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ENTREVISTA

Patricio Pron: "Me gustan las migajas del banquete de la literatura"

El escritor argentino publica el libro de relatos 'Lo que está y no se usa nos fulminará'

Elena Hevia

El escritor Patricio Pron, en un hotel de Barcelona.

El escritor Patricio Pron, en un hotel de Barcelona. / LUAY ALBASHA

Como un ejercicio combinatorio o repetitivo o mejor aún, como un juego. El argentino afincado en España Patricio Pron (Rosario, 1975) ha empaquetado un conjunto de cuentos bajo uno de esos títulos suyos tan largos como evocadores, Lo que está y no se usa nos fulminará (Random House), y ofrece unos textos tan retorcidos como brillantes, en los que no falla ni el sentido del humor ni la legibilidad.

Hay en estos libros una felicidad especial que no se le conocía. Debí de ser feliz mientras lo escribía y no me he dado cuenta, como suele ocurrir. No quería provocar la sonrisa en el lector, eso no estaba en mis planes. El libro nació cuando ya tenía escritos muchos cuentos y me puse a ver cómo se relacionaban entre sí.

¿Y cómo lo hacían? Pues a través de temas de los que no era muy consciente, como darle un sentido a nuestra experiencia contemporánea: la dificultad de imaginar una paternidad exitosa tal y como se concibe actualmente o cierta demanda de segundas oportunidades… pero en fin, en líneas generales mi intención es reivindicar el cuento como un espacio de posibilidades que no han sido agotadas.

"Mi intención es reivindicar el cuento como un espacio de posibilidades que no han sido agotadas"

Estos cuentos recuerdan a Cortázar. No sé si le gusta la comparación. No me molesta aunque no me identifique con él. El vínculo tal vez se deba al hecho de que ambos compartimos interés por Perec y el Oulipo que concibe la literatura como un juego de reglas.

¿De qué manera ha construido el andamiaje?  La música es muy importante y no solo porque el título se inspira en la letra de 'Like a Rolling Stone' de Bob Dylan, sino también por el hecho de que determinadas estructuras musicales han permeado las historias. Hay cuentos que son como un estribillo, cuentos que terminan en ‘fade out’ y luego regresan. El libro se conformó como si se tratara de un disco.

De hecho, ha creado una 'playlist'.  Es independiente del libro. Hay que buscarla. Últimamente me interesa la posibilidad de expandir el universo de los libros en otros formatos. No se trata necesariamente de canciones de las que se habla en ellos o de canciones que me gusten,  además tienen un vínculo temático, sentimental o formal.

En su primer relato hace también una reflexión sobre cómo escribir un cuento, la escritura concebida como una serie de elecciones.  Así es mi método de trabajo. Y esa, que es lo más cerca que se pueda estar en mi cabeza mientras escribo,  es una forma de mostrar al lector cómo lo hago.

Hay un cuento muy original porque todo él es una nota a pie de página.  Ese cuento fue escrito al mismo tiempo que un ensayo sobre las notas a pie de página y está conectada con la historia principal del relato que no es más que una nota a pie de página de la vida de Bob Dylan. Y la idea es que posiblemente todos seamos una nota en la vida de Bob Dylan, de la misma forma que los contemporáneos de Picasso fueron una nota a pie de página de la vida de Picasso.

Pero es que en realidad no hay cuento. Y eso es lo más interesante, jugar con eso con el vaciado.

Otro de sus cuentos explora el territorio de la autoficción, una de las grandes tendencias actuales. ¿Está a favor o en contra? No soy el más indicado para arrojar la primera piedra porque yo también he practicado la autoficción. Pero en fin, es verdad que como lector también tengo un cierto hartazgo de la autoficción. De todas formas, los relatos autoficcionales son los más descabalados y ponen de manifiesto una explotación fácil de la credulidad del lector. Aquí he intentado ayudarle para que se cuestione esas percepciones.  

"Como lector tengo un cierto hartazgo de la autoficción. Pero es verdad que esta pone de manifiesto una explotación fácil de la credulidad del lector" 

Además no le hace ascos a nuevas formas de la literatura que otros despreciarían. Me gustan las migajas que han caído del banquete de la literatura y que muchos desdeñan: los formularios, las listas, los perfiles en redes sociales, las cartas a los editores, las contraportadas de los libros, los textos promocionales…

¿Me está diciendo que lo que se escribe en las redes puede llegas a ser literatura? Muestra una literalidad incipiente. Me parece muy interesante que decisiones importantes para nuestras vidas, como la seducción o la elección de pareja, dependan de convocar a la gente a través de las palabras.

En el libro se menciona que sus títulos largo, marca de la casa, son una exigencia de su editor. ¿Es cierto? Mis primeros libros siguen la tradición de Ricardo Piglia que ponía títulos breves. Fue Mónica Carmona, mi editora de entonces, la que decidió mi primer título largo, 'El mundo sin las personas que lo afean y arruinan'. Más tarde quise cambiar esa tendencia, pero imperó una especie de superstición y ahí está este que alude a que si no lo utilizaba me podría fulminar. Y, aunque lo parezca no es mi título más largo. En el futuro me gustaría que uno de mis títulos ocupara toda la portada.  

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