'Daha', una novela desde el punto de vista del traficante de personas

El escritor turco Hakan Günday convierte en protagonista de su novela al hijo de un 'pasador' de inmigrantes que se inicia en el negocio familiar

El escritor turco Hakan Günday, en el CCCB.

El escritor turco Hakan Günday, en el CCCB. / JORDI COTRINA

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ERNEST ALÓS / BARCELONA

Hace ya cuatro años, cuando los refugiados que cruzaban Turquía eran más afganos que sirios, una de las más lúcidas voces de la joven literatura turca, Hakan Günday (Rodas, 1976) abordaba la entonces incipiente crisis de una manera provocadora. Desde el punto de vista del hijo de un traficante de personas que, para orgullo de su padre, empieza a dar sus primeros pasos en el negocio familiar. Su novela, '¡Daha!' (¡Más!) se publica ahora en castellano y catalán (editada por Catedral y Periscopi). Desde entonces, explica Günday, "las cosas han empeorado muchísimo", una vez el mundo se ha puesto de acuerdo "para convertir a Siria en un infierno sin pensar en las consecuencias humanas, pensando que la gente no llegaría andando de Siria a Bruselas, creyendo que Siria estaba en otro planeta cuando la realidad les ha demostrado que está en el mismo".

En '¡Daha!' hay situaciones duras, pero la realidad ha superado al escritor: "Cuando escribí este libro en el 2013 creía que me había imaginado todas las atrocidades posibles que se pueden cometer contra los inmigrantes. Y el mundo me ha enseñado que yo era muy ingenuo".

El joven protagonista, Gaza, empieza sin demostrar ningún tipo de piedad por la mercancía humana que su familia acarrea. Aunque acabará haciendo un auténtico viaje expiatorio. "Será traficante de emigrantes, emigrante y residente en un país que rechaza la inmigración. Verá que cualquiera de nosotros puede acabar jugando los tres papeles", explica Günday. En su novela, algunos inmigrantes son capaces también de las mayores vilezas contra sus compañeros de travesía. "Nos queremos convencer de que son buenas personas -dice el escritor- y que por esto les tenemos que ayudar. Pero no hay ninguna necesidad de que sean ángeles. La única razón por la que les tenemos que ayudar es que son seres humanos". 

La primera cuestión que se plantea es qué tipo de moralidad desarrolla un traficante de personas: "Es como un camello, como un narcotraficante, al traficante no le importa qué sucederá con la droga que vende. Aunque aquí lo que se vende es esperanza, una esperanza tan falsa como los salvavidas", dice Günday. Aunque, añade, "no hace falta mucho para convertir esta tragedia en un negocio. Se trata de un crimen de gravedad intermedia, una situación que ha evolucionado naturalmente, con las mafias y los grupos armados tomando el control, rellenando los vacíos que había en la cadena a la que, cuando la miramos en nivel 'macro', le llamamos relaciones internacionales".

Günday, pues, ve el tráfico de personas como un producto más del sistema de comercio internacional, "no la enfermedad, sino la consecuencia". Un comercio que "no es solo transportarlos; sigue cuando llegan al pais de destino y podrás seguir explotándolos" y que tiene un suministro continuo de vidas humanas a bajo precio. 

En cuanto a la reacción de Turquía ante la oleada de refugiados, Günday se felicita por cómo la acogido. "Quizá porque Turquía sea un pueblo multicultural, quizá por la proximidad cultural, quizá por el elemento religioso. Pero hay tres millones de refugiados en Turquía, y 500.000 jóvenes sirios han entrado en el sistema educativo turco. La integración ha sido relativamente fácil y pacífica. No sé qué hubiese sucedido en otro país".

LOS VALORES PERDIDOS DE EUROPA

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Pero además de presentar su novela, Günday participó en una conferencia en el CCCB, con el título de 'El precio del miedo'. No es tan benevolente su visión de la la postura de Europa frente a la inmigración. "El producto que tratan de vender las informaciones que llegan a tu casa es el miedo. El miedo es un producto comodín, porque una vez consigues vender el miedo le puedes vender cualquier cosa; el odio, la discriminación, el racismo. ¿Y con qué lo pagas? Con tu libre arbitrio, con tu pensamiento analítico, con tu humanidad, con tu inocencia, eso será lo que darás a cambio del miedo que compras. Del miedo más banal que hay, el miedo al otro".

Europa ha pagado el precio. Y lo ha hecho "con el precio de sus sueños y sus ideales, con los valores que fabricó durante siglos con mucho sacrificio. Europa -concluye- paga con su propia identidad”.