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ENTREVISTA

Christina Rosenvinge: "Las 'feminazis' no existen"

La cantante presenta 'Un hombre rubio', en Apolo, donde convertirá el concierto en un acto de reivindicación feminista

Jordi Bianciotto

Christina Rosenvinge

Christina Rosenvinge

En su nuevo disco, ‘Un hombre rubio’, Christina Rosenvinge pone el foco, a partir de la figura de su padre, en los corsés de la masculinidad transmitidos por la herencia cultural, a través de canciones escritas desde un yo masculino. La presentación en Barcelona, este jueves en Apolo (21.00 horas), ha ido a coincidir con el Día Internacional de la Mujer y la huelga feminista. Ante el dilema, la cantante ha optado por convertir el concierto en un acto reivindicativo.

Habrá sido todo un desafío tratar de escribir como si fuera un hombre.
Pues sí, lo ha sido. A partir de la figura de mi padre pensé en desarrollar las canciones desde ese yo masculino, pero me cuesta entender lo que piensa un hombre así, con esa masculinidad canónica, rígida. Encontré pocos testimonios literarios de, por ejemplo, cómo se siente un hombre respecto a su hijo, y me costó entender el silencio, el aislamiento, masculinos.

Una masculinidad rígida, que excluye la expresión de emociones.
Sí, hablo de ella porque creo que no está superada, que está presente en la educación de los hombres a día de hoy, en cosas tan clásicas como que a los niños se les enseñe a reprimir las lágrimas. Empieza ahí y sigue con la adopción de roles más agresivos. El rol combativo y chulito es una coraza que se ponen los adolescentes para protegerse y que luego se desarrolla. Y yo creo que no se nace con eso.

"Se ve a veces como un ataque a los hombres y no lo es: empoderar a las mujeres es también hacer mejor la vida de los hombres"

¿Hablamos de herencias culturales?
Sí, y ahora estamos viviendo una revolución feminista en la que se están cuestionando los roles tradiciones de hombres y mujeres, y que es una cuestión de progreso, de evolución, y donde los hombres no pierden tanto. Se ve a veces como un ataque a los hombres y no lo es: empoderar a las mujeres es también hacer mejor la vida de los hombres. Es urgente, y me afecta también como educadora, encontrar en qué sentido la sociedad patriarcal les afecta a ellos. Y creo que la castración emocional es un clarísimo ejemplo.

La figura referencial del disco, el “hombre rubio”, es su padre, el danés afincado en  Madrid, fallecido cuando usted tenía 26 años. ¿Le costó decidirse a hablar de él en los duros términos del ‘Romance de la plata’?
Sí. Es una letra muy dura y he tardado muchos años en ser capaz de escribirla, en hacer las paces con ese fantasma. Y una vez la escribí busqué la aprobación de mi familia, porque ellos tenían que estar de acuerdo en que yo la publicara. Les pareció que era un homenaje y que era fiel a la verdad, que no escondía las zonas oscuras. No era un homenaje edulcorado. A mi madre le pareció bien, y a mi hermano, y tiré para adelante.

Cuando alguien ya no está tendemos a ser benévolos y, a veces, a falsear las cosas.
No he querido caer en eso porque también veo a mi padre como una víctima. De la educación, del rol que se supone que debía cumplir y de su propia frustración. Creo que en la canción lo que gana es la ternura, y me parece una canción justa.

Al final confiesa que se identifica con él: “Cómo no voy a entenderte, padre / si es mi misma soledad”.
Esa frase alude a su pasión romántica. Él era un idealista y lo que le llevó al alcoholismo fue la frustración de no encontrar su lugar en el mundo. Y me doy cuenta de que él donde encontraba su arrebato romántico era en la música, el flamenco. El cante jondo, sobre todo, es lo que le emocionaba.

Antes hablaba de revolución feminista, y podemos recordar cómo en los años 80 o 90 hablar de eso parecía anacrónico, superado.
¡Totalmente! Ayer estuve en televisión y me sacaron una entrevista mía de 1992 en la que decía que era feminista y a continuación pedía perdón y lo explicaba muchísimo: “soy feminista, pero no una feminista agresiva que quema sujetadores….” (ríe) ¡Tenía que explicarlo cada vez que lo contaba!”. Parece mentira  que durante muchos años y todavía ahora te encuentres a grandes articulistas que siguen percibiendo al feminismo como un movimiento agresivo.

¿No puede haber a veces expresiones que lo sean?
Esto es como el fútbol. Hay mucha gente que va a ver un partido y una minoría que aprovecha el mogollón para montar un pollo. Yo creo sinceramente que en el feminismo no hay sector duro. Puede haber un sector que se expresa con mucha vehemencia, con mucho cabreo y resentimiento, pero que dice lo mismo que el sector moderado. No existe la lucha de sexos. No existe el ‘hembrismo’, ni la androfobia. Existe cierta furia y resentimiento más que justificada y que está saliendo ahora sin control. Pero las ‘feminazis’ no existen.

Antes hablaba de una faceta suya de educadora. ¿A qué se refiere?
Llevo ya años colaborando en congresos feministas, charlas educativas, mesas redondas…, y lo hago con gusto porque creo que es el momento de hacerlo. De hecho estoy contentísima con que el tema esté en la calle, porque durante mucho tiempo éramos poquitas las que lo hablábamos en pequeños círculos, y cada vez que sacábamos el tema delante de los hombres o de otras mujeres nosotros éramos “las coñazo resentidas con el puto feminismo”, y ahora mismo, que ha llegado la hora, me parece estupendo aprovecharlo.

"Me gusta fundamentalmente la música oscura que para mí no lo es, sino visceral y pasional. Cuando me dicen que es oscuro, digo '¡no, es bonito!'"

El sonido de ‘Un hombre rubio’ es un tanto oscuro.
¿Sí? Yo creo que no… Yo tengo una tendencia a la oscuridad porque para mí es belleza. La música que me gusta es la de Nick Cave, Marianne Faithfull, Anohni, PJ Harvey… Me gusta fundamentalmente la música oscura que para mí no lo es, sino visceral y pasional. Cuando me dicen que es oscuro, digo “¡no, es bonito!”.

Puede ser las dos cosas a la vez.
En este disco hay melodías pop muy bonitas. Me deja preocupada, a lo mejor eso quiere decir que llegaré a menos gente (ríe)… Intento hacer música que suene bonita y que sea vitalista.

Pero en la primera canción canta distinto, hay como una severidad gótica.
Ahí lo ha dicho, gótico sí, he estado buscando ese componente gótico todo el tiempo, eso sí es verdad. Supongo que es conectar con mi adolescencia gótica (ríe). Hay algo de eso que nunca muere.

¿Vestía de negro y escuchaba a Bauhaus?
Sí, Ella y Los Neumáticos era un grupo pop y luminoso, pero en el momento que salió Joy Division y todo eso nos voló la cabeza a todos y nos volvimos oscuros de la noche a la mañana.

En este disco canta, toca guitarras y piano, compone y produce. ¿Tiene su propio historial de situaciones en las que no ha sido tomada en serio trabajando con hombres?
Con los músicos con los que he trabajado desde el principio, desde Álex (de la Nuez) hasta ahora, no he tenido nunca ningún problema, porque en la distancia corta es la música la que manda. La cuestión está cuando ese trabajo se expone. A veces, tu trabajo se atribuye a otros.

"Cuando trabajé con Nacho (Vegas), a veces se pensaba que era él quien llevaba el peso. Y  he tenido que aclarar muchas veces que soy la autora de mis canciones"

¿Siendo discos firmados por usted?
Por ejemplo, cuando trabajé con Nacho (Vegas), muchas veces se pensaba que era él quien llevaba el peso operativo. Y yo he tenido que aclarar muchas veces que soy la autora de mis canciones.

En su banda solo hay hombres. ¿Lo ha pensado?
Sí, sí, y hace poco tenía que buscar un músico para la banda, encontré a dos mujeres que me gustaban y dos hombres. Se lo propusimos primero a las dos mujeres pensando que hubiera igualdad en la banda. Una tiene proyecto propio y trabaja como arquitecta, y me dijo que no, y la otra no podía por fechas. El tercero, un hombre, dijo que sí. Lo que me pasó con la primera es lo más normal: las mujeres que están en la música tienen otro trabajo que les da de comer. Eso les pasa a muchas en este país, como Tulsa (Miren Iza) o Ana Molina, de Hola a Todo el Mundo, por mencionar a mis vecinas.

Y a todo esto, el concierto de Apolo es este jueves 8 de marzo, en que hay convocada una huelga feminista.
Cuando nos dimos cuenta de que habría la huelga y que sería una jornada histórica, tuvimos una crisis. ¿Cancelamos? ¿O lo convertimos en un acto reivindicativo? Y después de discutir mucho llegamos a la conclusión de que era mejor lo segundo y leer el manifiesto que estamos preparando las mujeres de la música. Sí que haremos huelga de consumo y cerraremos la taquilla esta noche (miércoles). Perderemos algunos cientos de euros, pero era importante hacerlo porque no podemos estar vendiendo entradas el 8 de marzo.