06 abr 2020

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EL ANFITEATRO

Lobos al otro lado del Pirineo

Rosa Massagué

Meagan Miller (Marta) y Nikolai Schukoff (Pedro), en una escena del último acto de ’Tiefland’, en una nueva producción del Théâtre du Capitole de Toulouse.

Meagan Miller (Marta) y Nikolai Schukoff (Pedro), en una escena del último acto de ’Tiefland’, en una nueva producción del Théâtre du Capitole de Toulouse. / PATRICE NIN

‘Tiefland’, la ópera de Eugen d’Albert basada en la célebre ‘Terra baixa’ de Àngel Guimera, no debe resultar muy atractiva para el público liceísta pese a la proximidad cultural y geográfica de una de las obras de mayor éxito del teatro catalán de todos los tiempos. Desde su estreno en el teatro de La Rambla en 1910 la ópera solo se ha programado en tres ocasiones, la última en el 2008, en una producción que no sabía muy bien cómo explicar una historia naturalista que tiene por escenario los Pirineos, escrita a finales del siglo XIX.

Ahora, al otro lado de los Pirineos, en Toulouse, ‘Tiefland’ ha vuelto a la vida para abrir la temporada de ópera del Théâtre du Capitole. Lo ha hecho con una nueva producción que firma Walter Sutcliffe, con la dirección musical de Claus Peter Flor y las voces de Nikolai Schukoff (Pedro), Meagan Miller (Marta) y Markus Brück (Sebastiano) en los papeles principales. Vista esta nueva producción no se acaba de entender cómo esta ópera es tan difícil de ver entre nosotros.

Del catálogo de óperas de D’Albert (nacido en Escocia de padre franco-italiano y madre inglesa, y alemán de adopción), ‘Tiefland’ nunca ha dejado de representarse, especialmente en el mundo germánico. Tiene la peculiaridad de buscar un nuevo camino musical después del romanticismo y de su máxima expresión wagneriana. Y el camino que encuentra es un verismo muy particular sin renunciar a algunas de las características musicales heredades del músico de Bayreuth.

‘Tiefland’, o ‘Terra baixa’, cuenta la historia de Manelic que en la ópera se llama Pedro, un pastor inocente que vive en las montañas con su rebaño, una especie de buen salvaje. El terrateniente de la zona, obligado a contraer matrimonio con una rica heredera para poder pagar sus deudas y abusando de la simplicidad del pastor, quiere casarle con su amante, Marta, para poder así mantener su relación clandestina. Pedro baja de la montaña ilusionado pero pronto descubrirá el mundo corrupto de las tierras bajas del que huirá con su esposa al grito de: “He matado al lobo”, tras asesinar al poderoso.

En esta historia hay de todo, corrupción, abuso sexual, lucha de clases, males que son tan antiguos como nuevos, pero es difícil imaginar hoy aquellos personajes como si fueran reales. El tiempo los ha convertido en estereotipos y por eso la historia sigue funcionando en pleno siglo XXI. En el prólogo, Sutcliffe ha ideado una montaña luminosa, fuera del tiempo, un peñasco que mira al cielo. La tierra baja del primer y segundo acto es un mundo casi subterráneo, contemporáneo. Preside el escenario una escalera central que se divide en dos. Un tramo lleva a las instalaciones del molino que el amo regala al pastor, el otro a la vivienda de la nueva pareja, dos espacios que se encuentran en uno solo.

Para los cantantes, ‘Tiefland’ es un gran reto. Lo es musicalmente, pero lo es también por el mucho texto de los papeles principales, especialmente en el caso de Pedro, un personaje al que su aislamiento en la montaña le lleva a hablar sin parar cuando encuentra a otra persona. Schukoff se estrena en este papel que parece hecho a su medida, con una línea de canto de gran regularidad que supera todas las dificultades del verismo. La transformación de su personaje de un simple soñador a uno que descubre la maldad de este mundo y en su descubrimiento llega a la última consecuencia que es el asesinato la realiza Schukoff con todos los matices vocales en una progresión vocal que le lleva al grito final de victoria sobre el amo depredador.

La soprano Meagan Miller, también debutante en el papel, es una excelente compañera vocal de Schukoff que alcanza gran altura en el ‘racconto’, cuando narra su desgraciada infancia. El barítono Markus Brück dibuja perfectamente un pérfido y repugnante Sebastiano. El resto de voces es de buen nivel y muy homogéneo, destacando en particular el bajo Scott Wilde (Tommasso) y la soprano Anna Schoeck (Nuri), aunque hubiera quien echara a faltar una voz más de soprano-soubrette.

El director alemán Claus Peter Flor conoce bien a la Orchestre national du Capitole. Sin ir más lejos, el pasado año la dirigía en otra ópera poco frecuente, ‘Le prophète’, de Meyerbeer. En su lectura de la obra de D’Albert estaba todo el verismo en su versión alemana, pero también sacó a relucir el wagnerismo subyacente con un resultado muy brillante.

Una vez más Pedro/Manelic ha matado al lobo y ha dejado la doblez de las tierras bajas para subir a la pureza de la montaña. Sin embargo, después de leer la novela de Luca d’Andrea, ‘La sustancia del mal’, ambientada en las Dolomitas, ni siquiera nos queda el refugio del monte.

Ópera vista el 1 de octubre.

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