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EN CAIXAFORUM

Competir hasta la muerte

La exposición 'Agón!' explica con obras del British Museum cómo la rivalidad marcaba todas las esferas sociales de la vida en la antigua Grecia

Natàlia Farré

El fragmento del friso del Mausoleo de Halicarnaso nunca había salido del British Museum.

El fragmento del friso del Mausoleo de Halicarnaso nunca había salido del British Museum. / DANNY CAMINAL

Los antiguos griegos pensaban que el espíritu competitivo era inherente a la naturaleza humana. Y la competición, inherente a la vida. Rivalizaban por todo y en todas las esferas sociales: desde la guerra, el deporte y los juegos infantiles hasta la creación artística. Pura competición. También la muerte lo era. La manera de abandonar este mundo era un acto de rivalidad social. Caunto más rico, más grande la estela funeraria. Los monumentos mortuorios llegaron a ser tan ostentosos que hubo que restringirlos por ley. Pero los reyes estaban por encima de toda norma, así que el sátrapa persa Mausolo pudo erigirse una gigantesca tumba en Halicarnaso.

Entre las 172 piezas hay un fragmento del friso del mausoleo de Halicarnaso que nunca sale de Londres

Tan grande, que ha dado nombre al término 'mausoleo', y tan grande, que era visible desde la lejanía en el mar. También era una filigrana. Se construyó con el mejor mármol y la esculpieron los más grandes artistas. Y es una de las siete maravillas de la antigüedad. O era, pues un terremoto en la edad media acabó con ella y pasó a ser cantera. Se salvó poco de tal joya, pero un gran trozo del friso sobrevivió en condiciones. El mismo que custodia el British Museum y el mismo que ha abandonado Londres por primera vez para cerrar la exposición 'Agón! La competición en la antigua Grecia', en CaixaForum hasta el 18 de febrero.

No es la única pieza con la que encantarse. Hay otros "pequeños tesoros para admirar detenidamente", aconseja sir Richard Lambert, presidente del museo londinense. Como los dados y canicas de los juegos infantiles; la estatua de Afrodita que sedujo a lord Byron (la coleccionó), o una pequeña placa de bronce que muestra cómo la madre de Aquiles sumerge a su hijo en el río Estigia para hacerlo invencible. Es una de las pocas escenas infantiles del héroe troyano que se han conservado. Tampoco han sobrevivido a los siglos las estatuas de bronce de púgiles como la que luce en la exposición: el busto de un chico con las orejas hinchadas, la nariz rota y una cicatriz en la frente. "Es la imagen realista de la victoria, alguien que ha pasado por el infierno y ha alcanzado la gloria", explica el comisario Peter Higgs. "Y por el gorro de cuero ajustado, se lo ponían para evitar ser tirados de los pelos, era un boxeador o un pancracio", apunta. Este último practicaba un tipo de lucha en la que lo único prohibido era morder y meter los dedos en los ojos.

En primer plano, la escultura de Afrodita que enamoró a Lord Byron. / DANNY CAMINAL

Niké, la diosa de la victoria 

Los ganadores de las competiciones deportivas eran héroes de por vida. Al que se alzaba con el triunfo (no había ni segundos ni terceros) se le anudaba una cinta roja en la cabeza. Una gran estatua inmortaliza el momento. Y el premio en muchas ocasiones era una vasija llena de aceite sagrado. En la exposición hay muchas, entre ellas un ánfora que milagrosamente conserva la tapa y, por los motivos de su decoración, fue entregada al ganador de una carrera de resistencia. Luce al lado de una pintada con escenas de una carrera de cuadrigas. Una prueba "propia de 'Juego de tronos'", según el comisario, pues en esta competición era habitual que murieran tanto deportistas como buena parte del público.

En total la exposición reúne 172 obras –estatuas, relieves, cerámicas, terracotas, joyas, monedas, máscaras, instrumentos musicales...– de la colección del British Museum que recorren el qué, el cómo y el porqué de tanta  rivalidad honesta, significado de la palabra griega 'agón'. Honesta ya que obedecía a unas normas y a unos jueces, cuya autoridad suprema era Niké, la diosa de la victoria. Una de las divinidades griegas más atareadas porque a ella correspondía determinar quiénes eran los vencedores del deporte y de la  guerra. Las dos actividades más conocidas en cuanto a competición pero no las únicas. Y relacionadas. Guerreros y atletas se entrenaban permanentemente para tener cuerpos musculados. Y ambas actividades requerían de un estatus económico. De manera que tanto los que luchaban en el campo de batalla como los que competían en la arena eran de clase alta.

Imagen general de la exposición 'Agón!' de CaixaForum. / danny caminal

Treguas para jugar

Los acontecimientos deportivos eran constantes. Las guerras, también. "El mundo griego se extendía por todo el Mediterráneo, hasta el mar Negro.  De hecho, Alejando Magno llevó la cultura griega hasta la India. Era una unión cultural y lingüística, pero no una unión política. Quizá por eso eran tan competitivos", sugiere Higgs. "Estaban permanentemente en guerra unos contra los otros pero para las competiciones declaraban treguas", sostiene. También las mujeres se dedicaban a estos menesteres, pero poco se sabe de ello, más allá de que no lo hacían desnudas como los hombres.

Competición en la guerra y en el deporte, pero también en las artes con concursos y certámenes de música, teatro y pintura. Además de en la vida diaria, donde la rivalidad residía en los vestidos y las joyas. Y por supuesto, entre dioses, héroes y mitos que, según Lambert, se dedicaban a sus menesteres, que no eran otros que "machacarse entre sí y tener un montón de hijos".  

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