cementerio de Portbou  / JOAN CASTRO

En el apartado de los intentos narrativos y/o ensayísticos de acercarse a la vida y al pensamiento del filósofo destaca el libro de Álex Chico, ‘Un final para Benjamin Walter’ (Candaya), en alusión al funcionario español que, patéticamente, le rebautizó en su partida de defunción. El libro, tan “disperso” como los escritos del filósofo, iba a ser una indagación sobre la muerte de Benjamin, pero se convirtió en un libro de viajes en el que el último paisaje del filósofo, Portbou, funciona como una proyección de buena parte de la obra de este. “En pocos sitios he sido testigo de un diálogo tan intenso de un escritor y un territorio –explica Chico-. Portbou en cierta manera es un poco tierra de nadie, porque fue un pueblo que tuvo su importancia y que  en los últimos años está en caída libre, como testimonian las aduanas, la estación de ferrocarril, el paseo marítimo, parados en el tiempo. Creo que esa incuria es un ejemplo de nuestra forma de gestionar el pasado”. Chico explica que hoy solo las esculturas conmemorativas del artista israelí Dani Karavan y un Centro de Estudios Benjaminianos, que no acaba de arrancar, son junto a la tumba las únicas huellas de su paso.

En Ibiza

También tiene acento local el rescate de la biografía ‘Experiencia y pobreza. Walter Benjamin en Ibiza’ de Vicente Valero ( Periférica) que explora con delicadeza en los dos viajes que el alemán realizó a la isla pitiusa en 1932 y en 1933 y que corresponden a los primeros movimientos del largo exilio del escritor fuera de Alemania y que Valero describe como “un último suspiro poco antes de ser arrastrado por los acontecimientos que iban a llevar a Europa a la catástrofe”.

Un aspecto de 'Pasajes' escultura conmemorativa de Benjamin, obra de Dani Karavan en Portbou  / ALBERT CAÑAGUERAL

Más excéntricos son otros acercamientos al personaje. Está el artefacto gráfico (es difícil llamarlo solo cómic) del francés Fredéric Pajak que se ha valido de su figura para abordar un ensayo gráfico (un género inventado por él y que para esta obra tendrá seis entregas) en el que el  filósofo tiene un gran protagonismo. El más reciente, 'Manifiesto incierto 2' (Errata Naturae), se centra en la gestación de su inacabado y parisino ‘Libro de los pasajes’. O, en su vertiente más de papel couché, ‘Asja’ (Comanegra), novela que la mallorquina Roser Amills ha dedicado a la directora de teatro letona y amante de Benjamin AsjiaLacis. O 'Angelus novus' (Siruela), otra novela, con la que el escritor albanés Bashkim Shelhu establece un paralelismo entre el intelectual perseguido por el nazismo y su propio encarcelamiento bajo el dictador Enver Hoxha.

Susan Sontag dijo de Benjamin muy certeramente que "estaba viviendo en una época en la que todo lo valioso era lo último de su especie”. De ahí que no sorprenda su pervivencia en un tiempo vivido como declive, como fin de época. “No sé exactamente por qué pero es fácil analizar la realidad a partir de lo que dejó escrito –aventura Chico-. Y aunque hoy todo el mundo se lo apropia, da la sensación de que en realidad no pertenece a nadie”.

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