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pere arquillué & francesc orella & lluís villanueva

Secretos de ART(ista)

Núria Navarro

¿Eres quien eres o eres quien tus amigos creen que eres?"Esa es la pregunta que la dramaturga Yasmina Reza (París, 1959) propone en la comedia 'Art'. Una cuestión que, a juzgar por el éxito de la obra en Nueva York y en Bombay, en Tokio y en Buenos Aires, incumbe a todos los humanos. Siempre la han interpretado grandes (Josep Maria Flotats, Josep Maria Pou y Carlos Hipólito la estrenaron en Madrid en 1998). Ahora la encarnará otro tridente: Pere ArquilluéFrancesc Orella y Lluís Villanueva. Aquí pretendemos descubrir cómo son ellos cuando no son lo que el público cree que son. ¿Embrollado? Quizá. Pero sigan su conversación y descubran quién es el turbador; quién, el mercurial y quién tiene la serenidad de un monje zen.

¿Y son ustedes en realidad? 

Lluís Villanueva: Pere [Arquillué] es apasionado.

Pere Arquillué: ¿Apasionado? ¡Qué bien!

Francesc Orella: Yo estoy buscando un adjetivo que te defina...

P.A.: Déjalo correr, Cesc.

F.O.: Es un gurmet de la escena y de la vida. Le gusta disfrutar.

P.A.: Cesc [Orella] es…

Francesc Orella

 Barcelona, 1957.
Hijo de industrial y comercial peletero.
Estudios: Escoles Pies /
Col.legi Jaume Bofill / Herbert Berghhoff Studio de Nueva York.

Trabajó en una gestoría, sección automóvil.

Debut: ‘Antígona’ (1978).

Es Merlí Bergeron en la serie ‘Merlí’ (TV-3).

Soltero. No tiene hijos.

Reside en Valldoreix.

Le habla a los árboles.

F.O.: ¡Un carcamal!

P.A.: Un animal teatral. Y tiene una cosa buenísima: es muy complejo y, a la vez, muy transparente.

L.V.: Yo siempre lo he visto inquietante. Si hubiera sido Coppola, lo habría fichado para ser el Padrino. Es un tipo que te encuentras por la calle y piensas: "Mira, un señor normal". Y entonces saca la pistola y te descerraja dos tiros.

F.O.: [Complacido] De Lluís diría que es un fino estilista. Muy preciso.

P.A.: Yo me iría a hacer teatro con él al fin del mundo. Y lo bueno es que lo consigue sin pretenderlo. Es muy inteligente.

Gassman decía...

P.A.: ¡Gassman, todos en pie!

[Los tres se levantan, mano en el corazón].

... que el actor no tenía que ser inteligente, que hasta era bueno que fuera un poco idiota.

P.A.: En mí está la prueba de lo que dijo el Maestro. A nosotros no nos pagan por pensar.

L.V.: Hay actores instintivos, pero yo prefiero la mezcla de instinto e inteligencia.

P.A.: Es mucho más interesante un actor que siente que uno que piensa. Nosotros activamos y el público está quieto. Y cuando nos quedamos quietos, el público se activa. Ese cierre de círculo es muy interesante, ¿no?

¿A ustedes qué les estimula?

P.A.: A mí me gusta mucho la vida. Mucho. De este trabajo solo me sabe mal que me haya absorbido tanto. He dejado de hacer cosas que me gustaban. Dibujar, pintar… Y en escena me estimula conectar cosas del texto con cosas que me han pasado a mí, redescubrir sentimientos.

F.O.: A mí me activa la curiosidad. Observar la expresión de un pasajero en el metro y preguntarme qué vida hay detrás. Soy muy disperso porque me estimulan muchas cosas. Debe de ser por el signo del zodiaco [Géminis].

L.V.: En el teatro me gusta que se sienten delante para que les cuente una historia. Y en la vida me gusta aprender cosas, a veces muy tontas.

GENERACIÓN SÁNDWICH

Están en la madurez, entre la vieja guardia del Lliure y la nueva tromba de talento.

F.O.: ¡Yo soy muy mayor! Me llevo 10 años con estos dos.

Pere Arquillué

Terrassa, 1967. Criado en Viladecavalls.
Hijo de payeses y del textil.
Estudios: Escola Pia / Institut del Teatre.
Vendió seguros de muertos.

Debut: ‘Tàlem’, de Sergi Belbel (1990).
Premi Nacional de Teatre 2011 por ‘Prime’.
Es Claudi Guitart en ‘La Riera’ (TV-3).
Casado y padre de gemelas (Emma es actriz
e Irene, cantante y música).
Reside en Matadepera.

Ama a su perra Lola.

P.A.: Cesc es nuestro hermano mayor. La nuestra, la generación de Lluís y mía, ha tenido la gran suerte de ser el último eslabón de una manera de hacer teatro y el primero de la generación de los [Julio] Manrique.

L.V.: Cuando empecé quería hacer cosas que se parecieran a las del Lliure, pero yo crecí con Calixto Bieito, que era otro mundo.

P. A.: Yo era el pequeño de la generación de Cesc [Orella], Emma Vilarasau, Lluís Homar y, de repente, me convertí en el mayor de la de Julio Manrique y Àlex Rigola. Ahora tengo ganas de ir a buscar una generación aún más joven. No por nada, ¿eh Cesc?

[Risas. Orella pone la misma cara de póquer que la de Merlí cuando Gina (Marta Marco) le pega bronca por una trola].

P.A.: Te quiero mucho. Pero lo que me han aportado los más jóvenes es algo muy importante. Yo jamás había hecho una clase de gimnasia antes de un ensayo. Y ellos van y me dicen que, para enfocar mejor el montaje, hay que hacer tres cuartos de hora de 'steppings' -clap, clap, clap- o de no sé qué movimiento japonés.

F.O.: Yo, que pertenezco a la hornada de Lluís Homar, Emma Vilarasau, Mercè Arànega, gente que chupamos de Mario Gas, Lluís Pasqual, Anna Lizarán, he sido más bien autodidacta. No pasé por el Institut del Teatre, salvo para hacer cursos con profesores que venían de fuera.

P.A.: ¡No te olvides que estuviste en Nueva York!

F.O.: Cumplí 34 años en Nueva York, en el estudio de Uta Hagen. Me sirvió para abrir los ojos. Yo tenía intención de matricularme en el Institut del Teatre, pero al acabar la mili me salió la oportunidad de trabajar en la campaña 'la Caixa a les escoles'. La entidad seleccionaba grupos de teatro independiente para representar piezas en centros educativos. Eso dio trabajo a mucha gente. Así que se puede decir que he aprendido trabajando. No sigo un método. Soy intuitivo.
P.A.: Pues yo a los 34 años encontré a Àlex Rigola, como Lluís encontró a Calixto Bieito. Con Rigola estuvimos tres años trabajando por Europa –San Petersburgo, Moscú, Viena, Fráncfort, París, Milán– y me cambiaron todos los parámetros.

EL TOURMALET

¿De qué sirven ustedes? ¿De qué sirve el teatro?

L.V.: Afortunadamente de nada.

F.O.: Somos vehículos de transmisión. Del autor al espectador. Y diría que el teatro es un alimento del espíritu y de la sensibilidad.

Lluís Villanueva

Sabadell, 1967.
Hijo de fundidor y costurera.
Estudios: Franciscans
de Sabadell / Licenciado
en Filosofía / Institut del
Teatre.
Vendió lavadoras en Continente.

Debut: ‘Diari d’un boig’, de Gogol (1991).
Fue Martí Celaya Pons en las temporadas 5 y 6 de ‘La Riera’ (TV-3).
Casado y padre de dos hijas.
Reside en Sarrià.

No come animales que caminen.

L.V.: Lo que pasa es que la gente no tiene hambre.

F.O.: O tiene hambre de otras cosas. Desgraciadamente estamos lejos de Francia o Inglaterra, donde ir al teatro es un hecho habitual.

P.A.: El problema aquí es que al teatro va gente muy mayor. Los jóvenes van apretando en cosas muy concretas, pero hemos perdido la franja de los 25 a los 55 años. Pienso que, en el mundo tecnológico en el que vivimos, oficiar misas laicas tiene más sentido que nunca. No deja de ser muy curioso que 500 personas acepten creer lo que pasa en la escena, ¿no? Van a escuchar historias en primer grado que les conmueven o les hacen pensar. Eso tiene valor.

L.V.: Estoy de acuerdo con Cesc. Somos transmisores. La historia vive a través de nuestra voz y de nuestra mirada. Yo nunca he sentido la necesidad de decir: "Quiero explicar esto o aquello". La relación que establezco con el director es de fe ciega y con el autor, de respeto absoluto.

LA EXCEPCIÓN DEL PAÍS

Serán transmisores, pero en full HD.
P.A.: A mí esa dimensión mítica –y a veces mística– del actor cada vez me molesta más. Yo lo considero un oficio, como el de carpintero o el de herrero. Un oficio, eso sí, que exige un entrenamiento importante, que trabaja el lenguaje y la emoción. Una de las grandes derrotas de este país es que nosotros tres seamos la excepción. Cualquier alumno que sale del instituto del teatro alemán, al día siguiente tiene trabajo. Aquí no. Aquí es un drama.

Si el 54% de los actores no han trabajado nada en los últimos tres años, ¿algún plus tendrán?

P.A.: Hay un sector medio que se muere de hambre y un sector alto que trabaja más que nunca. Pero es un pez que se muerde la cola. Si te montas en la bici y haces 180 kilómetros cada día acabas subiendo al Tourmalet. Yo he tenido la suerte de no parar nunca. No porque sea más guapo o más simpático. Sino porque tengo entrenamiento, actoral y emocional.

F.O.: Trabajo llama trabajo. Aunque también influye la suerte. Haces trabajos interesantes, evolucionas, la gente te ve. La excepcionalidad no es más que trabajo y espíritu de ir a más.

¿En ningún momento piensan: "Soy la bomba"?

L.V.: Mal iríamos. Al escenario tienes que subir con humildad. Tienes que ir fuerte pero con humildad.

P.A.: ¡La humildad es básica! Quizá haya una especie de valentía. Pero no somos toreros –ningún toro nos va a rajar de arriba abajo–, ni operamos a vida o muerte a nadie. Lo máximo que nos puede pasar es tener que parar y decir: "Señores, no me encuentro bien, vuelvan dentro de 15 días". Yo tardé unos cuantos años en entender eso, pero dejé de vivir el oficio con tanta ansia.

F.O.: Al mostrarte al juicio del público, tú mismo te metes presión. Pero no es más que teatro.

"En este mundo tecnológico en el que vivimos, oficiar misas laicas tiene más sentido que nunca", Pere Arquillué

¿Son tan vulnerables como dicen?

F.O.: Sí.

P.A.: Pero somos buenos actores.

F.O.: El actor miente muy bien.

P.A.: Juegas con emociones, sentimientos, con tu propio cuerpo. Son cosas 'piti-piti'.

¿Piti-piti dice?

L.V.: 'Piti-piti' es algo que no debe traspasar al otro lado, pero que vemos los que estamos en este. Si observas a un mago por detrás, ves las trampas. Por delante, en cambio, es un espectáculo limpio. De eso se trata.

AMISTADES (O NO)

'Art' habla de la amistad. ¿Hay amistad entre las gentes de teatro?

P.A.: Yo tiendo a tener los amigos fuera. Pero es más un problema mío. No lo parece, pero soy un poco cerrado. Me cuesta tener relaciones interesantes.

L.V.: A mí también me pasa. Solo tengo un amigo en el mundo del teatro, Pep Anton Gómez, pero ya éramos amigos del cole.

P.A.: Es un trabajo en el que tienes una fuerte relación emocional con los que trabajas, pero cambias de familia una y otra vez.

F.O.: En este trabajo nos enseñamos muchas cosas de nosotros. Se crean relaciones de amor y de desamor. Todo se vive con intensidad.
 
¿Quién es más intenso?

F.O.: Quizá yo. Me tengo que reprimir. ¿Será porque como carne?

L.V.: Yo no como carne.

F.O.: Tú eres el más equilibrado. Uno de los trabajos que he tenido que hacer como persona  –y con los años lo voy consiguiendo– es respirar un poco antes de actuar. Puedo ser compulsivo, de reacción inmediata, y alguna vez me ha traído problemas. 

"Veo la vida cada vez más neurótica. Y me gusta cuando el teatro se impregna de la neurosis de fuera", Lluís Villanueva

ZONA DE CONFORT

Cuándo no son personajes, ¿quiénes son?

P.A.: Con los años yo he ido perdiendo pudor y prejuicios, pero no hay tanta diferencia entre el Arquillué actor y persona. Aunque aquí nos metemos en un berenjenal...

Metámonos, caballeros.

P.A.: Para mí el teatro es una zona de confort muy bestia. Desde que era muy pequeño me gustaba porque sabía qué pasaría durante dos horas. Tú tienes el control. A la que vuelves a la vida, pasan muchas cosas. 

F.O.: En el teatro también te puede caer un foco.

P.A.: Sí. Es que soy muy bergmaniano, de vela en el suelo e historia contada. Cuando de niño me explicaron la primera historia pensé: "Hostia, esto es fantástico". Se crea un ámbito donde todo está pactado. Fuera de él estamos más perdidos.

F.O.:  Estar más perdido fuera que dentro depende de cada uno, ¿no? El escenario es un refugio, haces el oficio que te gusta y más o menos tienes confianza en ti. Cuando bajas la persiana, en la vida real puede que estés más inseguro.

L.V.: Yo veo la vida cada vez más neurótica y a mí me gusta cuando el teatro se impregna de la neurosis de fuera. Hemos hecho funciones en la que participa lo imprevisto. Y si el público lo capta, es muy interesante.

F.O.: La vida real tiene mucho de teatro. Y no solo hablo de los políticos, sino de las relaciones personales. Ahí también fingimos, disimulamos, mentimos. Otra cosa es que vayas de actor por la vida. En eso, creo, los tres coincidimos: se acaba la función y somos Pere, Lluís y Francesc.

"Una yaya me paró y me dijo: 'Le conozco, sale en la tele'. Y yo: 'Sí, señora'. '¿Y qué? ¿Qué tiempo hará mañana'. Me confundió con Tomàs Molina", Francesc Orella

EL PRECIO DE LA FAMA

¿Les dejan ser ustedes? Uno es Merlí; el otro es el malote Claudi Guitart de ‘La Riera’...?

F.O.: Mientras se emite Merlí por la tele, es un hecho que hay que aceptar con tranquilidad. Te paran, te dicen cosas, te piden fotos. Ocurre que a veces vas con prisa o estás de mal humor.

P.A.: A mí no se me acercan mucho.

L.V.: Das respeto, Pere. Yo puedo ir a comprar tomates al mercado sin problemas. No me puedo imaginar ser Messi.

P.A.: Y algunos episodios resultan hasta divertidos...

F.O.: Como cuando Joan Massotkleiner hacía un personaje muy chungo de 'Secrets de familia' y una señora le pegó con el bolso. O a mí, que, cuando hacía de carcamal en 'Estació d’enllaç', estaba cenando con una amiga en un restaurante, lleno, y un hombre me gritó: "No siguis tan malpariiiit".

P.A.: Explícale esa otra de cuando estabas más delgado…

F.O.: Ah, sí. Una yaya me paró y me dijo: "Yo le conozco, sale en la tele". Y yo: "Sí, señora". "¿Y qué? –prosiguió–. ¿Qué tiempo hará mañana?". Me confundió con Tomàs Molina.

L.V.: También hay señoras que se le tiran encima y le dicen: "Explícame Hegel". No sabe nada Cesc.

F.O.: Se me tiran más encima los chavales. "¡¡Putu Merlí!!", me gritan desde la otra acera.

Oigan, ¿a estas alturas qué demonios buscan?

P.A.: La esencia de la verdad de lo que pasa en escena y el tono justo.

F.O.: La sensibilidad.

P.A.: ...O mejor, la verosimilitud. Que el texto llegue lo más transparente, franco, limpio.

L.V.: Nosotros tenemos la partitura, pero la música se hace con el público.

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