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Un naufragio familiar

Un padre ve cómo su hijo desaparece en las aguas del Egeo en 'El setè àngel', la novela con la que David Cirici ha ganado el premio Sant Jordi

Ernest Alós

David Cirici, ganador del Premio Sant Jordi de novela. 

David Cirici, ganador del Premio Sant Jordi de novela.  / JOAN PUIG

Un publicitario de éxito navega de noche con su velero, el ‘Súnion’, entre Samos e Icaria, con su hijo de 7 años, su nueva pareja, Sophie, y el hijo de esta. Deja un momento solo a su hijo al timón y un golpe de mar y el choque con una balsa seminhundida de refugiados sirios hace que la criatura se acabe perdiendo en las aguas. Y más tarde, que se pierda también en el laberinto de los campos de refugiados de Grecia. Así empieza ‘El setè àngel’ (Proa), la novela con la que David Cirici ha ganado el premio Sant Jordi de novela. Una historia de pérdida y culpa paterna y en la que “la vergüenza más grande del siglo”, el cierre de puertas de Europa a quienes huyen de la guerra de Siria, “tiene peso”, dice, “pero es un trasfondo”.

“No creo que podamos decir que es una historia sobre los refugiados. No va de eso pero sí es la reflexión de cómo hemos externalizado problemas que son nuestros; la historia de un niño que cae en ese mundo y que vive en primera persona eso; hemos enviado a esos países la lucha de clases y hemos olvidado que nuestros padres pasaron también los Pirineos un invierno. ¿Cómo hemos podido olvidar Argelers? Mi padre pasó por Puigcerdà y mi padre cruzando las montañas”, puntualiza Cirici. “Pero lo que intento explicar el sufrimiento de un padre que ha perdido a su hijo y la perplejidad de este niño. Es una novela muy interior, muy metida en los personajes, pensando cómo se sentirían”, explica Cirici.

UNA NOVELA QUE FUE INFANTIL

Cirici fue en su pasado profesional creativo publicitario y hoy, profesor de secundaria, escritor infantil, juvenil y para adultos. Da la impresión que ‘El setè àngel’, de haber estado centrada en la figura del hijo en lugar de la del padre, podría haber sido una novela juvenil. “Era una novela infantil, clarísimamente, pero una amiga me dijo que la novela estaba en el padre. Centrarme en el punto de vista del niño, en una novela infantil, me habría parecido oportunista, he querido eliminar esta posibilidad”, responde. “Estaba haciendo una impostura y ahora creo que es un relato muy mío, en el que explico cosas muy íntimas, que me preocupan, que siento y que me hacen daño”, añade el autor.

“Creo que leído el libro nadie me acusará de oportunismo. No es un panfleto, no se me ocurriría nunca escribir una novela para que la gente tome conciencia de nada, porque las novelas no sirven para esto. Pero solo faltaría que no podamos escribir sobre este drama; yo creo que la conclusión con la que te quedas es que, si esta historia entre este padre y un niño es dramática, imaginemos cómo es la que es verdaderamente dramática,, la de los que sufren cada día de verdad”.

En ‘El setè àngel’ el hijo de Ernest queda bajo la tutela de un refugiado que ha perdido a su hijo y al que ir acompañado de un menor le puede ayudar a acceder a campos menos duros, a tener, cree, más posibilidades de entrar en Europa. Ese personaje “ni es bueno ni es malo, en estas situaciones extremas es lo que sucede, se sobrevive cómo se puede”, argumenta el escritor, que pasó cuatro días en el campamento de Idomenei para situar la acción.

MÁS CARGA EMOCIONAL

El publicitario que busca el cadáver de su hijo por los depósitos de cadáveres de las islas griegas va arrastrando su sentimiento culpa. Porque es, dice Cirici, “más una novela de emociones que de marco histórico”. Ernest es, digamos, despistado, si no un poco fresco. “Hay personas que no son excesivamente controladoras y que no están en todo, yo soy un poco así. Es culpa suya, es evidente, el personaje es una persona de éxito un poco egoísta, y que en el fondo, hasta que siente la pérdida que le hará cambiar su vida, debería de pasar un poco del niño. Y además tiene una exmujer acusadora, Sara...”

Resulta que Cirici ha confesado que en gran parte ha vertido aquí su historia personal. “Pero los personajes siempre están tan modificados que no creo que nadie se pueda ofender, quien queda mal es el protagonista, Ernest. Ni ‘Sophie’ ni ‘Sara’ se pueden enfadar. Una novela en que se ve a un padre que sufre y se culpa por un fallo con sus hijos puede corresponder a un escritor que se considera en deuda con sus hijos en algunos aspectos. Creo que puede interesar a muchos padres y madres, porque todos hemos tenido este sentimiento”.

Cirici ha tenido cuatro hijos que corresponden a dos generaciones distintas. Y la paternidad dice, ha cambiado entre una y otras. “La generación de 30 a 40 años, quizá hasta los 50, tiene una excesiva preocupación, una obsesión por sus hijos. Con la generación anterior no estábamos tan encima, tenían un grado mayor de libertad y responsabilidad”.

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