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CRÓNICA

Perturbadora ópera sobra una obra de Lluïsa Cunillé

Miquel Ortega estrena con éxito en el TNC la versión lírica de 'Après moi, le déluge'

César López Rosell

Un momento de Après moi, le déluge.

Un momento de Après moi, le déluge. / MAY ZIRCUS

Lluïsa  Cunillé (Badalona, 1961) estrenó 'Aprés moi, le déluge'  hace 10 años en el Teatre Lliure. Andreu Benito y Vicky Peña, dirigidos por Carlota Subirós, fueron los protagonistas de esta inmersión hacia lo más profundo de la realidad africana, en la línea de lo que hiciera Joseph Conrad en su libro 'El  corazón de las tinieblas'. La excelente factura de aquel montaje  ha dado pie a una ópera compuesta por Miquel Ortega (Barcelona, 1963). La mano de Xavier Albertí está detrás de este estimulante proyecto incluido dentro las actividades que la temporada del TNC dedica a la dramaturga. La 'première' de esta apuesta lírica en la Sala Tallers, con puesta en escena de Jordi Prat Coll, tuvo la noche del jueves una gran acogida.

El autor ha dado con la tecla de la adaptación de una pieza con diálogos de alto calado psicológico. El libreto, elaborado en colaboración con Albert Arribas pero con recortes de texto para ceñir la duración del espectáculo a los 80 minutos, ha permitido mantener la esencia de un texto de gran intencionalidad metafórica. Ortega ha cuidado el tratamiento melódico de los recitativos a los que le empuja la estructura del texto, pero incluyendo toques de jazz y música africana.

Dos mundos opuestos

La trama se desarrolla en la habitación de un hotel de Kinshasa, donde se encuentran un ejecutivo de una multinacional y una atractiva traductora. Son dos solitarios de origen europeo atrapados en las subterráneas entrañas de un cosmos en el que el ser humano muestra toda su feroz voracidad. Es el choque de dos mundos opuestos, en el que uno seguirá su camino de explotación de la riqueza sin escrúpulos y el otro reivindicará la justicia y dignidad perdidas. Hay un tercer personaje nativo, el hijo de la intérprete, que no aparece en escena pero que es el hilo conductor de la historia.

Cunillé aborda la tragedia de un pueblo sometido a una sangrienta colonización partiendo de una sencilla estructura y sin caer en lo discursivo. La atmósfera, el color y el perfume del drama africano se intensifican aún más con esta envolvente partitura. ¿Cómo sobrevivir al miedo de existir en semejantes circunstancias? ¿Cómo practicar el juego de la seducción en los límites de las fronteras del alma? El tenor Antoni Comas expresa con muy buena dicción y sentido dramático las contradicciones de su personaje mientras que la mezzo Marisa Martins, de gran presencia escénica y buen registro vocal, proyecta su capacidad para maniobrar en un mundo hostil con su sensual apariencia. Cinco músicos capitaneados por Ortega (piano) dan vuelo a la atmósfera de esta perturbadora ópera.

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