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ACTUACIÓN EN EL SANT JORDI

'Hits' bajo el signo del duelo

Ariana Grande recorrió el repertorio 'dance-pop' del 'Dangerous woman tour' en un dinámico espectáculo

El concierto incluyó 'Over the rainbow', ilustrada con un lazo negro en recuerdo a las víctimas de Manchester

JORDI BIANCIOTTO / BARCELONA

EN 2015 LAriana Grande, en el Sant Jordi hace dos años.

EN 2015 LAriana Grande, en el Sant Jordi hace dos años. / FERRAN SENDRA

La tragedia de Manchester ha violentado una carrera que veíamos envuelta en un aura de inocencia juvenil, pero la vida, y el gran espectáculo del pop, siguen y Ariana Grande se las arregló este martes para combinar el gesto del duelo con el perfil de la artista determinada, la 'Dangerous woman', así se titula su último disco, que crece en público y aspira a la dominación mundial. Por ahora dispone de tropas de chicas 'millennial' atentas a sus movimientos, su peinado con cola de caballo y su canto versátil, como vimos en el 'show' bonito y liviano que ofreció en el Sant Jordi.

Una actuación que, dados los antecedentes, vino acompañada de un refuerzo de controles de seguridad que no comportó mayores incomodidades. Los consejos de la promotora Live Nation de acudir con tiempo al recinto se atendieron y la afluencia fue tranquila y escalonada para los 12.000 asistentes, cifra aportada por la organización y parecida a la del concierto de hace dos años.

CONTROL DE LA IMAGEN

Con tres discos en el mercado, sin recurrir al efectismo de una Miley Cyrus, Ariana Grande ha generado un fuerte fenómeno fan, muchachadas con alta proporción de menores de edad que vinieron acompañadas de sus padres. En poco tiempo, la cantante de Florida ha aprendido a controlar su imagen y la narrativa alrededor de su figura. Y a acotar los puntos de vista: este martes restringió el acceso de la prensa a dos agencias y cuatro diarios y no permitió los fotógrafos. Una Grande blindada, pues, no solo por las medidas de seguridad sino, en otro sentido, por las limitaciones del ejercicio informativo.

Pin up con textura industrial y pequeña diva del escenario, ha adoptado las estratagemas de los grandes para dejar un rastro de suspiros a su paso. O antes de él: los diez minutos previos al concierto (que empezó con más de media hora de retraso) fueron una cuenta atrás, segundo a segundo, con estrella en la pantalla de vídeo y lanzando finalmente un beso al aire. Tres, dos, uno... y ahí estuvo, por fin, acompañada de seis bailarines, dispensando el mensaje positivo de Be alright sobre un escenario desnudo. Ese minimalismo acompañó a Everyday y Bad decisions canciones de su nuevo disco, dance-pop esbelto y funcional.

ESTÉTICA ELEGANTE

De ahí, a través de Let me love you, pasó Grande a una parcela más interiorista, de recogidos tempos r'n'b en el que su voz adquirió más luminosidad. Vitrales góticos en Knew better Pt. 2, conduciendo a un One last time muy coreado y un Touch it con un elegante montaje abstracto, líneas en blanco y negro que producían efectos visuales op art. Sorprendente, adjetivo que no esperábamos aplicar en esta crónica. Creciéndose en los medios tiempos, Grande se puso finalmente dramática, a lo Whitney Houston, en la clasicona Leave me lonely. Chica de pocas palabras, no fue mucho más allá del «¿lo estáis pasando bien?».

Luego vino la parcela de la autoafirmación de género: la cantante, contorsionándose en la pantalla como en una sesión de fotos para una revista erótica mientras se sobreimprimían conceptos a fomentar: libre, fuerte, sin perdir permiso, sexual, sensual, humana, femenina. Tramo fibroso, con estética de gimnasio, ese momento en que los bailarines se preguntan porqué demonios aceptaron trabajar cada noche en un show que incluye cuatro minutos pedaleando una bicicleta estática. Nicki Minaj, partenaire virtual en el éxito Side to side y un Bang bang urbano y hip-hopero, rumbo a Grinder, un festín disco-funky que haría feliz a Madonna cuando se pone retro.

SEÑAL DE LUTO

Vino entonces una Grande romántica, cantando Moonlight sobre una alfombra de niebla carbónica, en contraste con la libidinosa petición de Love me harder. El guión de este tipo de espectáculos aconseja un rush final con los números más energéticos, pero estos días la cantante ha introducido una cuña emotiva en atención a las víctimas del atentado de Manchester.

Así, después de Break free, Sometimes Thinking about you, entonó la ensoñadora Over the rainbow, de Harburg y Arlen para El mago de Oz, con el telón de fondo ocupado por un lazo negro unido a unas orejas de conejo como las que aparecen en la portada de su último disco. Un gesto tras el cual el show continuó, y culminó, con Problem, Into you y ese Dangerous woman con el que Ariana Grande quiere advertirnos de que sus mayores logros están por llegar.

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