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REGRESO DE LA VETERANA BANDA ROCKERA

Berri Txarrak, una señal en el escáner

El grupo navarro se pregunta si la cultura es "un infrasonido" en su nuevo disco, 'Infrasoinuak', que presenta en Razzmatazz

Jordi Bianciotto

El grupo navarro Berri Txarrak

El grupo navarro Berri Txarrak

Los ‘Infrasoinuak’, infrasonidos, a los que Berri Txarrak alude en el título de su nuevo disco son “las señales de alarma que están por todas partes y que no llegamos a percibir o a las que no prestamos atención”, explica Gorka Urbizu, cantante y guitarrista de esta experimentada banda de Lecumberri, Navarra, practicante de un rock con ascendentes punk, hardcore y metaleros no exento de factor melódico. Este sábado presenta el trabajo en Razzmatazz (21.00 horas).

Berri Txarrak (Malas Noticias) viene de los fastos de su obra anterior, ‘Denbora da polígrafo bakarra’ (‘El tiempo es el único polígrafo’), con la que celebró su 20º aniversario con canciones nuevas. Una obra “poliédrica”, aquella, que consistió en tres epés, cada uno a cargo de un productor distinto: ahí estuvieron Ross Robinson, el firmante de discos del calibre de 'Roots', de Sepultura (“un tipo que te machacaba hasta el límite personal para que sacaras toda tu rabia, como Phil Spector, aunque sin pistola”), Ricky Falkner (“el disco más pop y más emocional, sin prejuicios”) y el profesional que ha terminado repitiendo en ‘Infrasoinuak’, Bill Stevenson, batería del histórico grupo californiano de punk-rock Descendents, con el que Berri Txarrak ha girado por las Américas.

Corto y visceral

De aquella experiencia anterior les quedó la sensación de que le impusieron un modo de trabajar. “Su epé debía ser el más punk y le forzamos a grabar de un modo que no le gusta, rápido y en directo”, indica Urbizu. Por eso, esta vez se pusieron en sus manos sin reparos. “Nos daba un poco de miedo porque él es de los mejores grabando punk-rock, mientras que nosotros somos más cosas. Pero Bill es una enciclopedia y un genio loco con un don para los ritmos y las melodías”, explica. El propósito era cocinar un disco “menos experimental, más visceral y más corto, pero en el que ocurrieran un montón de cosas”.

El fruto es un disco que tiende a la condensación de las diferentes tendencias practicadas por el grupo, desde la oscuridad a las melodías más pop. Un trabajo en el que se reconocen como “banda un poco ‘old school’”, ya que las canciones responden a “un orden muy pensado” y ofrecen “un viaje emocional”. Urbizu admite que han matizado el tono con los años. “Cuando eres muy joven te sientes atraído por el ruido y luego descubres que el silencio tiene casi más fuerza que el grito, y aprendes que hay otras formas de transmitir”.

Una cultura imperceptible

Pero cree, y a eso alude la canción ‘Infrasoinuak’, que “ahora hay que gritar más fuerte para ser escuchado”, y se pregunta “si la cultura es hoy un infrasonido, que está ahí pero a nadie le interesa demasiado”. A su madura pero robusta manera, la banda alza el tono en canciones como ‘Spoiler!’ (“sobre cómo nos estamos cargando el planeta y cómo surge el individualismo”) y ‘Zuri’ (“habla del clasismo y el racismo, que parecían superados”). Y, en otro orden, retoma una corriente lírica muy suya en la filosófica ‘Katedral bat’. “Una de nuestras canciones metamusicales, sobre estar en una banda, girar y ver cómo una canción que sale de la nada conecta con la gente”, explica Gorka Urbizu.

Canciones que el grupo paseará en otra de sus giras heterodoxas, porque Berri Txarrak es ese grupo que ha sido capaz de tocar en una misma temporada en plazas tan distintas como el festival metalero francés HellFest, el Primavera Sound o el Viña Rock. “Y en el Kursaal, de San Sebastián, con gente sentada. No somos un grupo apto para ortodoxos”, apunta. Y en materia de escenarios, Catalunya sigue siendo un destino preferente. “Nuestras primeras salidas de Euskal Herria fueron aquí. Hay una hermandad entre pueblos”.

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