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ENTREVISTA A LA DIRECTORA

'Kedi': gatos que nos hacen personas

En el aclamado documental 'Kedi', la directora Ceydan Torun acompaña a un grupo de felinos que pueblan las calles de Estambul para arrojar luz sobre el alma humana

Nando Salvà

'Kedi': gatos que nos hacen personas

"Si matas a un gato, tendrás que construir una mezquita para que Dios te perdone", reza un dicho popular turco; y quizá esas palabras en parte expliquen por qué, como ya sabrá todo aquel que haya puesto un pie en Estambul, los gatos campan allí a sus anchas, paseándose por las calles, los muelles, los tejados y las copas de los árboles, dueños del lugar y de los corazones de vecinos y turistas.

"Son capaces de conectar de inmediato con la gente, felices de que los acaricies o simplemente de sentarse a tu lado y ronronear", explica Ceydan Torun, directora del documental que acaba de estrenarse en España tras triunfar por sorpresa en la taquilla estadounidense. "Han habitado la ciudad durante miles de años, y sin ellos perdería parte de lo que la hace única: su esencia, su alma".

Kedi -gato en turco- acompaña a siete de esos felinos mientras merodean las pescaderías, cazan ratas, toman el sol y coquetean con sus convecinos humanos. Todos tienen personalidades distintivas: uno de ellos es una madre dedicada a conseguir comida para sus crías; otro, que responde al nombre de Psicópata, controla su barrio con garra de hierro; otro se dedica a pedir comida en un 'deli' pero, eso sí, de forma educada. Protagonizan persecuciones, riñas de enamorados y pugnas territoriales.

GANAS DE CHUPAR CÁMARA

Afincada en Los Angeles, Torun pasó dos meses y medio en su ciudad natal filmando a sus héroes; para ponerse a su nivel montó una cámara sobre un coche de control remoto. "En general a los gatos les gusta tanto ser observados y chupar cámara como a nosotros", opina. "No obligamos a ninguno a formar parte de la película. Cuando nos acercábamos a uno y nos daba la espalda, dábamos por hecho que no quería ser filmado".

Que los gatetes últimamente se hayan convertido en sensación viral sin duda ha contribuido al éxito de Kedi, pero aun así la película no se contenta con funcionar como una versión profesional de todos esos vídeos que circulan en YouTube. Es también el retrato de un grupo de personas que aseguran recibir de esos animales tanto como les dan o incluso más. Un hombre recuerda cómo fue capaz de salir de una depresión gracias a ellos, y otro recuerda cómo un minino lo salvó de una infancia problemática. "Absorben nuestra energía negativa", asegura una mujer. Puede que en Estambul haya gente que no siente simpatía por los gatos, pero nadie lo diría viendo 'Kedi'. "Intentamos que algunos de ellos hablaran con nosotros, pero no hubo manera", opina Torun. "Quien no siente simpatía por los gatos tampoco la siente por la gente". En otras palabras, sostiene el filme, querer a los gatos nos hace más amables.

Por último, la película asimismo sirve para rescatar la capital turca de los telediarios, y recordarnos que Estambul no es nido de terroristas sino una de las ciudades más fascinantes que existen. "Sea cual sea la situación política, los gatos sobrevivirán", asegura Torun. "Ojalá las personas también lo logren". La directora reconoce que por momentos se sintió culpable por hacer una película que hablaba de animales adorables y no los refugiados sirios en Estambul o el creciente autoritarismo del gobierno turco. "Pero la película demuestra que los gatos son capaces de sacar lo mejor de todos nosotros, sea cual sea nuestra clase social o nuestra raza o nuestra religión; y que, por tanto, quizá sea posible que vivamos juntos son destruirnos los unos a los otros".

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