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A LOS 96 AÑOS

Muere Joan Colom, el gran fotógrafo callejero de la Barcelona de los 50 y 60

Sus imágenes furtivas del barrio chino y de la Rambla son un poderoso testimonio de la Barcelona de posguerra

Natàlia Farré

Joan Colom, en las calles del Raval en 1961, retratado por su amigo Ignasi Marroyo. 

Joan Colom, en las calles del Raval en 1961, retratado por su amigo Ignasi Marroyo.  / IGNASI MARROYO

Fue uno de los más grandes pero también uno de los más desconocidos. La grandeza se la dio su particular uso de la cámara; el anonimato, su temprana retirada y su no profesionalización. Aun así, pese a no haber hecho de la fotografía su medio de subsistencia, y pese a la nula difusión de su trabajo durante 32 años, de 1964 a 1996, su reconocimiento acabó por llegar. Primero, con la reivindicación de su obra de la mano de Paco Villar con el libro 'Historia y leyenda del barrio chino' (1996) y luego, en 1999, con la reconstrucción en el MNAC de 'El carrer', la exposición de 1961 en la Sala Aixelà que lo dio a conocer. 

Fue uno de los grandes renovadores del género en los años 50, pero el reconocimiento no le llegó hasta la década de los 90

A partir de aquí vino la consagración: en el 2002 recibió el Premio Nacional de Fotografía y en el 2004 el Premi Arts Visuals de la Generalitat. Pero aún tuvo que esperar una década para poder ver la primera y única gran retrospectiva realizada sobre su trabajo: 'Jo faig el carrer', también en el Palau Nacional. Era Joan Colom (Barcelona, 1921), uno de los grandes renovadores de la fotografía del siglo XX que ayer falleció a los 96 años en Barcelona, la ciudad que retrató.

El Museu Nacional dArt de Catalunya acoge la exposición Joan Colom. Fotografies 1957-2010. Jo faig el carrer. / MÒNICA TUDELA

Aunque no la plasmó toda, captó básicamente la Rambla y el barrio chino. Trabajaba con la cámara cerca de donde nació y de donde sus padres tenían una floristería, la calle de Joaquim Costa. "No sabría qué hacer por encima de la Diagonal", afirmaba. Y sus imágenes se convirtieron en una crónica social de la posguerra en esa parte de la ciudad: marineros atolondrados, prostitutas con vestido ceñido y tacones de aguja, niños desarrapados jugando al fútbol y hombres en busca de placer, además de camareras, porteras, borrachos y 'botiguers'. Todo el crisol del barrio cabía en su cámara.

Sin mirar por el visor

Y culos. Muchos culos. Traseros que no retrataba por vocación de 'voyeur' (que la tenía, aunque prefería definirse como "cazador de imágenes") sino por su modo clandestino de fotografiar: con la Leica escondida en la mano y puesta a la altura del muslo, bajo la cintura; sin mirar por el visor para no ser visto. Algo nada fácil, explicaba: "Pasé mucho tiempo ensayando delante del espejo para aprender a encuadrar sin mirar". No se trataba tanto de esconder la cámara como de ser discreto. Y el resultado de ello son unas imágenes muy espontáneas y con un enfoque muy particular que captan como nadie ha captado escenas de arrabal y prostitución de la Barcelona más canalla.

En 1964, abandonó cámara y carrera por la denuncia de una camarera de la calle de Robadors a la que había retratado

"Yo hago la calle", sostenía.  "Durante dos años fui al chino cada tarde. Hacia las seis, cuando aquel mundo empezaba a animarse", contaba. Fue entre 1958 y 1960, cuando Colom, fotógrafo aficionado y autodidacta, se apuntó a Agrupación Fotográfica de Catalunya y se presentó a concursos. Continuó hasta 1964, año en que un disgusto lo apartó totalmente de la fotografía y de su posible profesionalización cuando se iniciaba en el fotoperiodismo con reportajes para el 'Correo Catalán' y como paparazi judicial para la 'Gaceta ilustrada'.

El caso es que su éxito fue su fracaso. La exposición de 1961 le dio popularidad, tanta que Ester Tusquets, de Editorial Lumen, le propuso dedicar un libro a sus imágenes con texto de Camilo José Cela. El resultado fue 'Izas, rabizas y colipoterras', un título con tres sinónimos de prostituta con unos escritos que no entusiasmaron a Colom: "Cela menospreciaba a los seres humanos que vivían en el chino" y el siempre había tenido una mirada tierna y respetuosa con sus fotografiados. Eso, y la denuncia, que no prosperó, por un millón de pesetas de una de las protagonistas de sus instantáneas, una camarera de la calle de Robadors, lo sumieron en una depresión y lo llevaron a cambiar la fotografía por el tenis, y a dedicarse a su trabajo, fue contable durante 40 años en una fábrica textil, y a su familia. También tuvo algo que ver en su abandono el conflicto planteado acerca de la legitimidad de la toma clandestina de imágenes y el no querer el anonimato.

Donación del archivo al MNAC

Y así, sin usar la cámara, estuvo hasta 1977 cuando retomó sus incursiones a la Rambla de forma esporádica. Con su jubilación, en 1986, los paseos fotográficos se intensificaron hasta que en 1990 reanudó  plenamente la actividad en el mismo barrio, pero que ya no era el mismo: los yonquis y los turistas se sumaban a las prostitutas en un paisaje donde los niños ya no jugaban en la calle. Él también había cambiado: dejó el blanco y negro por el color. Estas imágenes, más las de la primera época las donó al MNAC en el 2012: 9.000 copias en papel, 300 contactos y casi 10.000 negativos. Podrían haber sido muchos más pero Colom de un carrete, solo se quedaba con lo que le interesaba, el resto lo tiraba.

Pocos años en activo pero que le permitieron formar parte de la Nova Avantguarda, la generación de fotógrafos españoles que en la segunda mitad de los 50 renovaron el lenguaje fotográfico, y ser, a juicio del gran crítico de esa generación, Josep Maria Casademont, "el mejor reportero gráfico de todos los tiempos en España". 

Temas: Fotografía