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LA ESCRITURA Y EL DIBUJO FRENTE A FRENTE

La muerte, al acecho de Walter Benjamin

Frédéric Pajak entrelaza sus impresiones sobre el fascismo con la vida del filósofo judío en su nuevo ensayo gráfico, 'Manifiesto incierto'

Anna Abella

Ilustraciones de Frédéric Pajak para su ensayo gráfico Manifiesto incierto, sobre Walter Benjamin. 

Ilustraciones de Frédéric Pajak para su ensayo gráfico Manifiesto incierto, sobre Walter Benjamin.  / FRÉDÉRIC PAJAK

“La muerte siempre está al acecho”, escribe Frédéric Pajak  (1955, Altos del Sena, Francia) en ‘Manifiesto incierto 1. Con Walter Benjamin, soñador abismado en el paisaje’ (Errata naturae). “Tengo miedo de no vivir más, de no despertarme más”, confiesa, por correo electrónico desde París, este “lector que escribe y dibuja”, que es como se considera el ganador del primer Premio Médicis de ensayo 2014 a una obra gráfica, con el tercer volumen de este magno proyecto, que en Francia va por el cuarto título.

Pajak, que con nueve años perdió a su padre pintor en accidente de coche, precisa: “Lo que no puedo expresar con la escritura, lo enseño con el dibujo, y viceversa. Los dibujos no ilustran el texto, y el texto no subraya el dibujo. Cohabitan”.

“La mayoría de los personajes de mis libros son escritores, poetas o filósofos que leí muy joven sin haberlos necesariamente comprendido –admite el también editor de Les Cahiers Dessinés-. Por ello he vuelto a leerlos e intento devolverles aquellas primeras emociones a la luz de mi mirada crítica de hoy”. Así fue con Nietzsche Pavese en ‘La inmensa soledad’ y con Benjamin en ‘Manifiesto incierto’. Fue después, “intentando entenderlo”, cuando volvió a sumergirse en su vida, obras y cartas y sintió la necesidad, que ya sentía de niño, de hacer “un libro que no tuviera final”: con nueve volúmenes y multiplicando géneros, con “recuerdos personales, impresiones, reflexiones, relatos cortos, diálogos, poemas...” y realistas dibujos a lápiz, en una suerte de ensayo gráfico.

EL SUICIDIO

Pavese se quitó la vida; Benjamin también, en Portbou, ante el temor a caer en manos de los nazis y ser deportado por judío; cita Pajak la historia de Ernst Toller, al que los nazis, como a Benjamin, quemaron sus libros, y que se ahorcó... ¿Una obsesión? “Como muchos jóvenes, me sentí  atraído por el suicidio –responde-. Es un acto individual filosóficamente primordial: no elegimos venir al mundo, pero podemos elegir abandonarlo. Hay algo romántico en el suicidio, que no deja de ser un acto de desesperación. Tengo amigos y parientes que se han suicidado; el dolor y la incomprensión que nos dejan son extremadamente perturbadores. El libre arbitrio del suicida destroza la vida de sus allegados”.

Pajak mantiene a Benjamin en los tres primeros títulos “y puede que más allá”. “Es un faro que me impide perderme del todo. Quería que se le comprendiera mejor. Me encantan sus intuiciones, debidas a una sensibilidad extrema, su incertidumbre, su desconfianza hacia las ideologías, aún cuando se sitúa claramente a la izquierda, no lejos de los comunistas”. En cambio, no aprecia “su palabrería marxista ni su obsesión por la dialéctica”.

EL FASCISMO Y LOS REFUGIADOS

"Tenemos suficiente imaginación para fabricar un coche sin conductor pero no para inventar un lugar de acogida digno para los refugiados" 

“Si el enemigo triunfa, ni siquiera los muertos estarán a salvo”, auguraba Benjamin sobre Hitler a finales de 1933. Y se preguntaba: “¿quién sabe si un Reich milenario no volverá un día cuando el pueblo reclame una nueva locura?”. El fascismo de ayer lleva a Pajak a ser muy crítico con el presente y con la situación de los refugiados sirios. “Nadie sabe lo que hay en la cabeza de las personas y menos cuando se convierten en una muchedumbre que está dispuesta a todo. Pienso en las miles y miles de personas que huyen de sus países en guerra o de una dictadura. Por desgracia, las lecciones de la segunda guerra mundial se olvidaron rápidamente. En Francia, la ceguera y cobardía del Gobierno es insoportable. La idea de ‘campo’ de refugiados no debería existir. En ‘Manifiesto incierto 3’ hablo de los campos franceses del Pirineo, que sirvieron primero para los republicanos españoles, luego para alemanes y al final para judíos, antes de la deportación. Tenemos suficiente imaginación como para fabricar un coche sin conductor, pero no para inventar un lugar de acogida digno”.

LA HISTORIA BORRADA 

El propósito del ‘Manifiesto…’ es evocar la historia borrada. “Una sociedad sin memoria es una sociedad muerta. Yerra, igual que un ser humano privado de su memoria olvida cómo alimentarse. La memoria de nuestra sociedad no ha desaparecido, pero podría hacerlo –advierte-. Nos corresponde a cada uno evitarlo, sobre todo en las relaciones con los demás, con hijos y nietos”. 

Según Pajak, el alud de noticias, “la ‘actualidad’, es el peor lavado de cerebro. Todo sirve para ser engullido rápidamente y olvidado un segundo después. Nos impide vivir en la temporalidad de la historia, que nos sumerge en el pasado, el de los vencidos, de los abandonados a su suerte”. Su sufrimiento, añade, “debería influir en nuestro presente y nuestro futuro”. 

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