SALÓN DEL MANGA

Toshio Maeda, el maestro del manga erótico, defiende la censura en los cómics

El autor de 'Urotsukidoji' tuvo que reinventarse tras sufrir un accidente en el que perdió la habilidad de dibujar

Toshio Maeda, en el Salón del Manga.

Toshio Maeda, en el Salón del Manga. / JOAN PUIG

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Toshi Maeda (1953, Osaka, Japón) es uno de los referentes del manga erótico japonés (conocido como hentai). Encontró una original manera de superar la censura, y su truco le valió la fama mundial con títulos como 'Urotsukidoji'. Es uno de los invitados del Salón del Manga de Barcelona.

“Yo simplemente era un crío normal que creció en la posguerra leyendo a Osamu Tezuka. Éramos muy pobres, y en aquella época había librerías donde alquilabas libros y cómics por pocos céntimos. Fue allí donde descubrí obras muy oscuras, con asesinatos y ese tipo de cosas, que me atrajeron. A mi madre le preocupaba mucho que me convirtiera en un asesino en serie, pero al final lo que fui fue un artista de manga erótico”, explica Maeda a este diario.

Con 16 años se mudó a Tokio, donde comenzó como ayudante de un dibujante profesional, y además de páginas de manga empezó a dibujar portadas para libros y revistas. Después logró publicar una historia manga en una revista para adultos, y comenzó su andadura como profesional.

En 1986 le llegó la fama. Publicó 'Urotsukidoji', un manga sobre demonios, violencia y sexo. La censura prohibía mostrar escenas explícitas de sexo, así que Maeda tuvo la ocurrencia de introducir monstruos con tentáculos. “Se me ocurrió la idea con 22 años, pero en 'Urotsukidoji' es donde se hizo famosa. Los tentáculos no son genitales, son parte de una criatura fantástica. Así que se podían dibujar. Además, hay varios tentáculos, por lo que no pueden ser genitales, de los que solo tenemos uno. No pudieron censurarlo”, explica. Se convirtió en el rey del género, con fama mundial gracias a las películas basadas en sus obras. “La censura es buena. Si lo mostrásemos todo, el lector se cansaría”, argumenta.

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Pero en el 2000 sufrió un accidente de moto que le cambió la vida. “La rehabilitación duró cuatro años, y perdí la sensibilidad de la mano derecha. Mi carrera se había acabado. Puedo usar los palillos y hacer algún esbozo, pero no dibujar como profesional. Lo perdí todo: mi casa, mi coche, mis otras propiedades, incluso mi familia. Cuando perdí el dinero, ellos se fueron. Pero yo digo: ‘gracias’. Porque cuando estaba en el peor momento, conocí a mi actual mujer. Ella me dijo que no necesitaba coche o cosas caras, sino simplemente estar conmigo. Lloré”, explica.

Maeda tuvo que reinventarse, y actualmente escribe guiones para otros artistas. Además, ha abierto una escuela de dibujo para extranjeros en Tokio. “Soy un hombre nuevo y feliz”, concluye.