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Enric Hernàez, sin prisas

El cantautor barcelonés estrena 'Prop la via del tren', un disco de textos existenciales con elaboradas instrumentaciones, en Luz de Gas

Jordi Bianciotto

El cantautor Enric Hernàez, fotografiado esta semana en Barcelona.

El cantautor Enric Hernàez, fotografiado esta semana en Barcelona. / JOAN CORTADELLAS

Durante años, Enric Hernàez no se sentía del todo cómodo con la etiqueta de cantautor. “Ahora sí”, afirma aliviado, porque “antes sugería un perfil artístico limitado, sin una valoración técnica, y ahora tiene un sentido más amplio”. Buena prueba de ello es su nueva obra, ‘Prop la via del tren’, un trabajo en el que la palabra y la instrumentación sofisticada caminan en paralelo. Lo estrena este viernes en Luz de Gas (21.00 horas), arropado por una decena de músicos, dentro del festival Barnasants.

La alusión ferroviaria apunta a una época en la que Hernàez es partidario de frenar y contemplar el paisaje, “las flores que brotan en los márgenes y compensan la grasa de los vagones”, apunta estirando la metáfora. No es por molestar, pero en un par de meses cumple los 60. “Pues sí, y esas flores las percibes más ahora que cuando tenías 20”, reflexiona. Y más, después de superar un ataque al corazón como el que sufrió en el 2012. Recuerda sensaciones de aquel momento de crisis. “Unos segundos en los que mi cuerpo luchaba y yo estaba en paz, preguntándome si quería seguir viviendo”.

SIN LIMITACIONES

Este es “un disco de parada”, con textos propios y de Josep Palau i Fabre, Joan Maragall y David Castillo, y ajeno a las prisas. “Ni en las introducciones de las canciones, ni en los ‘tempos’…” Ni en los minutajes: ‘Carta’ (revisión de la canción incluida en ‘La tardor a Pekín’, de 1985) y la última, que da título al trabajo, trepan hasta los seis y siete minutos. “Sé que no es un disco sencillo y que una introducción de piano de minuto y medio no es comercial, pero me parece bonito dejarlo así y me gusta hacer algo que es difícil de encontrar hoy en un disco”, razona. ‘Prop la via del tren’ incluye una guitarra eléctrica “digna de Robert Fripp” a cargo de Rafa Zaragoza (que fue miembro del grupo layetano Secta Sònica), y culmina con un frondoso desarrollo instrumental con guiños a la música contemporánea y el jazz. “Ahí nos fuimos animando”, bromea.

¿No teme que ese material resulte demasiado adulto? “No pienso en eso porque me condicionaría”, señala. Después de todo, “ahora, no vender discos como antes puede ser la excusa perfecta para la libre creatividad”. Piezas como ‘Moment’ o la ‘bluesy’ ‘Sonet intrauterí’ desprenden climas y texturas elaboradas en las que los patrones musicales canónicos se difuminan. A Hernàez le encanta “vestir canciones” y utilizar las connotaciones emocionales que desprende cada género. “En el disco anterior había un bolero disimulado: no quería hacer un disco de boleros Juego con eso y lo utilizo”, explica, apuntando que a lo largo de su carrera no ha hecho “dos trabajos iguales”.

Este el 14º disco del autor de ‘Una foguera de Sant Joan en ple gener’, un enamorado de los Beatles que se siente “heredero de los cantautores, de Viglietti a Ovidi, Serrat, Quico, Toti Soler…” Hace 40 años que comenzó a actuar como solista: se estrenó en el Zeleste de Argenteria. Tiene buen recuerdo de sus primeros dos discos, si bien los tres siguientes “se escribieron deprisa y se nota”. Su voz expresa ahora una emoción muy creíble y honda, aunque su tonalidad haya bajado, algo normal con los años. “No me sabe mal: te abre un camino nuevo y te empuja a buscar otros matices para lograr lo que quieres, que es comunicar”.

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