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Vida Festival, el sueño de un día de verano

The Flaming Lips, Devendra Banhart y Real Estate destacan en una jornada marcada por utopías como la comunicación y la empatía

JUAN MANUEL FREIRE / VILANOVA I LA GELTRÚ

Flaming Lips, en el Vida Festival.

Flaming Lips, en el Vida Festival. / MIKA KIRSI

Miguel Ángel Landete, alias Senior, se ganó al público del Vida incluso antes de que una sola nota saliera de su guitarra. Todo por una promesa (traer un toldo enorme para taparnos de la solana) que, lástima, nunca se cumplió. Nadie se marchó. Las grandes versiones en valenciano de maravillas del rock anglosajón, el reparto de voces de su Síndrome Lomax (Artur Estrada de Nueva Vulcano, Sanjosex, un largo etcétera) y, claro, los audiocomentarios de Landete compensaban con creces el bronceado forzado.

Lidia Damunt también sabe interactuar con el público. Lo suyo alcanza tintes de honesta e improvisada 'stand-up comedy', siempre tan efectiva que sus fans ya no saben qué aplaudir con más intensidad: si canciones del nivel de depuración de 'Echo a correr' y 'Tu teléfono' o sus comentarios sobre el influjo de los pinos, el poder de seducción del tatuaje o esos "¡putos cables!" de 40 euros que intentaron (tan solo intentaron) arruinar su actuación.

El clima de comunicación y amor que se presupone a un festival de verano, clima que no siempre se da, el viernes se dio con fuerza inusual en el Vida. Lo había a ras de suelo: público de todas las generaciones en idílica convivencia. Y la empatía se promulgaba también sobre el escenario. En el 'groove' contagioso y el trasvase natural entre estilos de Dr. Dog (del rock de raíces al afropop y de ahí al pub-rock) se respiraba una amistad cocida durante décadas. El crooner folk Devendra Banhart llamó guapos, uno por uno, a todos sus compañeros de banda, un casi supergrupo en el que destacó la guitarra de Tim Presley (White Fence) y el mellotron de H. Hawkline. Además, el crooner folk insistió en repertorio amoroso: 'Theme for a taiwanese woman in lime green', 'Jon lends a hand', la 'strokesiana' 'Baby'… Canciones-arrumaco.

The Flaming Lips, por su parte, acabaron su show repitiendo la palabra 'amor' en un bucle infinito, justo después de habernos recordado (a través de 'Do you realize??') lo efímero que es todo y cómo vamos a morir todos y mejor quererse mientras queda tiempo. Su líder Wayne Coyne se hizo querer: cantó 'There should be unicorns' subido a un unicornio gigante y el clásico ajeno 'Space oddity' encerrado en una pelota transparente con la que se deslizó sobre el público. Era el segundo guiño a Bowie de la noche, después de aquel 'Sound & vision' españolizado a cargo de Banhart. Coyne propuso que cada grupo que pasara por el Vida este fin de semana versionara al mito.

En el caso de Real Estate, el cariño irradió sobre todo en la música. En las melodías entonadas con primor (y vocalización clara) por Martin Courtney, los cuidados trenzados de guitarra entre Courtney y Julian Lynch, o el bajo hipnótico de Alex Bleeker. Este grupo a reivindicar eternamente genera emoción máxima con herramientas tirando a mínimas, sin necesidad de efectismo alguno.

En el pasado quizá tuvieran un grado adicional de ensoñación: como nos contó Bleeker en estas mismas páginas, la sustitución del guitarrista Matt Mondanile por el experimental Julian Lynch ha dado pie a una versión "renovada" del grupo, algo más abrasiva en las desembocaduras eléctricas de sus canciones. Pero sigue siendo una banda sutil y elegante, con plena confianza en las pequeñas cosas bien dispuestas: los callados teclados evanescentes (como de Thomas Dolby produciendo a Prefab Sprout) al principio de 'Saturday', el estribillo de dos palabras (y unos coros futboleros pero menos) de 'It's real'… Supieron ganarse al público sin necesidad de tirar serpentinas ni globos extragrandes. Con todo el amor por los Flaming.

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