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CRÓNICA

Julia Holter, con sus fantasmas

La cantante y pianista sorprendió en Barts con un recital breve y basado en material inédito

Jordi Bianciotto

Julia Holter, en la sala Barts.

Julia Holter, en la sala Barts. / FERRAN SENDRA

Julia Holter se sitúa en las antípodas del artista que refleja un entorno social en sus canciones: su música parece salir de alguna tiniebla interior, construyendo una sugerente realidad paralela a través de su voz esbelta y sus arpegios del piano. Las canciones se han ido haciendo más diáfanas, más pop, sobre todo en su último disco de material inédito, 'Have you in my wilderness' (2015), pero el miércoles en Barts, acogida por el Festival de Jazz de Barcelona, la artista lució en su versión más esencialista, como una espectral Julia Holter 'hardcore'.

Recital anunciado en formato "solo on grand piano", si bien la acompañaron en escena los muy discretos apuntes de teclado electrónico suministrados por Tashi Wada, mostrándose en cualquier caso de un modo muy distinto al del año pasado en Primavera Sound, cuando actuó arropada por su banda. Una Holter muy volcada hacia sus abismos íntimos que, extremando aún un poco más su propuesta, basó el recital en material nuevo e inédito, seis de las 11 canciones de la noche, caracterizadas por su severidad formal.

Belleza gótica

Composiciones con títulos todavía provisionales como 'Turn the light on', que abrió la sesión, 'Ship is gone' o 'Hejinian', cuya atenta audición por parte del público agradeció Holter, imaginamos que consciente de estar ofreciendo un plato de digestión más difícil del esperado. Música con ciertos perfiles góticos, que apuntaba a una trascendencia, con su voz en posición de disciplinada rigidez y soltándose en precisas ocasiones hacia agudos temperamentales. Depurada pianista, autosuficiente como figura de escenario, Holter intrigó e incluso impresionó, aunque esas canciones (con excepciones como la por ahora conocida como 'I can’t turn away', la más cercana del paquete), dieron un perfil un poco lineal de su talento.

Ahí, las repescas de 'Marienbad' y 'Horns surrounding me' aliviaron el patio de butacas, como, ya en el tramo final, 'Why sad song?' y, sobre todo, 'Sea calls me home' y 'Betsy in the roof', mágicas y aventureras. Esta última alimentó un único bis con el que Holter hizo bajar el telón tras solo 65 minutos de actuación, dejando a su paso algunas caras de desconcierto, con emociones mezcladas, en la sala Barts.

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