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CRÓNICA DE CONCIERTO

Slowdive, una lección de ensoñación

El reunido grupo británico exhibió sus melodías canónicas y dominio sónico en la sala Apolo

Juan Manuel Freire

Rachel Goswell, en el concierto de Slowdive en Apolo

Rachel Goswell, en el concierto de Slowdive en Apolo / FERRAN SENDRA

Tras su concierto de reunión en el Primavera Sound del 2014, Slowdive, banda célebre del pop ensoñador de los 90, actuó el martes por primera vez en sala en Barcelona. Había intriga por saber si su sonido enorme iba a caber entre las paredes de Apolo, o si se tambalearían las estructuras y acabaríamos saliendo todos disparados al espacio.

La música con la que salen al escenario apuntaba hacia ello: es 'Deep blue day', compuesta por Brian Eno (con su hermano Roger y Daniel Lanois) para un documental sobre el Programa Apolo. Pero Slowdive arrancaron suaves, con 'Slomo', en cámara lenta, con intención de explorar sobre todo el espacio interior. De ese tema nuevo saltaron al inicio de todo: cálida 'Slowdive', de su epé de debut de 1990.

El concierto ganó en intensidad con una 'Crazy for you' en la que, además de aquel mágico arpegio de guitarra y voces ensoñadoras, hubo baterías tormentosas de Simon Scott y el bajo de Nick Chaplin retumbó a placer. El ritmo de la noche se aceleró con una 'Star roving' más dinámica y con más 'fuzz', si cabe, que en los surcos.

Ruido del bueno y ruido del malo

Slowdive es un raro caso de grupo legendario reunido que no boicotea sus propios conciertos en cuanto ataca un tema nuevo en lugar de un clásico. La reciente 'No longer making time' aguantó mejor que bien el tipo insertada entre clásicos como 'Catch the breeze' y 'Souvlaki space station', muy aplaudida por el público. Todavía más celebrada fue 'When the sun hits', en la que el cruce de las tres guitarras y la biblioteca de efectos de Slowdive alcanzó proporciones cósmicas.

Si algunos no acabamos de tocar las estrellas fue por culpa de cierto público hablador, sin miedo a estropear clásicos antiguos ('Alison') y nuevos ('Sugar for the pill'). Durante la larga introducción de su versión de 'Golden hair', se oían menos las guitarras nubladas que gente hablando y fans haciendo callar. Existe el ruido bueno (Slowdive) y el ruido malo (el vecino cacareando durante Slowdive).

Menos ruido hubo, por suerte, o por la intensidad de los 'sssshhhh', para la íntima 'Dagger', hito de un bis iniciado con 'Don’t know why' y completado por '40 days'. En conjunto, una sagrada lección de ensoñación pop.

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